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7 de marzo 2006 - 00:00

Qué es prioridad en la educación

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Ahmed Zewail, el egipcio que obtuvo el Premio Nobel en Química en 1999, afirma que visita muchos países del mundo, entrevistándose con presidentes, vicepresidentes, ministros y otras autoridades, quienes siempre le dicen lo mismo: «Es muy importante desarrollar la ciencia y la tecnología», pero dice que después no se ven los resultados.

Sostiene que los gobiernos pueden invitar los mejores consultores, invitar todos los meses a los Premios Nobel, pero si los líderes políticos no tienen voluntad y fe en el valor de la ciencia y la tecnología, no habrá progreso.

Argumenta que los científicos no tienen poder político, son gente brillante, concentrada en la educación, pero son pocos y su voto no cuenta mucho, sin un líder visionario no impulsan la búsqueda y el desarrollo del conocimiento. Opina que puede triplicarse el presupuesto para la ciencia y la tecnología, pero ello no hará gran diferencia, si ello no tiene lugar dentro de un «sistema de mérito» que diferencie tanto en reconocimiento como en salario. A ello se deben agregar políticas que eviten la fuga de cerebros.

Otro Premio Nobel, pero de Literatura, el portugués José Saramago, desde una disciplina muy diferente y con un enfoque ideológico distinto, sostiene que hay una crisis en la educación, la que se puede convertir en una «catástrofe si nadie pone remedio».

Dice que la universidad debería ser algo más que una institución que enseñe bien, ya que es el último momento en el cual el estudiante puede convertirse en ciudadano. En su punto de vista, la enseñanza primaria se encuentra mal y contamina la secundaria y la universitaria.

Sostiene que es diferente «educar» que «instruir». Los maestros, en la opinión de Saramago, hacen lo segundo pero no lo primero «porque no pueden, no saben y no tienen medios para hacerlo» y así la responsabilidad de educar recae en las familias, «aunque éstas también se encuentran en crisis».

Dos Premios Nobel, de continentes diferentes, disciplinas distintas y miradas diversas, coinciden en un punto: no se está dando prioridad a la educación como tal.

«Voice of the People», el sondeo realizado por Gallup International Association-TNS en 65 países sobre 50 mil casos en el segundo semestre de 2005, muestra que sólo 2% de la población mundial piensa que las cuestiones de educación constituyen el problema más importante que enfrenta el mundo de hoy. La pobreza y la brecha entre ricos y pobres lo es para 26%, el terrorismo para 12%, desempleo para 9%, guerras y conflictos para 8%, problemas económicos para 7%, cuestiones ambientales para 6%, etcétera.

En ninguna región del mundo (Europa occidental, Europa central y oriental, Medio Oriente, América del Norte, América latina, Asia-Pacífico y Africa), las cuestiones de educación estuvieron entre los cuatro problemas más importantes mencionados.

Esto confirma que la baja prioridad que en los hechos se otorga a la educación no sólo es un problema de los dirigentes y los políticos, sino también de las sociedades.

Es que si los políticos ven que mejorar la educación no genera votos, difícilmente pongan más esfuerzo en el tema.

Al analizar la pobreza en el mundo por países, es claro que a mayor educación menor pobreza y que a menor educación, mayor pobreza.

Pese a esto, el grueso de la población mundial no parece percibir que la mejor educación es lo más importante para reducir la pobreza y en consecuencia reclama a los gobiernos acciones directas sobre ella antes que erradicar las causas profundas de ella, que es ante todo la falta de educación.



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