25 de junio 2003 - 00:00

Vuelve Duhalde pero elude quejas sobre su heredero

En pleno invierno, Pinamar puede convertirse este fin de semana en una efímera meca duhaldista. El viernes, luego de 32 días fuera del país, el matrimonio Duhalde volverá y rápidamente el ex presidente tiene previsto desembarcar en la costa, para huir del acoso de sus fieles.

Esa será la primera señal de la conducta que Duhalde tendrá, al menos en la etapa inicial, frente al rumbo que Néstor Kirchner impone a su gestión: recluirse para evadirse de la presión de los caciques del duhaldismo que reniegan, por ahora en privado, del santacruceño.

Por eso, es probable que en caravana, peronistas del conurbano desplazados del gobierno desfilen el sábado hacia Pinamar para elevarle reclamos a su jefe. De hecho, hace días los duhaldistas rastrean fecha y hora exacta del regreso para armar una fiesta de bienvenida.

Pero Duhalde ya les avisó -a algunos por teléfono, a otros cara a cara-que no quiere lamentos. Por eso, su segundo gesto en favor de Kirchner sería mudarse a Uruguay, alternativa que le permitirá estar cerca de su familia y a la vez salir del ojo público.

No se sabe todavía qué destino elegirá. Una opción es usar la casa que Ramón Puerta tiene en Punta Carrasco -se la pidió al misionero antes de abandonar el país el 25 de mayo junto a Lula Da Silva-; la otra, ir a Montevideo, adonde el fin de semana envió a un amigo a recorrer inmobiliarias.

Su propósito, sea cual fuere la elección final, es impedir que su casa de Lomas de Zamora se convierta en un sitio de peregrinaje permanente de duhaldistas quejosos que vayan a escupirle sus lamentos por la sumisión a la que los tiene sometidos Kirchner.

Ya la semana pasada, el veterano
Manuel Quindimil despotricó porque Kirchner no avisa cuando él o sus ministros van a visitar Buenos Aires. Ese es el más tibio de los reproches que algunos PJ exponen contra el Presidente y que, salvo entre ellos, no pueden confesar a nadie.

No pueden hacerlo, claro, ante
Felipe Solá: contra el gobernador también acumulan maldiciones, como el trato que les dio respecto de la polémica ley de tragamonedas en la Legislatura provincial.

Pero desde Europa, Duhalde advirtió a los suyos que ve bien lo que está haciendo su sucesor y que su decisión es «no meter-se en problemas»; es decir, no confrontar con Kirchner.

«Todavía no me recuperé. Recién ahora me estoy relajando pero un mes no alcanza»,
le confesó a un ex funcionario suyo con quien se cruzó en Italia días atrás, adonde el bonaerense se dedicó a leer libros de historia -sus preferidos-y ensayos sociológicos sobre globalización.

Con eso despunta su nueva pasión, la ufanía de conferencista. Como recibió invitaciones de universidades de España y
Jorge Remes Lenicov le arrimó una idea para brindar una charla en la ONU, Duhalde comenzó a cerebrar un «speech» para explicar lo que él denomina el «caso argentino».

Alienta el ex presidente la intención de salir a comentar en circuitos académicos cómo, en pocos meses, el país se recuperó del incendio social, político y económico de fines de 2001 y comienzos de 2002. De algún modo, un recurso para seguir descansando.

Distinto es lo que le espera a su esposa,
Hilda Chiche Duhalde. Como es candidata en Buenos Aires, saldrá de campaña -lo hará recién en agosto-y además se dedicará a trabajar en la cuestión social, rubro en el que no quiere perder terreno ante Alicia Kirchner, su reemplazante.

Dejá tu comentario

Te puede interesar