Buena parte de las miles de personas que llenaron ayer parte de la Plaza de los Dos Congresos pertenecía a la comunidad judía, pero no estuvieron solos en el reclamo de justicia: las «kipot» (solideos) de los judíos religiosos y los rabinos se mezclaron con los crucifijos; las fotos de Norberto Dubín y Cristian Degtiar se mezclaron con las fotos de Natalia Melman y Miguel Bru, víctimas de otros crímenes.
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Muchos de ellos también obedecieron la consigna de llevar paraguas, como hace diez años en el primero de estos reclamos recurrentes y hasta ahora no escuchados; paraguas que se abrieron durante el minuto de silencio, la sirena y la lectura de los nombres de los muertos el 18 de julio de 1994, como buscando refugio ante la inclemencia de la falta de justicia. Olga Degtiar -madre de Cristian-y Sergio Bursten -esposo de Rita Worona-volvieron una vez más a entonar los nombres de las víctimas del peor atentado terrorista de la historia argentina.
De todos modos, y a pesar del más de un centenar de entidades religiosas y laicas que se adhirieron o incluso convocaron al acto de ayer, fue notoria la ausencia de dirigentes de esas mismas asociaciones, entidades, partidos y ONG. Coherentes con el hecho de que el grupo Familiares y Amigos de los Víctimas de la AMIA era quien convocaba al acto, los dirigentes de las entidades judías argentinas permanecieron en un discreto segundo plano, y ninguno de ellos subió al escenario. Lo mismo puede decirse de las pocas figuras de la política que se arrimaron ayer a la Plaza de los Dos Congresos. Seguramente por esta ausencia de legisladores, ministros y secretarios, Bursten agradeció desde el palco a Aníbal Ibarra y a Jorge Telerman.
• Segundo plano
Tampoco subió Juan Carlos Blumberg, cuya llegada provocó el habitual tumulto que causa entre los medios. El padre del asesinado joven Axel, cada vez que se le preguntaba por el fallo, decía: «No soy experto y no cuestiono la sentencia; vine acá para acompañar a los familiares en su dolor y en su reclamo de justicia.Yo también vengo a buscar justicia». Se le pidió un juicio sobre la actitud de las familias de las 85 víctimas del atentado y el caso de su hijo, de cuyos asesinos al menos él conoce la identidad. «¡Sí, pero yo no voy a parar en eso nada más; quiero llegar hasta arriba de todo, a los jueces corruptos, a los 'mani pulite'!» Sobre la versión de que el gobierno crearía una comisión nacional para investigar el caso AMIA, dijo que «todo lo que pueda ayudar al esclarecimiento, bienvenido sea».
Los presidentes de la AMIA, Abraham Kaúl, y de DAIA, Jorge Kirzsenbaum, adoptaron un discreto segundo plano; Kaúl, sin embargo, reiteró la necesidad de reabrir la pista siria, y Kirzsenbaum prometió que una vez que se conozcan los fundamentos de la sentencia, «recurriremos a todas las instancias superiores del sistema judicial». A pesar de que la concurrencia puede calificarse como más que aceptable, 30 minutos antes del horario programado para su inicio apenas un centenar de personas se agrupaba frente al vallado de seguridad. Los familiares no ocultaban su desazón. Poco después la plaza comenzó a poblarse, lo que obligó a dejar de lado la idea de empezar a las 18.53 (el atentado, como se recuerda, fue a las 9.53), y se lo pospuso hasta las 19.15.
« Creo que no vino más gente por el intenso bombardeo de algunos medios y del grupo Memoria Activa, que llamaron a boicotear el acto; es una pena», dijo a este diario un dirigente comunitario. Curiosamente, uno de los oradores de ayer le dedicó un largo pasaje de su programa radial matutino a Diana Malamud, dirigente de «Memoria Activa», que lo usó justamente para descalificar la protesta que se haría horas más tarde.
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