Estudia ahora Aníbal Ibarra crear «patrullas urbanas» en la Ciudad de Buenos Aires, grupos de civiles uniformados que detecten anormalidades.
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Parece empeñado el jefe de Gobierno en mostrar algún gesto creativo en materia de seguridad, tema de permanencia diaria al que no puede aportar: no tiene mando sobre la Policía Federal que custodia la Ciudad de Buenos Aires (lo impide una ley) y viene fracasando con la idea de implementar una Policía Comunitaria de 500 agentes (lo anunció a principio de año, se lo vetó la Legislatura, y el cambio de autoridades nacionales en Seguridad le hace remozar el proyecto cada dos meses).
Así, a funcionarios porteños se les ocurrió lanzar grupos de civiles, uniformados pero sin armas, que oficien de auxiliares de la Policía. Sería una recreación del modelo rosarino que debutó hace un mes.Allí, a 200 empleados municipales se los vistió con uniformes color caqui y boina bordó y se les compraron 4x4 entre otros vehículos para su tarea. «Son una mezcla de boy scout y botones», definió una rosarina, ya que la principal tarea de esos «guardianes municipales» es alertar a la Policía. Aseguran que «tuvo alto impacto entre los vecinos como método de saturación». Por ejemplo, patrullan plazas, detectan infracciones varias, como mal estacionamiento, o bien previenen trifulcas a la salida de las bailantas.
En la Capital Federal, esos vigiladores serían 1.500 para rastrear los aproximadamente 200 kilómetros cuadrados de la Ciudad. Al menos, en número, serían el triple de los 500 previstos para la Policía Comunitaria. Igualmente parece poco para las 12.000 manzanas porteñas que contabiliza el Gobierno de la Ciudad. Si se tiene en cuenta que los agentes deben cumplir turnos, se amplía el espacio que deberían recorrer.
La diferencia entre la mentada Policía Comunitaria y las ahora «patrullas urbanas» es, por un lado, que el nuevo proyecto -ya intentado sin suerte por Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires-no incluye armas en el atuendo de los vigiladores. Los comunitarios serán (si son) agentes de la Federal, contra los «urbanos», empleados de la comuna. Por otra parte, la patrulla urbana actuaría como auxiliar de las fuerzas de seguridad. Esa misión no está del todo clara en los proyectos oficiales, que el viernes discutirá Ibarra con su secretario de Seguridad, Juan Carlos López, pero no en sus despachos. Se encontrarán en España, donde se celebra un importante seminario sobre seguridad. Ibarra está ahora en Alemania, participando de la inauguración oficial del « Diálogo Buenos Aires-Berlín». De allí viajará a encontrarse con López, quien partió el lunes a España, ya que el jefe de Gobierno manifiesta gran interés por el tema seguridad, que justifica llegarse hasta allí.
La duda que tienen los funcionarios es que el método no satisfaga a los vecinos que, creen, reclaman otro tipo de cuidados. Saben que no son tiempos de rememorar serenos, como los hubo, o como en España, con vigilantes nocturnos munidos de las llaves de los edificios, oficiando de porteros a cielo abierto.
En cambio, lo que planifican son grupos de agentes civiles que controlen contravenciones en la Ciudad, tal vez también delitos y los informen a la Policía.
Algo similar se le ha ocurrido al macrista Jorge-Enriquez -sede del Gobierno porteño-, quien cree haber inspirado a los funcionarios de Bolívar 1 con su proyecto, en el que propone una Policía Comunitaria.
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