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Ello supondría retrotraer la tasa real de cambio a una paridad equivalente al 1 a 1 vigente en 2000, habida cuenta de las retenciones y del aumento de costos y precios internos ocurrido desde entonces. Se aduce que esa revaluación del peso le facilitaría al gobierno el pago de la deuda externa.
El artilugio monetario propuesto no parece ser del todo consistente. La presente sobreoferta de divisas que se observa en el mercado de cambio es consecuencia de que éste es un «mercado incompleto», al que no concurre la demanda de divisas del gobierno para sus pagos en moneda extranjera, que es usualmente satisfecha directamente por el Banco Central al costo promedio de sus reservas, que es significativamente menor que el precio de mercado.
Si el Estado concurriera a partir de ahora al mercado con su superávit primario para hacerse de las divisas necesarias para cumplir con sus obligaciones externas, aquella oferta excedente se desvanecería y no habría necesidad de expansión monetaria alguna. Se suman a ello las restricciones legales impuestas a la demanda de divisas para transferencias al extranjero, que también reducen la demanda y las cotizaciones.
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