En 1926, en Roma, la Argentina y la joven República de Turquía (Türkiye) firmaron el Tratado de Amistad que formalizó sus relaciones diplomáticas. En 2025 el intercambio llegó a US$1.071 millones, según el INDEC, el segundo valor de la historia después de 2022. La Argentina vendió US$708 millones y compró US$363 millones, un 58% más que el año anterior.
Detrás de esos números hay una canasta todavía concentrada. Dos de cada tres dólares que la Argentina le vende a Türkiye corresponden a harina y pellets de soja, un insumo crítico para su industria avícola y ganadera, y otro 15% son productos farmacéuticos. Esa posición se ganó con competitividad, pero fuera de esos dos rubros queda poco.
Este año el ritmo se aceleró. Entre enero y agosto el intercambio sumó US$1.067 millones, prácticamente lo mismo que en todo 2025, y va camino a superar el récord de 2022. Las exportaciones argentinas llegaron a US$880 millones, y algunos productos que eran marginales empiezan a pesar: la semilla de girasol pasó de US$18 millones en todo 2025 a US$71 millones en ocho meses, y el maíz, de menos de US$3 millones a US$41 millones. La carne vacuna todavía no registra envíos. Las compras argentinas a Türkiye, en cambio, rondan los US$190 millones, y el saldo a favor de la Argentina, de casi US$690 millones, deja claro que hay espacio para seguir profundizando el vínculo.
Al mismo tiempo, en los últimos dos años empezó a moverse lo que rodea al comercio. En septiembre de 2024 entró en vigor el convenio para evitar la doble imposición. En enero de 2025 se firmó un memorando aéreo que reemplazó un esquema de siete frecuencias semanales con rutas restringidas por uno sin límite de frecuencias.
En servicios, la balanza ya se inclina hacia el otro lado: en 2025 los argentinos gastaron casi US$97 millones en viajes a Türkiye, y el saldo de servicios le dejó a Türkiye US$137 millones. En mayo de 2026 la agencia turca de acreditación halal (HAK) acreditó a una certificadora con sede en la Argentina bajo el estándar OIC/SMIIC. En paralelo, tuve el gusto de acompañar a empresarios turcos del negocio frigorífico a recorrer feedlots, consignatarias y campos en la provincia de Buenos Aires.
La acreditación halal, por sí sola, no habilita a exportar carne mientras falten los protocolos sanitarios, pero el terreno está mejor preparado que hace tres años.
Hay además una región entera donde la Argentina apenas empezó a entrar. La Organización de Estados Túrquicos reúne a Türkiye, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán, con Hungría y Turkmenistán entre sus observadores. Son unos 160 millones de personas en países que simplifican sus aduanas. Lo que la Argentina le vende a Azerbaiyán, Kazajistán o Uzbekistán se mide en decenas de millones de dólares, casi todo harina de soja; lo que les vende Türkiye, en miles de millones.
Lo que Türkiye puede aportar son relaciones. Tiene distribuidores que ya operan en la región, bancos que conocen el riesgo local, afinidad de idioma y miles de empresas instaladas en Uzbekistán o Kazajistán. Un exportador argentino de genética bovina o de silobolsas difícilmente abra solo el mercado kazajo. Con un socio turco que ya vende allí, el camino se acorta mucho, y a ese socio le conviene sumar a su oferta productos que hoy no tiene.
En lo inmediato, la prioridad es completar los protocolos sanitarios para carne bovina y ganado en pie con Türkiye. Türkiye necesita carne y ganado para contener sus precios, y esas compras las concentra el ESK, un organismo estatal que define cupos. Paraguay acaba de obtener la habilitación de ocho frigoríficos, y Uruguay y Brasil ya le venden ganado en pie. La Argentina necesita estar en esa lista cuando el ESK sale a comprar, como hizo este año con un cupo de 500.000 cabezas. El centenario también es buena excusa para volver a reunir la Comisión Económica Mixta, que no se convoca desde mayo de 2022.
Después viene la discusión arancelaria. En el maíz, por ejemplo, a la distancia se suman un arancel general del 130%, que Ankara reduce con cupos temporarios, y una regulación de bioseguridad que deja afuera a buena parte del maíz sudamericano. El Mercosur y Türkiye firmaron en junio de 2008, en Tucumán, un acuerdo marco para crear un área de libre comercio, pero casi dos décadas después no hay preferencias vigentes. Como el arancel externo es común, esa negociación se hace en bloque, y el contexto ayuda.
Desde mayo rige en forma provisional el acuerdo con la Unión Europea, y eso le da a Ankara, que tiene una unión aduanera con Bruselas, sus propios motivos para retomar la conversación. La conveniencia es mutua. Türkiye necesita la proteína y los alimentos que el Mercosur produce a escala, y sus fabricantes de autopartes, maquinaria y textiles recuperarían en un mercado de más de 270 millones de personas el terreno que irán perdiendo frente a los europeos.
Vale la pena animarse a pensar más lejos. La Organización de Estados Túrquicos no tiene un arancel común, así que no se trata de un tratado de libre comercio clásico. Pero un acuerdo marco entre el Mercosur y la organización, que empiece por la facilitación aduanera y el reconocimiento de certificaciones, pondría en contacto a dos regiones que hoy casi no comercian entre sí, con Türkiye como articulador.
Esos mercados hay que salir a buscarlos, con misiones comerciales que no terminen en Estambul y sigan hacia Bakú, Almaty o Taskent junto a cámaras turcas que ya trabajan allí.
Cien años de relación dejaron un marco jurídico que ya cubre inversiones, impuestos y vuelos, y un comercio en expansión que todavía tiene que equilibrarse. Los empresarios de Ankara ya hablan de duplicarlo. Desde la Argentina, lo que falta es dejar de ver a Türkiye solo como compradora de soja y tratarla como una socia con intereses propios, con la que se puede llegar a mercados que desde Buenos Aires todavía parecen demasiado lejos.
*Özgür Yücel Demir es Presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Turca (CCARGTUR) y de la Asociación de Exportadores Argentinos Agroganaderos (AdExpAA)