Bodegas La Caroyense devino en los últimos 20 años, salteando algunas crisis, en una Sociedad Anónima, y es controlada actualmente por Celina Tay, luego de que lo hiciera su padre, Juan Carlos Tay.
Lo que permanece, pese a las peripecias económicas, es la oferta que comprende vinos regionales, finos varietales, bivarietales, grapa y uvas en grapa, sumado al que se presenta como producto “estrella” el champagne (en rigor, “espumante”).
Colonia friuliana
Es notable al visitar Colonia Caroya, que cuenta con una extensísima avenida principal, la San Martín, cubierta de plátanos, que su creación fue por exclusivo impulso del presidente Nicolás Avellaneda, allá por la segunda mitad del siglo XIX. En rigor, hubo una estancia de Caroya fundada por los jesuitas en 1616. Pero cuenta la historia que Avellaneda como alumno del Colegio de Monserrat había pasado muchas vacaciones en dicha estancia, y se planteó cómo podría desarrollarla. Ello devino en la idea de fundar una colonia con riego con agricultores italianos. Por tanto, Avellaneda creó la colonia por Ley del 10 de julio de 1876, para lo cual se destinaban parte de las tierras de la antigua estancia. Así fue que se hizo un llamado a los pueblos italianos para afincarse en la nueva colonia. De esta manera inmigrantes friulanos arribaron al puerto de Buenos Aires a principios de 1878.
Se comenta que los primeros años fueron muy duros por las condiciones del lugar, ya que era una zona seca y cubierta de monte, pero la tenacidad de estos inmigrantes logró transformar la tierra, construyendo un sistema de canales de riego.
La inmigración friulense se nota en la presencia de lo que suele entenderse como “italianos del norte”: vecinos de cabello rubio y ojos claros (aunque, claro, una fuerte tonada), en una población que orilla los 27.000 habitantes. Y también trajeron un idioma muy particular, que se sigue transmitiendo a las nuevas generaciones, que sería una mezcla de dialectos del véneto, con alguna influencia del esloveno, muy próximo geográficamente, y de otras naciones que en siglos pasados ocuparon esta región ubicada en el extremo noreste italiano.
El norte menos transitado
Aventurarse por el norte cordobés es también hacerlo por la zona menos visitada y acaso menos desarrollada de la provincia (Carlos Paz, la localidad turística por antonomasia, se ubica unos 50 km al este de la capital, y arrastra varias otras muy visitadas).
La región norte comprende los departamentos Ischilín, Sobremonte, Río Seco, Cruz del Eje, Totoral y Tulumba. Con poca disponibilidad de agua, como quedó consignado, es una zona relativamente postergada de la provincia.
A contramano de eso, cerca del pueblo de Rayo Cortado, sobre la Ruta 9 y a unas 2 horas de Córdoba ciudad, encontramos La Dorada, un impecable hotel boutique de 6 habitaciones (15 huéspedes) que se propone como punto de referencia para quien viaje a estas latitudes norteñas.
Quienes lleguen podrán gozar de pensión completa: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Pero lo más interesante está en su ubicación en altura, que permite disfrutar de una vista espléndida, especialmente al momento del atardecer. Tampoco falta la pileta (desde donde contemplar el paisaje), el gimnasio, la mesa de pool y hasta un metegol. También está la posibilidad de realizar paseos a caballo.
Pero hay un detalle que no es menor: la estancia es autosuficiente, es decir, trabaja con alimentos orgánicos de producción propia y se abastece de paneles solares. La Dorada es una iniciativa de Juan Scaraffia, quien oficia de anfitrión y cuenta que todo comenzó poco antes de la pandemia de covid-19. Se pudo sortear ese momento tan particular y duro, y actualmente redondea el lleno en el hotel, cuando el calendario marca fin de semana largo.
Museo para un mito viviente
Rara vez los museos tienen por destinatario a una persona que está más viva que nunca, como es el caso Juan Carlos Jiménez Rufino, alguien que acaso conozcamos más como la Mona Jiménez, símbolo del cuarteto cordobés, ícono de la Córdoba capital.
El tan particular y querido intérprete, quien diría, ya anda por los 72 años, y en la zona norte de la ciudad, muy cerca del estadio Mario Kempes, cuenta con un el Museo de la Mona, que además es un bar-restó, que tiene en su piso superior espacio para espectáculos.
El lugar, con una fisonomía similar a un Hard Rock Café, es un muestrario de los trajes de la Mona (se dice que nunca repitió uno en un show), además de pantallas que recuerdan grandes presentaciones. La Mona no está presente todos los días pero, cuentan, cuando lo hace no deja fan sin saludar o sacarse una selfie.
El símbolo cordobés tiene 3 hijos con Juana Delseri, de quien se divorció, pero sigue siendo su mánager. Lorena es música, Carlos -conocido como Carli- es productor y Natalia, diseñadora de su vestuario. Todos ellos también pueden aparecer por el colorido museo de su padre.
El paraíso del bienestar
Un viaje ajetreado con muchos puntos a visitar debe ser compensado con un espacio de relax y tranquilidad. Esa misión cumple la Posada del Quenty, ubicada en Icho Cruz.
“Respirá el aire puro de las Sierras de Córdoba y liberate del estrés cotidiano”, es la propuesta del lugar. Además, se suma una “gastronomía saludable” preparada con insumos orgánicos de su propia huerta.
El menú de la posada incluye masajes varios, meditación, gimnasia acuática y yoga.
Como quedó antedicho, es el lugar ideal para recuperarse física y emocionalmente, y se asegura que mejora la calidad del sueño y descanso, la tensión arterial y la circulación sanguínea.
Para acercarse, hay que tomar en cuenta que Villa Icho Cruz está ubicada en el departamento de Punilla, a 14,5 km de Villa Carlos Paz y a 47 km de la ciudad de Córdoba, por la ruta provincial N.º 14. Dato final: Icho Cruz significa en la lengua quechua “Cruz de paja o palo”.
Un legado sarmientino
Córdoba tiene otro atractivo, como es, por la falta de contaminación y la altura, la vista de estrellas. No es extraño que cuenta con uno de los observatorios astronómico más importantes, como el de la ciudad de Córdoba. Allí, según se contó, se realizan investigaciones en astronomía desde distintas perspectivas: observacional, estadística, teórica y de desarrollo instrumental.
Desde 1954 pasó a depender de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y fue renombrado como Observatorio Astronómico de Córdoba. El Observatorio Nacional Argentino fue fundado el 24 de Octubre de 1871, por iniciativa del presidente Domingo F. Sarmiento y las gestiones de su ministro Nicolás Avellaneda (sí, aquel que promovió Colonia Caroya, al principio de nuestro periplo).
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