Última tendencia en los votos para el domingo
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La izquierda en la Argentina nunca ha sido electoralmente decisiva. Su promedio de voto ha sido de 6% con algún pico de 10%. Da sólo imagen de fuerza por el copamiento de medios de difusión, financiada por empresarios antimarxistas recalcitrantes pero prebendarios del Estado. Así la utilizan como ariete para presionar por ventajas.
La izquierda es como un megáfono sonoro pero instrumento frágil. Sin embargo, el giro en el voto argentino dispuesto por un gobierno sin representatividad coincide con un régimen electoral por el cual uno de los dos partidos tradicionales, el justicialismo, fue privado de ir a elección interna para favorecer que concurran tres candidatos partidarios. Uno de ellos, Néstor Kirchner, preferido del gobierno pero incapaz de imponerse dentro del partido. Para él se dispersó peligrosamente el voto justicialista en una elección general y ni aun así se logra asegurarle una ubicación en el ballottage.
Carlos Menem parece imparable para salir primero pero el segundo lugar es más disputado. Es aquí donde el pequeño porcentual de la izquierda tradicional -seducida por el voto duhaldista pro Cuba- podría ser última tabla de salvación del santacruceño para evitar un papelón electoral que lo deje fuera de los primeros puestos pese a todo el esfuerzo y aparato duhaldista detrás.
Recuérdese que desde aumentos salariales, a subsidios o presionar gobernadores con darles o no los legítimos fondos coparticipables de provincias, según apoyen o no al candidato oficial, todo hizo el gobierno para apuntalar al candidato Kirchner. Lo último es el voto en la ONU hacia Cuba. ¿Alcanzará?
Si se observa bien estaríamos en la Tercera Alianza en 5 años.
Primera Alianza para ganar los comicios de 1999: base en Radicalismo, con figuras de su ala derecha más Frepaso de izquierda. Sumaron el voto de independientes porque la única otra alternativa era el no querido duhaldismo y Carlos Menem proscrito por cláusula única constitucional. Esa Alianza fracasó de a poco y totalmente hace año y medio.
Segunda Alianza para dar un golpe de Estado civil y tomar el gobierno en enero de 2002: aquí los autores fueron el duhaldismo, repudiado en las urnas 2 años antes, más el ala populista del propio Partido Radical en el gobierno. Esta Alianza también fracasó aunque con el disimulo de pasar todos los problemas graves como «herencia» al próximo gobierno electo y constitucional del próximo 27 de abril.
Tercera Alianza (en gestación) para la elección del domingo próximo: justicialismo populista (el mismo duhaldismo) más un candidato nacionalista y de izquierda (Néstor Kirchner) más un moderado de derecha para disimular (Daniel Scioli) más todo el peso del Estado volcado a esa fórmula oficial más, ahora, un porcentual de izquierda seducido por el voto de apoyo del gobierno provisorio a la dictadura castrista en Cuba.
No están aquí los moderados ni los independientes que son la esperanza frente a la hecatombe que sobrevendría en el país si esta fórmula se impusiera en la próxima elección.
El voto pro Cuba le podría aportar a Kirchner -y por derivación a Duhalde- buena parte del porcentual de izquierda que hasta ahora tenía la mística Elisa Carrió. Aunque nunca dejó de estar esta mujer en el quinto lugar en atracción de voto en la sociedad bajaría aún más aunque no se supone que a nivel de los socialistas que están mucho más abajo. Estos socialismos también pueden perder un porcentual de sus escasos votos seducidos por la postura hacia Cuba de Duhalde-Kirchner. Menos porcentual que los nombrados perdería el nacionalismo conservador de Rodríguez Saá. Menem y López Murphy, desde ya, no perderían votos por la aventura castrista del gobierno. Al contrario, es probable que ganen por el dislate.
Es difícil hacer ya encuestas, a 5 días de la elección que reflejen el nuevo mapa de tendencias de la sociedad. Pero, por lo señalado se podría estimar este panorama de distribución de votos para el domingo próximo:
1) Carlos Menem: Saldría primero y no es descartable, pero se plantea difícil, que ganara directamente en primera vuelta sin ballottage. Superaría 30%.
2) Ricardo López Murphy: Se cree hará muy buena elección. Hoy está proyectado segundo para un ballottage. Si llega será el más difícil rival de Carlos Menem. Si entra tercero es el mejor negocio electoral de Menem para un ballottage, porque quienes votaron inicialmente López Murphy no tendrían otra alternativa mejor.
3) Néstor Kirchner: Puede llegar a la posibilidad del ballottage sólo como consecuencia de la jugada duhaldista con Cuba. Sin eso, aún con la ayuda recibida del gobierno estaría peleando el tercer lugar con Rodríguez Saá.
4) Adolfo R. Saá: Sería una víctima de voto pro Cuba. Aunque también lo apoyó es menos creíble como hombre de izquierda que Kirchner. Una pequeña porción de votos que le reste el santacruceño lo privaría de su posición anterior donde peleaba el segundo lugar, en un eventual ballottage, con Ricardo López Murphy.
5) Elisa Carrió: Ya dudándose si llegaría a dos dígitos (10%). Aunque también se apresuró a apoyar el voto pro Cuba del gobierno para preservar caudal su religiosidad y rara mística iba a ser un voto a regañadientes de parte de 6% de la izquierda.
Todo es posible el domingo, pero, técnicamente una presidencia de Néstor Kirchner es insobrellevable para la Argentina. Representa lo menos deseable para el Fondo Monetario, para Estados Unidos, para los países europeos que se representa principalmente España y para el G-7, el grupo de países más poderosos del mundo. Quien sería ministro, Roberto Lavagna, directamente es considerado «mentiroso» en el exterior. Si Kirchner intentara prescindir de Lavagna se enfrentaría internamente hasta con el duhaldismo que lo encumbró, además de todos los otros partidos en el Congreso. En consecuencia, si llegara a presidente no tendría fuerza para gobernar solo y si es «pantalla» del poder duhaldista detrás lo repudiaría el exterior. No tendría apoyo del Fondo, sobre todo por temor a un eje Chávez, Lula, Kirchner. Al default argentino con acreedores externos se le sumaría el default con organismos internacionales por las durísimas condiciones que le impondrían. Si pretendiera seguir con el falso «veranito» de Duhalde-Lavagna tampoco podría porque se basó en pasar todos los problemas graves actuales al próximo gobierno. Son graves pero encaminables -con enormes sacrificios internos, desde ya- con un gobierno respetable para los extranjeros. Si un Kirchner pretende seguir «estirando» sin solución de fondo esos problemas (tarifas congeladas, acreedores impagos, vencimientos con organismos por 15 millones de dólares en año y medio de ellos 6.000 millones de dólares de aquí a fin de año) sería sancionado económicamente por el mundo. Un Kirchner cerrado al mundo, a su vez, ni siquiera podría sustentarse como Hugo Chávez en Venezuela, porque no tendría el apoyo de las Fuerzas Armadas ni la moneda fuerte del petróleo venezolano. Un gobierno de Kirchner sólo lo apoyaría Lula. Es poco.
• Sin carisma
No le cabe a un Kirchner proclamado presidente ni la variante de un giro al liberalismo, como Carlos Menem en 1989 porque no tiene el carisma del riojano ni su fuerza electoral, que en este caso sería prestada por el duhaldismo que jamás le aceptaría tal giro a la derecha porque con eso combatió a su enemigo Carlos Menem.
Una presidencia de Néstor Kirchner sería una hecatombe de país por un lapso breve porque terminaría gobernando Daniel Scioli dentro de una política ahí sí más racional-liberal donde el apoyo vendría de otros partidos en el Congreso y con el duhaldismo como oposición. Tampoco Lula Da Silva permitiría un Kirchner haciendo antinorteamericanismo afuera -votando por Cuba, por ejemplo- y buena letra con el Fondo y Estados Unidos dentro de la Argentina porque esa estrategia ya se la reservó el brasileño para sí y no quiere competidores sino ayudantes.
¿Es inevitable este panorama caótico para el futuro argentino inmediato si con el pequeño apoyo de la izquierda por Cuba Néstor Kirchner llega al ballottage?
No, no es inevitable. Aún llegando al ballottage Kirchner tiene pocas posibilidades. Esto surge de conocer dos falacias que el gobierno duhaldista se encargó de difundir. Una es el «voto anti-Menem». Segunda: encuestadores comprados que inventaron cifras de «a quién nunca votaría».
Es indudable que Carlos Menem no llega igual y tendrá que recuperar ese hálito de esperanza con que asumió el poder en 1989 frente a una Argentina carcomida por la hiperinflación de Raúl Alfonsín. Tampoco es el Menem votado con euforia en 1995 cuando la Argentina estaba en la plenitud económica, un poco con pies de barro pero plenitud al fin. Hoy el candidato de La Rioja acumula mucho «voto resignación» ante los demás candidatos en una Argentina reducida y entristecida. Es innegable.
De ahí a que se falseen encuestas hay un gran trecho.
Si el ballottage con Kirchner, llegando a éste y Menem enfrente si no ganó en primera vuelta. ¿A quién va a votar el alto porcentual de voto moderado y racional que en primera vuelta lo haga por Ricardo López Murphy? ¿Va a ir a un Néstor Kirchner que propone volver a nacionalizar los ferrocarriles y fue impulsor fuerte frente a Duhalde -junto con Raúl Alfonsín y Lula Da Silva- para que el país se abstenga de condenar una dictadura insostenible en Cuba que detiene y fusila opositores?
Acaso Adolfo Rodríguez Saá si él no llega ¿va a aconsejar a su masa heterogénea de seguidores que en ballottage voten al candidato oficial de su más odiado adversario político como es Eduardo Duhalde? ¿O Rodríguez Saá lo haría por Carlos Menem a quien nunca atacó con términos irreconciliables -y viceversa- como ambos convivieron en La Rioja el año pasado antes de largarse a sus respectivas campañas presidenciales?
Kirchner para segunda vuelta sólo tendría asegurado el voto de la izquierda -que es escaso- y eventualmente el de los seguidores de Elisa Carrió. Esto tampoco es seguro si la candidata se enoja porque Kirchner, con el juego de Cuba, le vació parte de su caudal.
Difícil es determinar, ya se ha dicho, qué pasaría si el ballottage se diera entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy. Aquí se piensa que Rodríguez Saá aconsejaría a los suyos sumarse al riojano y los otros (Kirchner y Elisa Carrió) a López Murphy. En Duhalde por odio a Menem y en Elisa Carrió por alguna simpatía hacia López Murphy por el origen radical, aunque ideológicamente estén en las antípodas. No olvidemos que en el último ballottage en Francia la izquierda ordenó votar al odiado derechista Jacques Chirac ante el rival ultraderechista Le Penn.
Menem contra Adolfo Rodríguez Saá, en un ballottage, contaría con apoyo racional y moderado que sigue a López Murphy.
No puede negarse que nada es totalmente previsible en una elección, desde ya. Pero son más sólidas las posibilidades de triunfo de candidatos de la moderación, de la racionalidad económica y propicios a no haber cambiado el voto hacia Cuba. Si hubiera que inclinarse cabe pensar que la Argentina que surja del 27 de abril o del 18 de mayo, si hay ballottage, está más cerca de un gobierno libreempresista, racional en el trato de la economía, con asentimiento del exterior para superar la herencia pesada del duhaldismo, que lo inverso.




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