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2 de noviembre 2006 - 00:00

Fábulas y realidades acompañan a Perón en su último camino

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Arriba, un féretro "doble cabeza presidencial" similar al que contiene actualmente los restos de Perón en el mausoleo de San Vicente. En el medio, el cofre donde reposó durante 32 años el cadáver del tres veces presidente. La madera sufrió el paso del tiempo y muestra huellas de golpes producidos cuando fue sacado de la bóveda del cementerio de la Chacarita. Abajo, el ataúd de bronce traído de Córdoba y que nunca se usó. Los organizadores del traslado no lo quisieron porque era "muy ostentoso".
En Halicarnaso, capital de Caria, después de un reinado tranquilo y feliz que llevó a su pueblo al esplendor y la prosperidad, murió el rey Mausolo, incansable guerrero y vencedor de cientos de batallas. Corría el año 353 a.C. Su esposa Artemisa decidió, entonces, construir una tumba que hiciera inolvidable al rey perdido, tanto que luego daría nombre a los «mausoleos» que se construirían en el futuro.

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Dirigidos por los arquitectos Sátiros y Piteos, se construyó la monumental obra de mármol de unos 50 metros de altura, rodeada de columnas jónicas y, en la cima, una gigantesca cuadriga (carro triunfal tirado por cuatro caballos) ocupada por Mausolo y Artemisa.

Esta historia fue la que inspiró a Antonio Cafiero hace dos años, cuando el eterno militante empezaba a soñar con rescatar a Juan Domingo Perón del cementerio de la Chacarita.

«Vamos a hacer un mausoleo en San Vicente para Perón y para Evita», se terminó de convencer Cafiero, después de una charla con Daniel Carunchio, gerente de la Cochería Paraná, «guardador» del cadáver del General desde su muerte por decisión de la viuda María Estela Martínez.

  • Fantasías

  • Y así ocurrió: el 17 de octubre y 32 años luego de su muerte, Perón abandonó la bóveda familiar en el cementerio porteño e inició su último viaje. El retorno del viejo caudillo a San Vicente estuvo cargado de fantasías, aun después de que el féretro fuera colocado en la cripta de la finca bonaerense.

    Primero fue la fábula del doble cajón, como medida de seguridad ante un posible atentado o intento de robo. Después, y ya en San Vicente, se dudó de que sus restos estuvieran en la quinta. En las últimas horas, se escribe un nuevo capítulo de esa novela: el destino final del viejo féretro del General.

    Se tarda alrededor de 45 minutos en llegar a Villa Adelina. Hay que recorrer un sinuoso camino hasta encontrar la calle Paraná al 7000. En una fría, silenciosa y poco iluminada sala yace el cofre que durante 32 años resguardó los restos del general Perón. El paso del tiempo opacó la noble madera de cedro. La ocho manijas de bronce ya no lucen como en aquel 1 de junio de 1974 en largo cortejo fúnebre.

    El cofre «doble cabeza presidencial» está golpeado y algo quebrado en el frente. Allí reposa un Cristo de bronce y una placa que lo identifica: «Teniente General Juan Domingo Perón -1 de Junio de 1974-».

    «Ven que no está preparado para ningún embarque. Son todas fábulas. No está previsto ningún traslado a Madrid», afirma Carunchio.

    El traslado a España fue una versión que echó a rodar Martha Holgado, la mujer que se dice hija de Perón y que espera los resultados de ADN para ratificarlo.

    Isabel se lo había prometido a Hugo Moyano para que formara parte del museo que recuerda las luchas obreras de la CGT.

    «Es parte de toda la fantasía que se crea alrededor de Perón, afirma el gerente de la Cochería Paraná y se prepara a desmitificar la teoría de un «doble cajón».

    Cuenta Carunchio que la presencia de hongos en el viejo féretro impidió obtener con certeza la medida del cofre para reemplazarlo por otro. Ante ese obstáculo, se previó llevar dos ataúdes. Uno de los féretros era todo de bronce. Carunchio lo mandó a traer de un pueblo de Córdoba. Ese cofre, de unos 180 kilos de peso y que en Uruguay se cotiza en 100 mil dólares, fue desechado por la comisión de homenaje a Perón porque lo consideró «muy ostentoso».

    Entonces, se decidió recurrir a uno similar al utilizado cuando Perón murió: un «doble cabezapresidencial» y de cedro. El único agregado que se le hizo fue la incorporación de un escudo presidencial.

    «A la Chacarita se llevaron dos cofres por cuestiones de prevención. Suponiendo que el elegido hubiera sido chico, no podíamos postergar el traslado hasta encontrar otro féretro. Lo lógico era cambiar inmediatamente allí el ataúd. Lo mismo ocurrió con 'Carlitos' Menem Junior», explicó Carunchio.

    El tanatólogo también desmintió que durante el cortejo a la quinta San Vicente se hubieran robado el sable y la gorra de Perón.

    «Decidimos sacarlos porque era tanta la gente que se abalanzaba sobre el ataúd que era muy posible que desapareciera. Por eso lo retiramos y volvimos a colocarlo cuando se depositó el féretro en la quinta.»

    Como se ve, Perón está en San Vicente; el viejo féretro, en Buenos Aires. Pero siempre habrá una historia nueva para contar.

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