17 de abril 2003 - 00:00

Un panorama alarmante

Detrás de lo que hizo Eduardo Duhalde, favoreciendo ante el mundo a Cuba, cuando en este país se detiene a los opositores y se fusila a tres con apenas juicio sumario, es muy difícil calcular el beneficio para este insólito bonaerense, presidente designado y no electo para tomar una decisión así.

Dentro de lo despiadado de su dictadura de 44 años pueden elucubrarse algunos razonamientos que expliquen esta atroz decisión de Fidel Castro de ensangrentar más su tenebrosa trayectoria. Puede pensarse desde una enajenación mental por su edad a desafiar más a Estados Unidos para que actúe por la fuerza contra su régimen y le asegure una inmolación final con aspiraciones de gloria para una gestión marxista que él sabe insostenible más allá de lo que le reste de vida. Como marxista ilustrado conoció siempre los finales impiadosos de dictadores de su misma ideología, desde Stalin hasta Ceaucescu o Erich Honecker, que murió en Chile tras la caída del Muro de Berlín y perder el poder en la ex Ale-mania oriental.

O, por el contrario, busca Castro un refuerzo extremo para la posibilidad de que la dictadura de izquierda de Cuba -algo difícil-pueda intentar permanecer más allá de su propia muerte. En este caso les está diciendo algo a sus subalternos, con las detenciones y fusilamientos casi demenciales pocos días antes de que en la ONU se lo vaya a juzgar una vez más anualmente. El mensaje sería: «Volver al comienzo de nuestra revolución cubana, a las fuentes». Eso es a la época cuando no se titubeaba en sacrificar a cualquiera, desde uno de los principales colaboradores en la toma de Cuba, como el comandante Huber Mattos, a miles de otros que hizo pudrir en la cárcel o directamente fusilar. Algo que alguna vez «fue consolidar la revolución» hoy es simplemente carnicería humana.

Quizás esto de matar siempre, aterrorizar siempre, negar la libertad siempre, sea la propuesta no ya sólo para cubanos sino también para latinoamericanos como única forma posible de hacer subsistir a un régimen comunista en un mundo que ha negado al marxismo y lo ha relegado a nivel de escasas excepciones a la democracia.

Tiene que haber, entonces, un mensaje más trascendente en este gesto sangriento de Fidel Castro de sólo forzar más la repulsa mundial para robustecer su frente interno de apoyo, cada vez más agrietado por el envejecimiento del dictador y por verse a lo lejos la tibia alborada de la libertad para Cuba.

Pero, sinceramente, nadie ve aquí una ganancia clara para Eduardo Duhalde acompañando a un dictador decrépito en una de las últimas carnicerías que la historia le permitirá.

• Enajenación

Puede pensarse -y se ha hecho- en que agotadas todas las formas de demagogia criolla para apuntalar a un candidato (que no asegura hasta ahora continuidad al duhaldismo) a 10 días de las elecciones, se haya pensado en sumar otro sector de votantes al posible voto cautivo de los millones de subsidiados, de los pasados a engrosar el Estado con el empleo público concedido, de los piqueteros pagados, del asistencialismo, de los endulzados por las «manzaneras», de los aportados por caudillos provinciales discriminados con más pagos desde el Estado.

Eso es el duhaldismo electoral base. Es costoso mantenerlo, pero no es mayoría.

Concretamente, la enajenación particular de Duhalde -no dejar el poder- lo debe haber hecho elucubrar: «sumemos a nuestro clientismo una masa de izquierda flotante». No grande, pero sí capaz de acercar a Néstor Kirchner, el candidato oficial, por lo menos a la posibilidad de un ballottage. La derivación inmediata de ese pensamiento de desmerecer la nación votando lo que Cuba quiere para sumar izquierda a Kirchner es que no sería posible arrebatarles esa izquierda pura y más inteligente a líderes de ese sector, como Luis Zamora en una punta y el socialismo de Bravo en la otra, pero sí al izquierdismo intermedio y más timorato. Por ejemplo, el que podría estar junto a una Elisa Carrió a la que no le ven chance de llegar al ballottage y, entonces, hay que extraerle adeptos. Carrió, ante la maniobra, también apoya a esta Cuba sangrienta.

Hay consecuencias temibles y hasta ahora no pensadas en esta decisión de cambiar la votación sobre Cuba en la ONU en momentos en que el mundo y hasta antiguos defensores del castrismo repulsan a Fidel Castro. Por caso, que si con tantos artilugios desde el poder por imponer al candidato Kirchner éste lograra ser consagrado en las urnas sumando izquierda entraría en peligro no sólo la recuperación de la economía sino también la democracia en la Argentina.

Es también inevitable la derivación. Con el santacruceño Kirchner y la posibilidad de que lleve junto a sí a Roberto Lavagna a un eventual gobierno significaría, automáticamente, la repulsa internacional de los países acreedores y del Fondo Monetario. La Argentina sería obligada a pagar sus deudas sin perdón o plazos posibles. Pero además un candidato como Kirchner, exigiendo a Duhalde el voto a favor de Cuba pese a detenciones y fusilamientos, deja traslucir un tremendo desapego a los derechos elementales del hombre y por tanto a las formas democráticas.

Fundidos y aislados del mundo en lo externo y sin libertad ni democracia en lo interno es algo que alarma con sólo pensarlo como futuro próximo para la Argentina. Se presiente que no podrá ser, que los argentinos son díscolos y desavenidos. No a nivel de suicidas. Pero el peligro está, ha sido revelado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar