Intenta Ibarra ordenar la venta de comida en la calle
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Otra de las particularidades de esta ley, que por cierto trata una materia que desde 1994 no se trataba, como el otorgamiento de permisos para vender comida en la vía pública, es la división en categorías, que impedirá que panchos y chorizos se mezclen con manzana asada y pochoclo, ya que los que tendrán permiso para un tipo de alimento no lo tendrán para los otros. No todos podrán vender agua y bebidas sin alcohol envasadas, pero los permisionarios deberán hacer un curso de manipuladores de alimentos. A su vez, si los permisos son individuales, los puestos deben ser atendidos por los titulares, excepto cuanto se trata de empresas o cooperativas, para las cuales rigen artículos específicos.
Especial cuidado pone la ley al destacar que «los emparedados podrán elaborarse con verdura, en cuyo caso serán manipulados con accesorios descartables y demás elementos permitidos por el Código Alimentario vigente».
La norma establece que los funcionarios y empleados del Gobierno de la Ciudad no podrán tener concesiones para vender panchos ni otro tipo de productos en la vía pública hasta un año después de dejar el cargo; también se veta esa posibilidad a sus familiares.
Con esta ley, quedará claro que en la Capital Federal sólo podrán venderse en la vía pública alimentos y bebidas con todas sus clasificaciones y discriminaciones, pero ningún otro tipo de artículos, como se ve hoy por las calles.
«Ibarra sólo tiene que salir al balcón de su despacho y ver cómo en la Plaza de Mayo asan churrascos, para darse cuenta de lo importante que es sancionar esta ley», replicó Alimena, quien sabe que un gran sector de vendedores ambulantes resiste semejante control y ha prometido hacer hoy una batucada frente a la Legislatura.




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