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El caso de la Sra. de Noble
Claro, en el caso del Dr. Marquevich «Clarín» es el ofendido y eso atemoriza. En el caso del sacerdote es ofensar y eso respalda a malos magistrados.
En ambos males de mezclar la Justicia con lo mediático el de Marquevich -salvo que lo agrava que lo negó- fue más audaz porque no buscó congraciarse sino enfrentó al poder de un monopolio capaz de lograr las mayores impunidades en la Argentina, inclusive en la Justicia.Y no es la primera vez.
Desde la comodidad de sus despachos, recibiendo abogados de parte y moviéndose entre papeleo les es fácil a los camaristas expresar en su fallo desconocer un «presunto interés» de Marquevich. No son ellos, los camaristas, quienes tienen que enfrentar, en una primera instancia como juez, a una de las personas más temidas del país, como Estela de Carlotto cuando embiste con la fuerza y el derecho imparable de una abuela que reclama aún por sus nietos y por todos los nietos de detenidos-desaparecidos.
Ese huracán con razones irrefutables, como es la Sra. Carlotto y la institución humanitaria que preside, es y será un escollo insalvable para la Sra. de Noble mucho, muchísimo más, que un simple juez como Marquevich.
Los dos camaristas, con la oposición del tercero, quisieron quedar bien con «Clarín» y se percibe. Pensando lo peor quizá hayan sido tan duros con el magistrado desplazado para atemorizar al que lo suceda y tome la causa. En ese caso habrán sido menos «republicanos» que Marquevich al que le imputaron ese calificativo. Ningún juez debe prejuzgar, pero cabe recordar que un simple análisis de ADN terminaría este caso y calmaría para siempre a la Sra. de Noble que soporta su angustia desde hace 26 años, habiendo desarrollado un innegable amor de madre sobre una base presumiblemente insostenible, no probada pero deducible de no querer afrontar pese a varios pedidos ese análisis de sangre esclarecedor al que sí están dispuestos los abuelos, que dicen ser familiares de sangre de los dos hijos que la Sra. adoptó.
El caso de dichos hijos, Marcela y Felipe, de la Sra. de Noble, ha llegado a un punto en que ya no puede diluirse en el tiempo ni silenciarse recusando u operando sobre jueces. Mejor, entonces, que no esté más Marquevich para que otro magistrado, sin cuestionamientos -se supone también sin temor- dilucide el caso definitivamente porque se enfrentará a la Sra. Carlotto y su exigencia de esclarecimiento irretrocedible.
También para que de una vez por todas se medite en la única solución de los tratadistas (se expondrá mañana) es el «indulto presidencial en proceso» -hay antecedentes en el país- tras aclarar primero quiénes son los verdaderos padres de los jóvenes porque 26 años de amor y angustia de madre de esta mujer ya han sido más que suficiente purgatorio que debe concluir. Pero también admitir el derecho de familiares de poder reconocer a sus nietos legítimos, si lo fueran, arrancados por la barbarie a sus padres, además de inmolar a éstos. Dilatar lo ineludible, por más doloroso que resulte, nunca en la vida puede ser lo mejor.


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