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O'Connor no resultó ser como sus ex colegas en la Corte, ni un Julio Nazareno ni un Guillermo López, ya que tuvo y mantiene la audacia de demostrar que el juicio del Senado es una parodia que lastima al país, aunque este aporte a la dignidad nacional le vaya a costar, al expulsarlo, la pérdida de su haber jubilatorio al que se aferraron Nazareno y López entregando su renuncia. Puede ocurrir lo mismo con Adolfo Vázquez porque éste sabe que también concurrirá ya presentenciado a un jury en el Senado y perderá su haber jubilatorio si no renuncia. La situación de Vázquez es más insostenible al firmar un aporte extra por desarraigo a un funcionario de la Corte, Nicolás Reyes, con la chiquilinada de agregar a su firma «sí, si distribuye».
En un gobierno como el actual, que se basa más en deseos que en fundamentos para acusar, tal sonzera de Vázquez le viene de perilla. Ahora sí lo puede triturar y es casi indefendible. Aquí nadie dice que sea justo pagarle 400 millones de dólares al Grupo Meller ni que sea inocente de contrabando el Grupo Macri. Lo que está en juego es no haber castigado todo el proceso de los intervinientes en el pago y sí centrarlo donde al gobierno Kirchner le interesaba: el dominio -sumamente peligroso desde ya- de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Todos se van a ir, Moliné, Vázquez, López, Nazareno y más aun pero el primero, Moliné O'Connor lo hará sin jubilación pero con señorío, dejándole un apellido digno para cualquier actuación futura política o en el Estado a sus hijos. Tanto señorío se lleva Moliné O'Connor que están molestos la presidenta del enjuiciamiento, Sra. Cristina Kirchner y hasta muchos senadores, algunos de los cuales caen en alevosías como preguntarle sobre sentencias de 7 u 8 años atrás «¿Qué quiso Ud. decir al poner 'y si esto fuera así'?». Eso le preguntan desde sus espaldas por haberlo sentado en posición de ni siquiera ver los rostros de sus inquisidores.
Cristina Kirchner sabe del desgaste, interno y externo que un juicio-parodia le está ocasionando a ella y al gobierno por tratarse de hechos políticos que dejan secuelas. La historia todavía estigmatiza al primer peronismo que en 1948 arrasó no con «juicio político» sino «politizado» a una Corte Suprema al extremo de que 55 años después, en democracia, se enjuicia con Moliné O'Connor a un juez de la Corte. Tanto es el desgaste que deriva del juicio que aun en plena acusación y habiéndosele dado claras pruebas de que diga lo que diga será decapitado se desea fervientemente -y se tantea- todavía una espontánea renuncia del acusado.
Igualmente se plantea el mundo político si le corresponde a Cristina Kirchner ser «neutral» cuando ella preside el juzgamiento pero no dictará sentencia, como si fuera un juez, porque corresponde al Senado como cuerpo. La señora, al presidir, manifiesta abiertamente alegría cuando algún testigo compromete al acusado y se muestra severa con su abogado defensor, testigos y el propio acusado. Sin agregar que no se excusó de juzgar a un juez de la Corte la esposa del presidente de la Nación, que abiertamente se pronunció a favor de esos juzgamientos en otro poder, el Judicial, el hecho de que veteranos periodistas se muestren sorprendidos de la parcialidad de los juzgadores tiende a demostrar que es una anomalía seria lo que está ocurriendo.
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