Teniendo en cuenta el dato de inflación de septiembre (3,5%), que los precios regulados (servicios públicos) se encuentran contenidos, e incluso ya con cierto rezago, y las medidas de estos días de la Secretaría de Comercio por precios máximos o congelamientos temporarios, el escenario que se conjuga es el de una compleja inflación contenida que probablemente busque descomprimir a partir del 2022, ya sea a través de una aceleración del nivel general de precios o bien sobre la cotización de tipo de cambio, producto en este contexto de un exceso de dinero en circulación.
Con esta configuración, un escenario de fuerte recuperación económica que compense el desequilibrio parece la única alternativa de salida positiva, aunque con muy baja probabilidad.
Las reservas del BCRA juegan un rol relevante en el delicado equilibrio macroeconómico vigente, no sólo por su señalización respecto de la sostenibilidad cambiaria sino también porque su engrosamiento actualmente habilita a la entidad regulatoria a participar dentro del mercado bursátil haciéndose de pesos a tipo de cambio preferencial para luego financiar al tesoro, siendo un cierto aliciente de la emisión ya existente. De esta forma, un quiebre en la tendencia del crecimiento de las reservas no sólo puede generar incertidumbre sobre la sostenibilidad del tipo de cambio sino también le quitaría al tesoro una fuente adicional de financiamiento sin recurrir a la emisión, quedando ésta última como única alternativa en caso que se genere tensión sobre las reservas, confluyendo en una potencial alza de riesgo inflacionario.
En este contexto, un acuerdo con el FMI se torna cada vez más necesario de visibilizar, principalmente para poder contar con sus condiciones de forma tal que otorguen previsibilidad respecto del rumbo en el que se desarrollarán las siguientes políticas tanto desde lo fiscal, monetario como cambiario. Sólo luego de observar o anticipar estas señales será posible disipar la incertidumbre que conjugan la falta de acuerdo y el clima electoral para tomar decisiones de inversión genuina en el país. De esta manera, desde la perspectiva actual, el anuncio de un acuerdo es probable que tenga efectos positivos dado que puede oficiar como señal suficiente para aquellas decisiones de inversión productiva que actualmente están enmarcadas por dudas.
Asimismo, es pertinente destacar en este sentido que el grueso de las decisiones “on hold” que pudiesen existir en materia de economía real es probable que demanden no sólo anuncios sino acciones concretas que hagan factible el cumplimiento del potencial acuerdo.
Adicionalmente, sería esperable que un acuerdo con condiciones financieras positivas en cuanto a plazos y tasa, abra de a poco las puertas del mercado de deuda internacional tanto para el estado como para las empresas, dando lugar a mayores posibilidades de reactivación económica, considerando el hecho de que actualmente el acceso al financiamiento privado es prácticamente nulo.
Gerente de Finanzas Corporativas de Pgk Consultores, miembro de TGS Global.
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