El gobierno todavía cree que es buena y debe ser su base la «política de dureza» que emplea con los políticos (no los recibe), a los gremialistas «gordos» (tampoco los recibe pero aquí hace bien), las empresas privatizadas a las que no quiere conceder ningún aumento de tarifas (la Fundación Mediterránea desde Córdoba midió que 10% de aumento tarifario hoy sólo representaría 1,5% de incremento inflacionario, sin tener en cuenta un alza en el transporte, con lo que llegaría a 2,25% como techo. Mientras que FIEL ubica la cifra en 0,9% y la Fundación Capital 1.25%, en ambos casos también sin tener en cuenta el transporte). Lo que no es poco pero estamos con inflación proyectada de 3% y es necesaria mantener la inversión para no tener cortes, por ejemplo. Aun admitiendo que «ser duro» le haya reportado algún mérito a la gestión presidencial, (sobre todo para quien no tiene plata frente a tremenda deuda y si se presentaba con modestia lo iban a basurear), no se justifica para miles y miles de inversores privados de todo el mundo. Esto de enfrentarlos con un duro no sirve: es mejor usar una figura de prestigio, edad y que inspire confianza. Alguien que el gobierno no tiene y que le costará millones de dólares y dolores de cabeza al país. Tampoco sirve alguien al que le está creciendo la nariz, como a Pinocho, por las mentiras que dice, como sucede con Roberto Lavagna. El ministro de Economía suele usar para sus jugadas al monopolio «Clarín» y el de los domingos (aunque está hoy, con la crisis, en la mitad de los ejemplares que vendía hasta hace 3 años).
•Engaños
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Lavagna dijo este domingo en «Clarín» que «los países ricos impusieron que le pagáramos primero al FMI y organismos internacionales». Observemos los engaños que pretende el ministro, aunque se nota que únicamente puede impresionar a su propio gobierno. A los bonistas, banqueros o asesorados por banqueros no los engaña y al público en general, no le interesa. Decir que «le paguen primero» es lógico porque puede poner orden en las finanzas del país deudor y, además, porque son sumas enormes de ejecutividad inmediata sacando al país incumplidor del mundo (recordar que hasta Fidel Castro le pagó al Fondo Monetario antes de irse por temor a las consecuencias). Pero de ninguna manera quiso decir nadie que no le paguen a los demás.
Además Lavagna expresa que «si tenemos que ahorrar más de 3% del PBI tendríamos que aumentar impuestos y ahogar la reactivación, con lo cual volveríamos a caer en una situación parecida a la que cayó un gobierno anterior cuando mató un proceso de reactivación (se refiere al «impuestazo» de José Luis Machinea primer ministro de Economía de Fernando de la Rúa en 1999). Pero es sólo un pícaro Lavagna y engaña a pocos porque se sabe (más aun los ahorristas con fondos comprometidos que de tanto asesorarse se transforman en expertos financieros), que enfrentar un costo desde el Estado puede significar recaudar más aumentando impuestos (es mal método porque satura y se termina evadiendo más) o reduciendo el gasto público que para nada lo menciona. Machinea tenía un presidente con mucho menos fuerza que Lavagna y debió recurrir a la fórmula del impuesto aumentado pero éste ministro tiene una buena situación general (mientras no se pague a los bonistas, obvio), y un sorpresivo boom exportador, por caso de la soja, con retenciones que Machinea no tenía y, sin embargo, no intenta reducir sino que va aumentando mes a mes el gasto público.
El ministro debería ser más serio y no mentir, cuando a nadie convence, sólo para mostrarle al Presidente lo abnegado que es.
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