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10 de noviembre 2003 - 00:00

No mejoran u$s 1.000 millones el clima para la visita del rey

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Ni el dinero ni el atractivo periodístico lograron que Néstor Kirchner y su esposa Cristina se movieran de su actitud inicial ante sus huéspedes: la visita se recortaría a lo estrictamente protocolar, no habría efusiones delante de empresarios o intelectuales y cualquier intimidad con la pareja real tendría lugar a miles de kilómetros, en la discreta Calafate, adonde la pareja gobernante ha decidido llevar por el día a cualquiera que se atreva a pisar Buenos Aires y tenga algún protagonismo internacional. Para los santacruceños ese pasaje es como Caminito para los porteños. No podría hablarse de frialdad, es cierto, pero los Kirchner le demostrarán a los reyes que las cosas han cambiado y deben buscar en otras tierras la camaradería que les ofrecían los gobiernos anteriores.

La Casa Real entendió el mensaje desde temprano. Una estadía que comenzaría hoy, tendrá lugar mañana. «¿Para qué pasar un día más en la Argentina si hay tan pocas cosas que hacer con una agenda que fue abreviada a propósito?» comentó un funcionario español a este diario. En efecto, Juan Carlos y Sofía llegarán a Ezeiza mañana al atardecer y serán recibidos por el vicepresidente, Daniel Scioli, y el canciller Rafael Bielsa. Kirchner no está obligado a saludar a sus invitados en la escalerilla del avión y sacó partido de esa licencia. No va a estar en el aeropuerto, lo que vuelve más sencilla la liturgia de honores que prevé el ceremonial presidencial.



Para quienes conocen de cerca la relación bilateral con España, la incógnita principal de este primer intercambio entre el rey y el Presidente está escondida en un detalle: el trato que le otorgue el visitante a su anfitrión. Al parecer, cuando promediaba la breve conversación que tuvieron en Madrid en julio pasado, Juan Carlos I decidió suspender el tuteo que venía utilizando para referirse a Kirchner, al parecer irritado por algunas referencias del santacruceño a la conducta de España durante los '90. Algunos integrantes del entorno presidencial entendieron que, levantando el tono, el mandatario había conseguido ganarse el respeto del rey. Pero enseguida les explicaron que es al revés, que los reyes sólo tutean a sus pares y reservan el trato de usted para la servidumbre. Formalidades que suelen desvelar a los amantes de los detalles y el protocolo.

Desde la Casa Rosada, Juan Carlos I se dirigirá a la Plaza San Martín para realizar una ofrenda floral en la estatua del Libertador. Aníbal Ibarra recibió un llamado de atención -ahora la relación con la Casa Rosada es más exigente- y durante los últimos tres días se encargó de mejorar la capa asfáltica de la calle que rodea el paseo. A no dudar, llegará a tiempo para que pasado mañana la Corte española no advierta desprolijidades.

Juan Carlos I no irá al Congreso ya que no está prevista una Asamblea Legislativa y tampoco participará del Foro Empresarial, con hombres de negocios de ambos mundos. Kirchner hizo saber a través de la Cancillería que «la presentación con esos empresarios podría entenderse como lobbying». La Casa Real adoptó un criterio: «No queremos que don Juan Carlos ande dando vueltas por Buenos Aires, solo, como le sucedió a (Hugo) Chávez cuando estuvo en la Argentina. Irá a los lugares donde vaya Kirchner a acompañarlo».



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