Montoneros, en el recuerdo
El financiamiento, las tensiones políticas y el fracaso del diario montonero «Noticias» -que se imprimió entre noviembre de 1973 y agosto de 1974- fueron investigados por la periodista Gabriela Esquivada en una tesis que publicó fragmentariamente la revista «Veintitrés». Es una mirada sin nostalgia (la edad de la periodista lo impide) ni fanatismo. Al margen, el informe adquiere otro encanto porque en aquella aventura editorial participaron dos personajes -Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso- muy ligados al gobierno de Néstor Kirchner y quienes insistían en glorificar aquella Argentina turbulenta de 1973.
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Levenson explicó que se hizo cargo de la administración general de «Noticias» «como acto militante», convocado para integrar una comisión fundacional del diario. «Yo era más bien político, participaba de parte de las FAR», detalló.
El proyecto de «Noticias» fue la resultante de la política general de las dos organizaciones armadas que mayor fuerza y presencia tenían en el país. La idea era aprovechar la gran aceptación de las masas: con la llegada de Cámpora al poder, se abrían perspectivas de legalizaciónpara el movimiento en su conjunto y para las organizaciones armadas; como un arma democrática y legal, uno de los proyectos existentes era la edición de un diario.
Levenson se integró al proyecto de «Noticias» con un puesto de dirección: administrador general de «Hoy SA», la empresa que se constituyó para editarlo y de la que no quedaron registros oficiales. El primer directorio de «Hoy SA» estuvo presidido por el ingeniero José Palma, propietario de un frigorífico, e integrado por el ex vicecanciller del presidente Héctor Cámpora, Jorge Vázquez; el empresario metalúrgico César Cao Saravia, el sindicalista de fideeros Miguel Gazzera y el general Jorge Leal (quien había encabezado la primera expedición argentina al Polo Sur), entre otros.
Se dice que la financiación provendría del rescate del « holandés», un alto ejecutivo de la Philips por el que se pide un millón de dólares», escribió Bonasso. Una versión que coincide con la de Anguita y Caparrós: «Goyo Levenson era el administrador: el que solía recibir los paquetes de dinero fresco, que venían, en buena parte, de un par de secuestros de gerentes de empresas extranjeras que los Montoneros habían cobrado en esos días». Pero Levenson fue elusivo ante el punto: «No recuerdo. Yo no intervenía mucho en eso. No, no creo. No se hizo algo específico, sino que las organizaciones de algún lado sacaron dinero. A nosotros no nos querían comprometer. Y yo menos me quisecomprometer en ese momento, ni (quiero) ahora, en afirmar que la plata salió de un secuestro».
El administrador insistió en que inicialmente las dos organizaciones financiaron el proyecto. «Necesitábamos un primer empuje, porque después el diario comenzó a tener una gran tirada e hicimos un acuerdo con (el ministro de Economía, José Ber) Gelbard para que nos pautaran (publicidad) como a los demás diarios. A los cuatro o cinco meses ya teníamos una autofinanciación, peleando siempre pero sin depender tanto de las organizaciones», argumentó.
Las líneas de crédito que Cao Saravia logró que le otorgaran al diario en los bancos Rural y de Río Negro.
«Graiver en ese momento no existía. El primer contacto que tiene Graiver con Montoneros es cuando cobran el rescate de los Born. En ese momento el diario no tenía necesidad de dinero, Graiver no intervino para nada», repitió Levenson. « Perrota nunca aportó dinero. Con él teníamos un acuerdo profesional. El cobraba por sus servicios, normalmente.» Según Gelman, en cambio, Perrota habría prestado los talleres, por lo menos parcialmente, para la confección de las películas de «Noticias». «Y eso le costó la vida», estimó, ya que fue desaparecido por la dictadura militar en julio de 1977.
El sector producción se conformó de modo colegiado: Urondo y Juan Gelman, futuro jefe de redacción de «Noticias», acordaron con Bonasso que él figuraría a cargo pero que el diario tendría una dirección colectiva.
La pertenencia a las organizaciones armadas definía los bordes de esa dirección colectiva. «Los que éramos militantes conformábamos una célula de conducción -agregó Bonasso-. Los integrantes de la dirección estábamos todos encuadrados, en la R (FAR), en la M ( Montoneros); ese era un núcleo de hierro, que estaba subordinado políticamente.»
Pero la diversidad no hizo sombra a los propietarios. Levenson aseguró que durante los primeros meses «la línea política la marcaban Montoneros y FAR, que todavía no se habían unificado, estando el diario en funcionamiento se produjo la unificación. Intervino alguna vez (Mario Eduardo)
Firmenich, por Montoneros, y por las FAR el compañero Roqué, y se suscitaron discusiones políticas.
Según Bonasso la conducción de Montoneros cometió en esos comienzos «los mismos errores que puede cometer un empresario dueño de un medio: presionar a los periodistas, hacer grosera la línea. Firmenich se quejaba de que salían pocos comunicados o noticias de los frentes de masas de la organización. En una reunión le dije: «Es mucho más importante que el diario llegue a los actores sociales antes que publique comunicados. Si nuestros frentes de masas actúan sobre el conflicto verdadero, su presencia se va a notar en el diario por su simple participación. Pero no podemos convertir el diario en un reservorio de comunicados. No vamos a vender nada».
La portada del Nº 244, del 1 de agosto de 1974, titulada «La Universidad en estado de alerta» e ilustrada con otra nota, la imagen de una olla popular del Matadero Municipal de Abasto, se cambió por «Ortega Peña asesinado», con una foto del diputado Rodolfo Ortega Peña y dos del atentado donde murió. Días después, cuando el comisario Alberto Villar atacó con golpes y gases al cortejo fúnebre dentro del cementerio, la tapa se tituló: «Entierro a lo Villar». «En los últimos días -dijo Bonasso- el diario estaba en la línea abiertamente provocadora». Se trató, según Caparrós, de «un proceso de aislamiento progresivo, que terminó de cristalizar el 6 de setiembre del '74 cuando Montoneros anunció el pase a la clandestinidad. El diario había sido cerrado una semana antes».




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