Vuelve Duhalde pero elude quejas sobre su heredero
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Ya la semana pasada, el veterano Manuel Quindimil despotricó porque Kirchner no avisa cuando él o sus ministros van a visitar Buenos Aires. Ese es el más tibio de los reproches que algunos PJ exponen contra el Presidente y que, salvo entre ellos, no pueden confesar a nadie.
No pueden hacerlo, claro, ante Felipe Solá: contra el gobernador también acumulan maldiciones, como el trato que les dio respecto de la polémica ley de tragamonedas en la Legislatura provincial.
Pero desde Europa, Duhalde advirtió a los suyos que ve bien lo que está haciendo su sucesor y que su decisión es «no meter-se en problemas»; es decir, no confrontar con Kirchner.
«Todavía no me recuperé. Recién ahora me estoy relajando pero un mes no alcanza», le confesó a un ex funcionario suyo con quien se cruzó en Italia días atrás, adonde el bonaerense se dedicó a leer libros de historia -sus preferidos-y ensayos sociológicos sobre globalización.
Con eso despunta su nueva pasión, la ufanía de conferencista. Como recibió invitaciones de universidades de España y Jorge Remes Lenicov le arrimó una idea para brindar una charla en la ONU, Duhalde comenzó a cerebrar un «speech» para explicar lo que él denomina el «caso argentino».
Alienta el ex presidente la intención de salir a comentar en circuitos académicos cómo, en pocos meses, el país se recuperó del incendio social, político y económico de fines de 2001 y comienzos de 2002. De algún modo, un recurso para seguir descansando.
Distinto es lo que le espera a su esposa, Hilda Chiche Duhalde. Como es candidata en Buenos Aires, saldrá de campaña -lo hará recién en agosto-y además se dedicará a trabajar en la cuestión social, rubro en el que no quiere perder terreno ante Alicia Kirchner, su reemplazante.




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