Néstor Kirchner tendrá al fin el escenario grande para manifestar su vocación progresista: lo invitó el inglés Tony Blair a una cumbre en julio próximo en Londres para relanzar junto a Lula y Ricardo Lagos la tercera vía. Será poco después de la visita de Colin Powell al país y le servirá a Kirchner para intentar la equidistancia. Más le servirá a Blair para mostrarle al mundo que no es un seguidista de Bush, pese a la guerra de Irak.
Rafael Bielsa le consiguió a Néstor Kirchner ese escenario internacional que le estaba faltando y que, desafiante, le pidió la oposición. Ayer, cuando en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado Eduardo Menem le preguntó por qué la Argentina estaba ausente de fotos como la que Luiz Inácio Lula Da Silva o Vicente Fox se habían sacado con los presidentes del Grupo de los 8 (los siete países industrializados más Rusia), el canciller blanqueó su agenda: «El próximo mes el presidente Kirchner va a estar en Londres, invitado por Tony Blair, para participar de una reunión de análisis de la tercera vía» informó.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En efecto, para el 14 de julio el primer ministro de Gran Bretaña piensa reflotar ese producto tomado de la sociología de Anthony Giddens (London School of Economics) al que ya se dedicaron otras reuniones internacionales. Como antes fueron invitados Bill Clinton (EE.UU.), Jean Chretién (Canadá), Alejandro Toledo (Perú), Gerhard Schröder (Alemania), Fernando de la Rúa, Ricardo Lagos (Chile) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil), ahora estarán junto a Blair el propio Lagos, Lula y Kirchner, además de otros dirigentes del denominado «progresismo» de los cinco continentes.
Es proverbial la dificultad de Blair para comunicar claramente sus posiciones políticas y la «tercera vía» quedó sometida a esa ambigüedad. Con esa fórmula, pretendió sintetizar las virtudes del liberalismo y la socialdemocracia. Sin embargo la izquierda inglesa le reprochó siempre la baja participación de la salud y la educación en el presupuesto nacional, comparada Gran Bretaña con países como Francia u Holanda. Y la derecha lo castigó por desatender a la disciplina fiscal cuando Blair quiso corregir aquella deficiencia. Finalmente, la agenda de la «tercera vía» huyó hacia zonas más apacibles de la vida pública: la brecha tecnológica, la calidad del medio ambiente, los derechos de las minorías, etcétera. El temario queda cada vez más lejos de países como los latinoamericanos, aquejados por el subdesarrollo de la pobreza extrema, el analfabetismo y las flaquezas institucionales. Por eso las cumbres de Blair fueron perdiendo adherentes y brillo.
Sin embargo la nueva edición debe ser interpretada según las necesidades actuales del primer ministro laborista. La más urgente: recomponer el vínculo con los sectores de izquierda, deteriorados por su asociación con George W. Bush y José María Aznar durante la guerra contra Irak. Reunir a centroizquierdistas puede ser una manera de saltar el cerco conservador en que quedó atrapado Blair con su alineamiento. Con un detalle más: la ironía de que la reunión se realice en el aniversario de la Revolución Francesa. Casi una provocación para Jacques Chirac y hasta para el socialismo francés, que siempre entendió a la tercera vía como un artificio verbal.
•Protagonismo
Nada de esto debería importarle a Kirchner, por más que el Presidente haya sido tan crítico de la política de Blair y Bush en Oriente Medio («van a Irak por el petróleo y vendrán aquí por el agua» pronosticó en plena campaña electoral). El valor que el Presidente y Bielsa encuentran en la gestión de esta cumbre es que le da a la Argentina un protagonismo que se le ha retaceado en otras oportunidades. La que apuntó el senador Menem fue una de ellas. En la Cumbre de Río, celebrada en Lima con la ausencia de Eduardo Duhalde, los países latinoamericanos designaron a Lula y a Fox como voceros del sector ante el G-8. No se hubiera notado si no fuera porque Fox descartó a la Argentina como candidata a ocupar una butaca «pro tempore» en el Consejo de Seguridad, si se incorporara allí a un representante de Latinoamérica (aunque es cada vez más improbable que se amplíe en el Consejo la participación de miembros plenos). Fox, en declaraciones en el «Financial Times», propuso a su propio país y a Brasil.
Ayer, en el Senado, también se le preguntó a Bielsa por esta polémica. El prefirió pasar por el costado, diciendo que «jamás me van a escuchar decir que esa posición corresponde solamente a Brasil». Tal vez no se lo escuche más con esa propuesta en su carácter de Canciller. La formuló tres días antes de asumir, ante la prensa brasileña, cuando todavía se soñaba ministro de Justicia.
Dejá tu comentario