No faltaron los conductores que diseñaron su propia norma, asesorados por los cuidacoches, que estacionaron en cualquier cantero a 45 grados, obligando a los ciudadanos de a pie a dar rodeos porque cerraban su camino.
La gente preguntaba a cada conductor que pasaba por la zona, con el característico gesto de unir los dedos, qué hacían en ese lugar. Nadie se daba por aludido.
La ausencia de policías aumentó el misterio. ¿Tendrá algo que ver con el nuevo Código Contravencional? ¿Habrá que esperar que atropellen a un niño para que vuelvan las vallas? República de Cromañón enseñó mucho, pero se aprendió muy poco.
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