Lula-Menem o López Murphy podrían encaminar a polo de gran fuerza
Por una diferencia pequeña que no esperaba -tampoco la gente ni los analistas-, Carlos Menem ganó la primera vuelta electoral el 27 de abril. Ese mismo día, esa misma noche, perdió igual la presidencia porque estalló un triunfalismo que ya molestaba durante la campaña. Era notorio, además, que demasiada gente de su misma tendencia se había ido con López Murphy hasta ubicarlo tercero. En ese panorama no hubo segunda vuelta electoral pero igual Néstor Kirchner ganaba. Más allá de los exegetas del santacruceño, eso es cierto. Llegó al gobierno un hombre cuyas ideas en realidad desconocían los votantes. Sorprendió. También al gran impulsor que sólo atinó a definirlo como un "rebelde sano". Hoy sigue sin conocerse la línea de Kirchner, que es lo importante. El "estilo" importa poco a los fines de la recuperación. La gira europea no lo definió -aun habiéndose peleado con medio mundo- y la entrevista con Bush tampoco. ¿El confrontar con dureza es fruto de un desprecio real o una táctica? Porque admitamos que es un funcionario electo al que se le exige negociar una deuda de 195.000 millones de dólares sin plata para pagar, de un país recesivo desde hace 4 años, con un índice de desocupación real -sin "planes"- de 24%, no pudiendo "pasar la deuda al que sigue" -como hizo Duhalde-; que ganó el cargo con votos políticamente prestados y escasos y tiene que gobernar 4 años y medio; que no cuenta con el apoyo mayoritario de los gobernadores del peronismo; que se enfrenta a que si ganan Macri en Capital y Solá en la provincia de Buenos Aires -lo más probable, además- actuará rodeado de 37% del país que no le responde y mucho del interior, salvo la Patagonia, que no le responde mucho aunque le ha concedido confianza inicial, pero tampoco tiene seguridad de que le responderá el Parlamento. En este contexto, ¿podía salir a actuar y negociar como un "menemcito"? ¿O la cuestión es distinta y se trata de crear una fuerza que acabe con el peronismo y haga surgir una nueva corriente progresista que con ideología trate de absorber a las masas? ¿O la intención es más acotada, por ejemplo ser cabeza de una izquierda nacional pequeña pero peor aún atomizada? Las indefiniciones son muy dañinas para un país, peor todavía si está en crisis económico-social. Para el mundo de la inversión, la indefinición de un gobierno directamente es mortal. Pero nada hace avizorar que el gobierno Kirchner se vaya a definir, ni aun cuando haya acuerdo con el Fondo Monetario acordando pautas razonables. Se lo calcula destinado a vivir de "waiwer en waiwer" hasta que el mundo se canse y lo ejecute. Porque puede ejecutarlo en el mercado internacional y judicialmente. Mientras no sienta un respaldo político propio no puede perder el único entusiasmo que viene del progresismo local y de algunos "pesados" externos de izquierda, no Lula Da Silva ni Lagos de Chile, ciertamente. Todo apunta a ser una situación compleja, un país asmático con respiros y crisis donde lo peor pareciera ser desesperarse o engañarse, imaginando una decisión cercana hacia un lado u otro. Pero, ¿qué otra cosa pudiera haber pasado con un gobierno de Carlos Menem o Carlos Reutemann o López Murphy? Es ciencia ficción, desde ya, pero puede ayudar a amargarse, comparar o entender mejor el momento y sobrellevarlo.
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Lula Da Silva al 25 de mayo ya no dejaba dudas de que su gobierno de centroizquierda apunta más a la socialdemocracia chilena que al nacionalismo maximalista de Hugo Chávez y lejos, desde ya, del comunismo castrista. Pero hubiera quedado más inseguro el brasileño frente a un Menem que directamente asumió el Perón liberal posterior al año 1951. Fidel Castro -no dispuesto aún hoy a aceptar que Lula haya cambiado definitivamente Manhattan por El Malecón- sentenció: «Es el camino inicial que debe recorrer». Menem ya había demostrado en 10 años que el giro a la derecha no era redondo y sólo por eso hubiera tenido ventajas de credibilidad sobre Lula.
• Diferencia
Pero no olvidemos la diferencia de países que numéricamente se refleja en 170 millones de habitantes de Brasil contra 36 de la Argentina. El mundo comprobó, en la segunda mitad del siglo pasado, que la biotecnología moderna puede dar alimentación y buen pasar a todo país que tenga dinero, así su suelo sea un páramo (avance que fue causa principal de la decadencia argentina con tantas tierras fértiles naturales); la cantidad de habitantes interesa fundamentalmente como «mercado», actual o potencial. Además, Brasil es hoy segundo exportador mayor de carne (sin la calidad de la argentina o uruguaya) y va camino de ser una potencia agroexportadora. Entonces la extensión también le suma.
El atractivo mundial que significa Brasil, entonces -y más con un presidente abierto aunque sea sobre una nación endeudada-, no lo puede alcanzar ni ahora ni en el mediano plazo la Argentina, salvo que fuera un mecano perfecto como Suecia y se lo impide la mezcla explosiva de sangre de sus habitantes. Esto explica los cachetazos que la Argentina recibe de su vecino pese a estar en la tabla salvadora del Mercosur. Nuestro comercio exterior depende de que a Brasil le vaya económicamente bien, mucho más allá del 20% del total de intercambio que la bilateralidad representa.
La Argentina, en la medición mundial de atractivos económicos por países -cóctel de riquezas naturales, mercado poblacional, extensión fértil, mano de obra, aranceles, libertades, nivel de vida, gobiernos, corrupciones administrativas, etc.- no llega a representar como atractivo ni 1 por ciento mundial, mientras que en extensión territorial está entre los 10 primeros.
Por eso la duda que quedará para siempre es qué hubiera pasado con un Lula y un Menem peleándose por abrirse al exterior, por seducir como polo de inversiones a un mundo hoy desconcertado para el capital financiero, por la recesión, salvo en China, y merma de rendimientos. Además, sería la conjunción de gobiernos fuertes si el riojano hubiera tenido una popularidad que en definitiva no tuvo, como Lula que llegó a 52% de los votos en tremendo país.
• Imaginable
En lo interno, un Menem en lugar de Kirchner es imaginable. El riojano buscando «cambiar» se habría rodeado de jóvenes pero volvería a lo anterior: tendría que buscar los definitivos en poco tiempo como antes le sucedió. Los jueces no se hubieran tentado de plumerear viejos expedientes contra menemistas o directamente empresarios. El riojano no tendría deuda política y no malgastaría tiempo en lograr mostrar poder como lado bueno. Como malo estarían firmes los que volverían, aunque infiltrándose por persistencia, a restituir los capitales personales menguados en lo que considerarían «el recreo que ya terminó». Habría ajuste. No tan grave por la buena acogida externa pero ajuste, comenzando por aumentos tarifarios por decretos-ley, con caída del salario real, pedidos de aumentos salariales, más accionar piquetero. La vida común de los argentinos sería más dura que hoy, sin duda, también más sucia, pero más cerca la alborada y el ALCA. Sobre todo por eso: la puja Lula-Menem en las formas y minucias pero coincidentes, terminaría en abroquelarse como una fuerza no desdeñable para cualquier Hulk del mundo.




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