Con el aire pontifical que le da su raigambre católica Luis D'Elía intentó ayer darle clases de gerencia administrativa al ministro de Trabajo, Carlos Tomada. En un diálogo por radio «América» acusó al funcionario de ser quien maltrató a los activistas que lo cercaron en el despacho con una espera que, dicho sea de paso, parece un hábito impuesto por el gobierno.
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«Si yo fuera ministro -aleccionó el diputado piquetero de La Matanza-no tendría un grupo esperando desde las 11 de la mañana hasta las 4 de la mañana del otro día, además un grupo muy pequeño de gente.»
Según D'Elía, la toma del despacho del ministro -hoy tema de una causa por presunta privación ilegítima de la libertad en la persona de Tomada- debió resolverla un ordenanza. «Era un tema menor que se transformó en un episodio, un engorro que hoy tiene complicaciones en todas las direcciones.»
El acusado por la toma del despacho, de apellido Villaba, es según D'Elía, « una persona que desde hace meses está buscando que alguien la atienda y que alguien los contenga».
Esta peregrina explicación, si se extendiera como justificación de las ocupaciones de despachos oficiales como le ocurrió a Tomada, o antes a Juan González Gaviola, echaría sombra sobre los niveles más altos del gobierno.
•Plantones
¿Qué debería haber hecho el centón de funcionarios judiciales e invitados especiales que esperaron a Néstor Kirchner el miércoles bajo el sol de la Plaza de Mayo durante más de dos horas y media (ésa fue la demora) que estaban llamados al acto de lanzamiento de una universidad para los fiscales? Si el criterio de D'Elía fuera válido, esos ciudadanos debieron ocupar la Casa de Gobierno, secuestrar al Presidente y hacerle firmar, de paso, algún decreto de urgencia -aunque no de necesidad-. ¿Y los industriales e inversionistas que esperaron el mismo día al Presidente primero en la sede de la Bolsa de Comercio (dos horas) y después en la UIA (tres horas) hasta la exasperación el mismo día -fue el 2 de setiembre-?
Más costoso en lo institucional hubiera sido que Daniel Scioli arremetiese como los piqueteros de Tomada sobre los altos despachos presidenciales cuando en agosto pasado Kirchner lo dejó esperando durante 3 horas el día en que estalló la pelea que ahora están tratando de conciliar.
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