Un inmigrante argentino en Israel está dando muestras de que la Argentina no es sólo un país exportador de cereales o carne. Ya se lo conoce en el mundo por un producto que internamente padecemos de manera cotidiana: el dirigente gremial.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Diego Sciretta Berkovich se ha convertido en líder sindical de los trabajadores de un cadena de tiendas en Jerusalén bajo el lema de la «lucha de clases», terminología desconocida hasta el momento entre los sindicalistas israelíes. Sciretta, de 43 años y padre de cuatro hijos, tomó la iniciativa de crear un comité de los trabajadores después de negociar durante dos años, sin resultado, un aumento de salarios con sus jefes de la compañía Castro, lo que causó poco menos que una revolución gremial que ya tomo dimensión nacional.
Debido a su iniciativa, dijo Sciretta a la agencia «EFE», ha sido víctima de intimidaciones como la prohibición de acceder a ciertas zonas de la planta industrial o sacar fotocopias que necesita para su tarea.
«Aquí la gente es buena, la empresa les es importante y también lo es para mí», pero «en la Argentina los trabajadores ya hubieran ocupado la fábrica por una semana», señaló.
Los argentinos, comentó, «están acostumbrados a ser los actores de la película, los israelíes están habituados a ser espectadores».
Dejá tu comentario