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29 de agosto 2003 - 00:00

Ahora Fernández dice: si gana Macri, se nos frustra Kirchner

Desaparecidos los partidos tradicionales, las elecciones han entrado en la Argentina en pérdida de transparencia. Hay votos comprados con planes asistenciales, postulantes que hacen proselitismo con fondos públicos, trampas comiciales, sustracciones de boletas en cuarto oscuro, inclinaciones abiertas del gobierno nacional en comicios distritales (lo inauguró Duhalde y lo sigue Kirchner). En realidad, quienes le quieren adjudicar el mote de «década infame» a los '90 ignoran que tal calificación para la de 1930 a 1940 fue por las vergüenzas que se cometieron en los actos comiciales, en su mayoría plagados de hechos fraudulentos y elecciones anuladas. Un ministro del gobierno Kirchner acaba de decir dos cosas muy fuertes, muy graves: una es que si el 14 de setiembre gana Mauricio Macri «se empieza a frustrar el proyecto de país» que quiere imponer el actual presidente de la Nación. Es un concepto antidemocrático, porque se querría imponer ese «proyecto» a la gente más allá de su voto. O sea por la fuerza. Por lo cual se descarta que el gobierno sin ninguna neutralidad jugará contra un candidato, Macri, y en favor del otro de centroizquierda. ¿Y si los habitantes de Buenos Aires -o de otras provincias que van a votar- no quieren ser gobernados con ideas de izquierda? El ministro agregó que Ibarra sólo contaba con 15 o 16 puntos de intención de voto antes de los comicios donde llegó a 32%. La verdad es que Ibarra frente a Macri tenía menos, oscilando entre 9% y 11%. Aparte de eso, no está para nada confirmado que el incremento haya provenido del inusual apoyo presidencial, porque también estaba en Capital Federal el apoyo de Elisa Carrió, que salió segunda, detrás de Ricardo López Murphy, en los comicios del 27 de abril pasado mientras que Kirchner salió tercero. Encuestas «truchas» han determinado que los 3 meses de Kirchner y sus medidas continuas y controvertibles han contado con absoluta mayoría como para influir en el porcentual de los candidatos que apoya. No está probado pero podría ser que tuviera tan amplio apoyo que, por otra parte, siempre tiene un presidente que recién asume. Pero interesa otro aspecto que también marca actitud antidemocrática: ¿por qué el gobierno actual se juega abiertamente a favor de un candidato, Ibarra, que -en la propia confesión del ministro-no tiene entre 2.600.000 electores más que 15%, o sea absoluta minoría, si Kirchner no lo ayuda? ¿En qué país, salvo en Cuba, un «proyecto de nación» se impone desde minorías de quienes se sienten iluminados pero pueden estar totalmente errados? ¿O volvemos al elitismo de la Edad Media, donde minorías ilustradas despreciaban a la masa «porque no saben lo que mejor les conviene». Poco serio.

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El jefe del Gabinete de Ministros explicó que Kirchner «es muy claro cuando plantea que hay actitudes que no significan apuestas sino compromisos». Agregó que


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