El cierre de alianzas en Capital Federal servirá hoy para confirmar en Tribunales la fuerte división en el mapa político local entre los avales que cosechan Aníbal Ibarra, quien aspira a la reelección en la Jefatura de Gobierno, y su principal retador, Mauricio Macri. El duelo se proyectó ayer al plano nacional. El gobierno -vía Aníbal Fernández- salió a relativizar cualquier apoyo de Néstor Kirchner a Ibarra. Alberto Fernández se vio forzado a hacer piruetas delante de los micrófonos para explicar que «los medios confundieron mi adhesión a un candidato con una posición del Presidente». Pero, en privado, insistió en lo contrario: que Kirchner jugará con el frepasista, algo que desencantará al grueso del PJ del interior. Felipe Solá, a su vez, trató de minimizar el alineamiento junto con Macri. Tal cual adelantó este diario, el gobernador de Buenos Aires y Eduardo Duhalde se diferenciarán del oficialismo en la elección metropolitana del 24 de agosto -con eventual ballottage el 14 de setiembre-. Ambos apuestan al candidato del Frente para el Cambio, aunque ayer Solá optó por no confirmar la simpatía y así evitar que se agrande la brecha que separa, cada día más, a La Plata del gobierno nacional.
El ex jerarca del MAS y otras siglas trotskistas es uno de los pocos postulantes que completó su grilla apenas se lanzó a la arena. Lo secunda en la fórmula a jefe de gobierno el arquitecto
El peronismo -amén de las fracciones que seguirán a
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