Polémica por una denuncia de uso de identidad de una menor en Mi Argentina
Al revisar información vinculada a trámites oficiales, una madre salteña descubrió que su hija figuraba asociada a un certificado que jamás había solicitado en Mi Argentina. El documento, cargado en una plataforma estatal, describía una condición inexistente y contaba con aval profesional. Algo no cerraba desde el primer vistazo.
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Mientras el expediente avanza, el episodio pone sobre la mesa un debate incómodo. ¿Se trató de una cadena de errores aislados o de una práctica más extendida? La falta de explicaciones sólidas alimenta la desconfianza y deja en evidencia que, cuando los controles fallan, las consecuencias no son abstractas, tienen nombre y apellido.
El hallazgo: un trámite aprobado por una junta médica en Buenos Aires, sin el consentimiento materno
El descubrimiento se produjo al acceder a registros oficiales donde figuraba un Certificado Único de Discapacidad aprobado. El dato más llamativo fue que la evaluación médica aparecía realizada en Buenos Aires, pese a que la niña reside en Salta y nunca fue trasladada ni examinada allí. La incongruencia geográfica encendió la primera alarma.
Según relató la madre, jamás autorizó estudios ni firmó documentación. Tampoco fue contactada por profesionales de la salud. El trámite, aun así, avanzó hasta quedar validado. La situación expone un engranaje que, al menos en este caso, funcionó sin verificaciones básicas de consentimiento ni presencia física.
Especialistas en gestión pública reconocen que los sistemas digitales agilizan procesos, pero advierten que la automatización sin controles cruzados abre puertas a irregularidades difíciles de detectar a tiempo.
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¿Error de tipeo o red de corrupción? La respuesta oficial que no convence a la familia
Ante el reclamo, la explicación inicial apuntó a un supuesto error administrativo. Un dato mal cargado, una confusión de identidad. Para la familia, esa versión resulta endeble. El certificado no sólo contenía datos personales correctos, sino también diagnósticos específicos y firmas profesionales.
La hipótesis del error simple pierde fuerza cuando se analiza el recorrido completo del trámite. Intervinieron varios actores y ninguna instancia frenó el proceso. Demasiadas validaciones para reducir todo a una distracción. La madre insiste en que alguien cargó información de manera deliberada.
Desde organismos oficiales reconocen que el caso está bajo revisión, aunque admiten que los tiempos administrativos no siempre acompañan la urgencia de quienes denuncian.
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La madre exige identificar a los tres médicos que firmaron el certificado
Uno de los puntos centrales del reclamo es conocer quiénes avalaron el documento. El certificado figura con tres firmas médicas, correspondientes a una junta evaluadora. La familia exige acceso a esos nombres y responsabilidades concretas.
Más allá del desenlace judicial, el caso deja un precedente inquietante. Si no se esclarece, la duda se extiende a otros trámites similares. La confianza en los sistemas públicos depende de respuestas claras y acciones visibles.
La investigación sigue abierta y el escenario no es lineal. Puede haber errores, negligencias o algo más profundo. Reconocer esa complejidad no diluye la gravedad. Al contrario: refuerza la necesidad de controles reales para que historias como esta no vuelvan a repetirse.
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