La visión de lo que sucederá en el mundo en 2007, comenzando por los EE.UU., prevé que el crecimiento continuará pero algo más bajo, mientras que el liderazgo de Bush irá declinando tanto dentro como fuera del país. El FMI prevé un crecimiento de 2,9%, «Consensus» de 2,6% y «The Economist» de 2,4%. En la política interna, el presidente vive el séptimo año de gobierno, cuando inevitablemente se pierde poder y la derrota en la elección legislativa de noviembre incrementa dicha situación.
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Además, durante el año avanzará la lucha por las candidaturas presidenciales en los dos partidos, que contribuirá a que el poder real se vaya trasladando hacia los eventuales sucesores. Aunque el presidente intente mantener intactas sus atribuciones, un Congreso controlado por la oposición -aunque los republicanos recuperen influencia en el Senado por razones circunstanciales- obligará a Bush a aceptar puntos de vista de la oposición para poder gobernar. Frente a Irak, aunque el presidente quiera mantener su política, la situación lo obligará a cambiarla. En el frente externo, un liderazgo más débil, con EE.UU. desacreditado en la opinión pública mundial, obligará a Bush a buscar el apoyo de la UE, Rusia, China y Japón, para manejar los problemas y crisis internacionales.
A su vez en Europa se estima un crecimiento de 2% en la zona del euro, los problemas migratorios y de convivencia con el mundo musulmán serán crecientes y tendrán lugar elecciones en Francia y el Reino Unido. Será un buen año económico para el continente, que promediará cerca de 3% de crecimiento, sumando a la eurozona al Reino Unido y los países recientemente incorporados. Pero los gobiernos seguirán enfrentando fuertes resistencias para avanzar en las demoradas reformas para no perder competitividad.
Resistencias
En Gran Bretaña es posible que gane la elección un conservador reformista (Cameron) y en Francia una socialista moderada (Royal), terminando las eras de Blair y Chirac. Las resistencias que genera la inmigración ilegal y la convivencia con los musulmanes, además de producir conflictos, pueden favorecer a las fuerzas políticas xenófobas, como Le Pen en Francia. La combinación de este problema con revueltas y terrorismo será una cuestión relevante. No habrá margen para retomar el tema de la Constitución europea, ni será fácil avanzar en una política externa común, manteniéndose enfoques diferentes dentro de la UE de los 25. La incorporación de Rumania y Bulgaria que se concretará, quizá sea la última con el actual sistema.
Es probable que aumente el temor a Rusia por su influencia a través de la energía y la preocupación por el medio ambiente, pero no habrá reacción frente al retraso relativo del continente en ciencias y tecnología respecto de EE.UU. y Asia.
Este continente no reducirá el ritmo de crecimiento económico y China aumentará su influencia política, al igual que India y Japón. China volverá a crecer 10% según el FMI y seguirá aumentando su influencia estratégica regional, profundizando relaciones bilaterales con EE.UU. y Rusia e incrementando su rol económico mundial. India crecerá cerca de 8%, confirmando su crecimiento sostenido, acentuando también su rol estratégico por la convalidación de su desarrollo nuclear por parte de Washington. Pakistán -la otra potencia nuclear del continente- seguirá reduciendo conflictos históricos con India y avanzando en la cooperación antiterrorista con China y EE.UU. Japón crecerá algo más de 2% y avanzará en su giro nacionalista, creando el ministerio de defensa e incorporando contenidos «patrióticos» en el sistema educativo.
La alianza militar con EE.UU. se mantendrá como forma de equilibrar el poder de China. La amenaza nuclear que significa Corea del Norte podrá ser contenida aunque no neutralizada, pero difícilmente estalle una crisis, con Corea del Sur jugando un rol de moderación. Tailandia, Indonesia y Filipinas seguirán siendo países relativamente inestables, a diferencia de Vietnam, que consolidará su crecimiento con el modelo político chino.
En Medio Oriente la crisis avanzará, con el conflicto entre chiitas y sunnitas aumentando su gravitación y EE.UU. perdiendo influencia en la región. El enfrentamiento entre las dos facciones musulmanas se parece a las guerras de religión en la Europa del siglo XVI entre católicos y protestantes. Las contradicciones se agudizarán. Los aliados chiitas de EE.UU. lo seguirán siendo de Irán en el conflicto musulmán, y los enemigos sunnitas lo serán de Arabia Saudita en el mismo.
Estos conflictos puede derivar en guerras civiles en Irak, Líbano y Palestina, como ya está sucediendo entre los talibanes y los musulmanes moderados en Afganistán y en menor medida en Pakistán, que puede desestabilizarse a consecuencia del conflicto afgano. Hizbollah seguirá siendo la mayor amenaza inmediata para Israel, que resistirá el diálogo con Irán y Siria y presionará para detener el plan nuclear iraní. Pero EE.UU. y la UE apoyarán el diálogo con dichos países, mientras probablemente se inicie el retiro de tropas de Irak, pese a los deseos de Bush. Irán no abandonará su proyecto nuclear, pero no precipitará una crisis por él. En Turquía la situación seguirá estable, siempre que la minoría kurda que se consolida en Irak no se vuelque a la acción terrorista. La inédita combinación de altos precios del petróleo con expansión económica mundial seguirá generando un crecimiento económico en esta parte del mundo de alrededor de 5%, pese a su inestabilidad política y estratégica.
Africa y América latina seguirán creciendo por el alto precio de las materias primas que exportan, aumentando las diferencias tanto en desarrollo como en estabilidad política dentro de estas regiones. Según el FMI, la primera crecerá 5,9% -sería la única región del mundo que crecería más que en 2006- y la segunda 4,2% -para la CEPAL, 4,8%-. La creciente demanda de materias primas de Africa por parte de China e India llevará a varios países a crecer por encima de 10%, pero los conflictos entre milicias islámicas y minorías de otros credos, como los que afectan a Sudán y Somalia, seguirán en aumento, sobre todo en el Cuerno de Africa. Nigeria -mayor exportador de petróleo del continente- puede tornarse más inestable. Mientras tanto, en el norte del continente como en el sur habrá más estabilidad y mayor crecimiento en países como Egipto y Sudáfrica. En América latina, México y Brasil crecerían menos que el promedio -entre ambos son dos tercios de la región-, lo que explica por qué seguirá siendo la región del mundo emergente que menos crecerá en 2006, aunque sea un buen año en términos históricos.
En conclusión: en 2007 EE.UU. seguirá creciendo aunque menos que en 2006 y Bush sufrirá un debilitamiento creciente tanto dentro como fuera del país, con lo cual tendrá menos capacidad de influir en las crisis internacionales; en Europa, la UE seguirá sin avanzar en términos políticos, con un buen año económico pero no logrará las demoradas reformas y con tensiones crecientes por la inmigración ilegal y la convivencia con los musulmanes.
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