7 de octubre 2004 - 00:00

Pidieron rescate por esposa de empresario

Los secuestradores de Claudia Fernández, la esposa del dueño de dos supermercados de Baradero, quien fue raptada en esa ciudad bonaerense, se comunicaron con los familiares y exigieron un alto rescate. Así lo indicaron ayer investigadores del caso, quienes, además, señalaron que se descartaría por el momento la hipótesis de una posible venganza por un homicidio que cometió el esposo de la mujer en defensa propia.

Los captores habrían realizado el llamado en las últimas horas del martes y así la investigación se orientó de lleno a un secuestro extorsivo.

De esta manera, el caso se suma al de Patricia Nine, miembro de la familia que es propietaria de un conocido shopping en el partido de Moreno, y añade preocupación a la población ante la repetición de este tipo de delitos.

De hecho, el intendente del partido de Baradero, Ricardo Montesanti, reveló que a las autoridades les «llaman la atención» las similitudes del secuestro ocurrido en Baradero con el de Nine, porque ambas fueron raptadas cuando iban o regresaban de los colegios a los cuales van sus hijos y a plena luz del día.

• Hipótesis

Según trascendió, los investigadores, entre una serie de hipótesis, no descartan que el delito haya sido perpetrado por una banda que habitualmente comete asaltos con la modalidad de «piratas del asfalto».

Más allá del llamado en el cual exigieron el rescate, los delincuentes no tuvieron otros contactos con los familiares de la mujer, según trascendió.

El caso se originó el martes cerca de las 13, cuando Claudia Fernández, de 36 años, fue secuestrada por un grupo de sujetos, cerca de una escuela a la que había acudido en una moto para buscar a su hija.

La mujer -esposa del dueño de dos supermercados- había ido a buscar al colegio Bolaños a una de sus hijas, de 15 años, pero al llegar al establecimiento le indicaron que la adolescente ya se había retirado, debido a que había faltado el docente que debía darle clases en la última hora.

Fernández, entonces, se subió nuevamente a su ciclomotor y a dos cuadras de la escuela, a la altura de Thames al 1300, fue interceptada por un automóvil gris con dos ocupantes.

Los desconocidos, pese a la resistencia ofrecida por la víctima, la tomaron del pelo y la introdujeron en el interior del vehículo, para privarla de su libertad.

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