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18 de noviembre 2022 - 00:00

Pablo Rotemberg, o el folklore desde una mirada contemporánea

El jueves próximo estrena en el Teatro San Martín “La era del cuero”, un espectáculo que incluye música tradicional con un tratamiento moderno.

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rotemberg. El creador de “La era del cuero” y un replanteo identitario.

“El folklore está muy vivo aunque en menor medida en CABA, entonces no es tan visible, porque compite con el tango. De todos modos este no es un espectáculo de folklore sino una aproximación desde lo contemporáneo”, dice Pablo Rotemberg, coreógrafo, músico, docente y creador de “La era del cuero”, que se estrena el jueves próximo en el Teatro San Martín.

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Con coreografía e interpretación de Alejandro Desanti, Maximiliano Díaz, Carla Di Gracia, Nickytuns, Marcos Olivera, Ezequiel Posse, Facundo Posse y Carla Rímola, la música original es de Axel Krygier, los motivos de Alberto Ginastera, entre otros, y la dramaturgia de Eugenia Cadús. Dialogamos con Rotemberg.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea del mundo posapocalíptico, las distopías, y cómo juega la era del cuero?

Pablo Rotemberg: Ese mundo imaginario nos permite hablar de cuestiones como la identidad nacional y trabajar con el folklore sin caer en un lugar de realismo o naturalismo. La idea de este mundo distópico no está anclada en un poder totalitario, como suele ocurrir en clásicos como “1984”, sino en un modo de hacer evidente esta sociedad imaginaria, que de hecho tiene mucho de la actual. La idea de nación como una comunidad imaginada. Nos interesa ese ida y vuelta para pensar la identidad y el folklore, que evitamos abordar desde lo tradicionalista. En este mundo comienza la era del cuero, que también es un juego de palabras: el cuero como la piel, como representante del cuerpo y las corporalidades diversas.

P.: ¿Cómo fue la investigación sobre el malambo y cómo se resignifica en el lenguaje contemporáneo?

P.R.: La investigación tiene que ver con una aproximación lúdica y experimental para vincularlo con el lenguaje contemporáneo, no hay una pretensión de hacer una fusión, donde un lenguaje absorba al otro, el acercamiento es contemporáneo. Está la idea del malambista como un bailarín muy virtuoso que puede llegar a límites extremos de velocidad y destreza. Me atrae que ese zapateo dure porque requiere de esfuerzo y es atractivo. Desafía los límites de lo que un cuerpo puede hacer. En los ensayos hubo improvisaciones donde los bailarines, que vienen del folklore pero también de otras danzas, probaron crear un nuevo lenguaje.

P.: ¿Qué tópicos de lo argentino aparecen en la danza?

P.R.: Buscamos hablar del concepto de identidad argentina desde un lugar crítico, no darlo por sentado como una unidad. Queremos enfatizar en lo imaginado, lo construido y como tal puede ser roto y reconstruido de otras maneras. Algo de lo monstruoso al estilo Frankenstein, nos interesa la idea del montaje, pero no el hollywoodense sino al estilo ruso, constructivista, al estilo de Vertov o Eisenstein, en el que contrasten imágenes e ideas. No hay bajada de línea ni un punto de vista unívoco. No hay una historia que avance y se resuelva, ni una voluntad realista.

P.: ¿Hubo una intención de recuperar danzas argentinas olvidadas?

P.R.: No fue por ese lado la investigación. Unimos ideas desde una mirada contemporánea sobre el lenguaje del malambo. No hay erudición respecto del folklore sino un trabajo con esa materialidad y esos bailarines. Entre todos crearon otro lenguaje.

P.: ¿Ve un predominio de la milonga sobre el folklore?

P.R.: No, hay una movida folklórica enorme en el país, hay ciudades con cientos de academias, muchos festivales, competencias, escuelas de ballet.

P.: ¿Cómo fue el trabajo en el teatro oficial y qué encuentra allí que en otros circuitos no?

P.R.: No es la primera vez que trabajo aquí, lo hice con el Ballet Contemporáneo y otras obras como “El cisne salvaje” en La Ribera. Celebro que haya danza de coreógrafos independientes dentro del teatro oficial y no sea sólo el Ballet Contemporáneo. Sería bueno que esta modalidad se replique en otros teatros oficiales.

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