24 de junio 2003 - 00:00

"Buscan culpables en otro lado"

"La verdad, estoy desanimado. Ustedes, los argentinos, se la pasan buscando a los culpables de la crisis siempre en otro lado y no aceptan su responsabilidad como sociedad.» Casi como un padre retando a sus chicos, Horst Köhler cerró su encuentro con la Mesa del Diálogo reiterando duras acusaciones que ya se le oyeron el año pasado. Algunos de sus interlocutores lo escucharon impávidos; sólo monseñor Jorge Casaretto atinó a retrucarle: «Los países del primer mundo parecen tener una moral distinta de la que nos exigen a los países pobres: ustedes invierten fortunas enormes en armamento, y a nosotros nos reclaman equilibrio fiscal...».

•Condiciones

La reunión -que duró dos horas y se hizo en el mismo salón en que Köhler y su gente recibieron inmediatamente a los empresarios-terminó con un gusto amargo para Abraham Kaúl (AMIA), Agustín Radrizzani (obispo de Lomas de Zamora), Horacio Verbitsky (CELS), Cristina Calvo (Cáritas), Moshen Alí (Comunidad Islámica), Aldo Ferrer (plan Fénix) y Mario Rejtman Farah (Poder Ciudadano). Cada uno de los convocados expuso las duras condiciones en que se encuentra la sociedad. Por caso, Kaúl reflejó la crisis en el hecho de que 25% de la comunidad judía está hoy por debajo de la línea de pobreza, hecho que atribuyó al «cierre de comercios y pequeñas industrias por imperio de las políticas aplicadas en la década pasada». Recordó el atentado contra la sede de su comunidad («el mayor contra una sede judía en Occidente de la historia») y le pidió a Köhler que «no nos ahorque: no mate esta incipiente reactivación queriendo cobrar de inmediato los intereses de la deuda».

Por su parte, Radrizzani pidió que los fondos que puedan llegar desde el exterior «se destinen a generar riqueza y puestos de trabajo», y puso en duda la legitimidad de la deuda «externa», aduciendo, además, que «es inmoral y ya fue pagada, según dicen muchos». El religioso lamentó que el endeudamiento argentino no haya sido destinado «al sector productivo, sino a la especulación».

El economista Ferrer dejó un documento que resume el plan Fénix, y recordó que «de la capacidad productiva de la Argentina sólo se está utilizando hoy 30%»; en cambio, Verbitsky dedicó su discurso a atacar con dureza a las empresas privatizadas, pidiendo que «no se aumenten las tarifas de estos grupos que vienen cobrando precios enormemente superiores a los que perciben en sus países de origen, y gozan de privilegios impensables en esos mismos países». Curiosamente, su presencia en la reunión se debía a un pedido del propio Köhler: es que el CELS, junto con otras ONG, entabló una demanda contra el Fondo en el tribunal de La Haya por su supuesta responsabilidad en la crisis argentina.

•Estudio

Será por esta causa por la que el titular del FMI se esmeró por presentar al organismo como «el chivo expiatorio de todas las crisis del mundo», pero recordó que se formó una oficina interna dentro del FMI para estudiar posibles errores cometidos. Claro, esto fue antes de la explosión final de ira contra la sociedad argentina y sus organizaciones, en el que incluso llegó a recomendar que el país «tome como ejemplo lo hecho por Alemania después de la Segunda Guerra» (omitió, claro, recordar el incesante flujo de fondos recibidos por su país desde Estados Unidos a través del plan Marshall).

«Nos hizo sentir una basura, y creo que no tiene derecho»,
dijo a este diario uno de los asistentes al polémico cónclave, que terminó de todos modos en un tono algo más amable: contemporizador y paternalista, Köhler prometió al despedirse: «No se preocupen: al gobierno argentino no le pediremos lo imposible».

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