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Pero los que se remontan a la historia de la política en la Ciudad de Buenos Aires no se sorprenden tanto. De hecho, la palabra «puntero», que designa a quien maneja grandes carteras de votantes, deriva de los juegos de azar porteños de principios de siglo XX. «Puntero» era el que controlaba a muchos « puntos», hombres que apostaban en un juego administrado por un «banca» o «banca de juego». Esos «punteros», entremezclados con la política, ofrecían su pequeño ejército de fieles para las elecciones, internas o generales.
Más recientemente, uno de los principales caudillos de la UCR porteña, Julián Sancerni Jiménez, también era un fanático de las apuestas, sobre todo en las carreras de caballos. Figura legendaria del barrio de Palermo, Sancerni consiguió que las internas en el radicalismo se clausuraran en Buenos Aires mucho más tarde que en cualquier otro lugar del país. ¿La razón? Permitir que los «puntos» volvieran de Palermo al cabo de la última carrera y pasaran a votar por el comité.
De conducta discreta, casi anodina, Sancerni nunca quiso ser candidato desde que, en los años '30, se lo involucró con una presunta coima que repartieron en el Concejo Deliberante porteño ( actual Legislatura) para aprobar la concesión de la compañía Chade de electricidad. Las tradiciones, como se ve, resisten al tiempo en algunas geografías.
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