Los militares creen que ya se fue la generación de uniformados del Proceso y que entonces ahora hay cebamiento extra contra las instituciones armadas. Creen que no había necesidad de designar secretario de Asuntos Militares -se dice que por presión de Horacio Verbitsky- inmediatamente después del ministro de Defensa, José Pampuro, a José María Vázquez Ocampo con posición tomada por ser hijo de Marta Ocampo, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. Se agrega el efecto que causó que se quiera destinar el edificio de la ESMA a museo solamente de las víctimas de la represión del Estado sin mencionar las de la subversión. A este clima enrarecido se agrega que la oficialidad comenzó a analizar las actitudes a tomar si hay citaciones derivadas de la anulación o inconstitucionalidad -con derivaciones muy diferentes una y otra variante- de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Clima poco constructivo para el país, sin duda.
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Tampoco habría que esperar una crisis aguda por la instalación de un Museo de la Memoria en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada, el 24 de marzo. Aunque Jorge Godoy, el jefe de la Armada, haya pensado en renunciar (hasta se debatió en una reunión del almirantazgo un pase a retiro en masa), desde la Casa Rosada ya lo tranquilizaron. El cambio de destino de esas instalaciones, le dijeron, será parcial. Lo que queda de la ESMA terminará de radicarse en Puerto Belgrano, el museo ocupará un par de pabellones pero seguirán funcionando en las 17 hectáreas de Núñez la Escuela Nacional de Náutica, el Liceo Naval y otras instituciones simbólicamente ligadas a la Marina, aunque no revistan naturaleza castrense. Es cierto, tampoco José Pampuro podrá radicarse en esas dependencias, como le sugirió a Néstor Kirchner hace 15 días. Acaso deba volver a su proyecto original y mudarse a Palermo, a los elegantes edificios del Regimiento I de Infantería, sede de Patricios.
En las jefaturas de las fuerzas existe preocupación por lo que pueda pasar con esas citaciones. Y la inquietud le fue llevada al mismo Pampuro, el ministro, en una de las reuniones de rutina que realiza con los cuatro jefes de Estado Mayor. En una de ellas, uno de los comandantes le hizo notar al ministro que en marzo podría haber un pequeño escándalo si algún uniformado se negaba a presentarse o si esa conducta era asumida por varios de ellos. Ni qué hablar si el paso siguiente es pedir refugio en una unidad militar, que crearía una situación de tensión extrema entre los uniformados y sus conductores civiles. Los jueces que tienen los casos en sus manos, Rodolfo Canicoba Corral y Sergio Torres, se han negado a adelantar cualquier gesto tranquilizador a quienes informalmente se aproximaron para sondearlos sobre sus pasos. Pampuro, entonces, piensa pasar un marzo inquieto. Casi como Roberto Lavagna.
El problema no radica tanto en la forma de conducir del ministro, quien trata de hacer equilibrio desde que llegó al Ministerio, demostrando dotes de trapecista que siempre mantuvo ocultas en los vaivenes de la interna duhaldista. La novedad es que entre los demás superioresde Defensa hay quienes no estándispuestos a tolerar este tipo de insubordinación y se niegan a cualquier negociación.
Es el caso, por ejemplo, de José María Vázquez Ocampo, el subsecretario de Asuntos Militares de la cartera de Pampuro. Encargado directo de la especialidad de la casa, Vázquez Ocampo es el hijo de Marta Ocampo, una de las fundadoras de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo. Marcado en su familia por el drama de la desaparición de personas, este funcionario aconseja apretar las clavijas de una gestión pacifista como la de Pampuro.
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