30 de octubre 2003 - 00:00

Intenta Ibarra ordenar la venta de comida en la calle

Los legisladores porteños tienen previsto debatir hoy la primera ley que regulará la venta callejera de tradicionales vituallas domingueras como choripanes, panchos, pochoclo, maníes y el casi extinto copo de nieve.

Se darán credenciales a los triciclos y habrá rigurosas normas para el chorizo con lechuga, que sólo podrá tocarse con «materiales descartables», que se supone serán guantes.

Si resisten la presión de los actuales cafeteros ambulantes -totalmente prohibidos en la Ciudad de Buenos Aires pero persistentes en seguir con sus termos-, los diputados darán curso a un debate que generó más de una polémica durante su tratamiento en comisión.

Por ejemplo, no fue sencillo definir en términos de ley a qué tipo de alimentos está dirigida la norma que envió Aníbal Ibarra a la Legislatura, pero que aceptó intromisiones del macrista Atilio Alimena, entre otros.

Para empezar, se sabe que un choripán no es una definición de la lengua española y una ley debe ser precisa, más tratándose de una categoría especial de alimento tal como se indica en el articulado. Así, la categoría III está destinada a la «elaboración y venta de emparedados calientes rellenos con chacinados y/o cortes cárnicos». No se dio en comisión la discusión sobre el término «relleno», pero todos entendieron que además de choripán esa categoría incluye hamburguesas y sándwiches de variados pedazos de animales. La venta de los mismos se hará, a partir de la promulgación de la ley, exclusivamente en puestos «semimóviles» con una ubicación determinada en espacios verdes de más de dos hectáreas.

A esos emparedados, como al conocido pancho -pan relleno con salchicha-, no se les podrá aplicar mostaza, mayonesa o ketchup de pomo, sino que el aderezo debe otorgarse en sobrecitos individuales, de acuerdo con otra ley especialmente dedicada a esos condimentos. Es razonable ya que atiende a cuestiones higiénicas, debido a que el orificio del pomo hace vulnerable su contenido a las bacterias si llegara a quedar destapado, además de no estar preservado de los microbios que pudieran tener en sus manos los usuarios.

Otra de las particularidades de esta ley, que por cierto trata una materia que desde 1994
no se trataba, como el otorgamiento de permisos para vender comida en la vía pública, es la división en categorías, que impedirá que panchos y chorizos se mezclen con manzana asada y pochoclo, ya que los que tendrán permiso para un tipo de alimento no lo tendrán para los otros. No todos podrán vender agua y bebidas sin alcohol envasadas, pero los permisionarios deberán hacer un curso de manipuladores de alimentos. A su vez, si los permisos son individuales, los puestos deben ser atendidos por los titulares, excepto cuanto se trata de empresas o cooperativas, para las cuales rigen artículos específicos.

Especial cuidado pone la ley al destacar que «los emparedados podrán elaborarse con verdura, en cuyo caso serán manipulados con accesorios descartables y demás elementos permitidos por el Código Alimentario vigente».

La norma establece que
los funcionarios y empleados del Gobierno de la Ciudad no podrán tener concesiones para vender panchos ni otro tipo de productos en la vía pública hasta un año después de dejar el cargo; también se veta esa posibilidad a sus familiares.

Con esta ley, quedará claro que en la Capital Federal sólo podrán venderse en la vía pública alimentos y bebidas con todas sus clasificaciones y discriminaciones, pero ningún otro tipo de artículos, como se ve hoy por las calles.

«Ibarra sólo tiene que salir al balcón de su despacho y ver cómo en la Plaza de Mayo asan churrascos, para darse cuenta de lo importante que es sancionar esta ley»
, replicó Alimena, quien sabe que un gran sector de vendedores ambulantes resiste semejante control y ha prometido hacer hoy una batucada frente a la Legislatura.

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