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15 de julio 2025 - 17:00

¿Vicio o forma de escape? La explicación psicológica detrás de jugar videojuegos sin parar

El descubrimiento que reveló la verdad oculta en el hábito de jugar videojuegos en exceso según la ciencia.

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La razón por la que algunas personas pasan la mayor parte de su día jugando videojuegos. 

La psicología nos sigue sorprendiendo con sus análisis sobre hábitos cotidiano, y hoy le toca a un pasatiempo amado por muchos. Jugar mucho a los videojuegos puede ser solo una forma de entretenerse o por el contrario, decir algo más sobre nosotros. Una mirada profesional que invita a repensar nuestra relación con los videojuegos.

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Para la psicóloga Dominica Díez, detrás de este hábito puede esconderse un vacío emocional o personal que merece ser atendido. En una charla reciente, la especialista en adicciones reflexiona sobre el vínculo entre el juego excesivo y ciertos desequilibrios en la vida diaria.

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Qué significa jugar mucho a los videojuegos, según la psicología

Desde la mirada psicológica, jugar durante muchas horas no siempre equivale a una adicción. La cantidad de tiempo frente a la pantalla no es el único factor relevante: lo importante es el motivo por el que se juega. Según Dominica Díez, psicóloga especializada en adicciones y miembro del Grupo de Trabajo sobre Juego Patológico del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, “jugar mucho a videojuegos puede reflejar un vacío en otra vertiente de tu vida.”

Para Díez, en muchos casos el uso intensivo del gaming no responde a una patología, sino a un intento de llenar un espacio emocional. “Muchas veces no hay una adicción detrás, sino que la persona se encuentra en un momento complicado a nivel familiar, social o personal y acaba refugiándose en los videojuegos,” señala. El juego, en este sentido, se convierte en una vía de escape ante situaciones de malestar o vacío afectivo.

Cómo diferenciar adicción de pasatiempo

La clave está en el impacto que el juego tiene sobre la vida cotidiana. “No se trata de cuántas horas se juega, sino de qué se deja de hacer por jugar,” explica Díez. Cuando el gaming empieza a interferir con las relaciones sociales, las responsabilidades diarias o el bienestar emocional, puede estar cruzando el límite entre hobby y adicción.

Un pasatiempo saludable convive con otras actividades y no genera consecuencias negativas. En cambio, una conducta adictiva implica dependencia, pérdida de control y aislamiento. Como advierte la psicóloga, “si la persona deja de salir con amigos, de relacionarse o de cumplir con sus obligaciones, ahí hay un indicador claro de alerta.” Frente a estas señales, el acompañamiento profesional puede ser clave para recuperar el equilibrio.

Lejos de estigmatizar, la mirada psicológica propone entender el rol que los videojuegos ocupan en la vida de cada persona. No se trata solo de controlar el tiempo frente a la pantalla, sino de prestar atención a lo que ese tiempo dice sobre nuestro mundo interno.

Como plantea Dominica Díez, el gaming puede ser una herramienta de entretenimiento valiosa, pero también un refugio emocional. La diferencia está en el equilibrio: cuando el juego acompaña, no reemplaza. Detectar a tiempo cuándo deja de ser un pasatiempo saludable es el primer paso para recuperar otras formas de bienestar.

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