25 de junio 2003 - 00:00

Y Köhler cantó

Solo, en el medio del escenario, con todas las butacas vacías y mínimos testigos, ayer por la mañana Horst Köhler se permitió uno de los mayores lujos de su vida: cantó en el Colón. En rigor, apenas ensayó unas estrofas de una melodía popular alemana que ni siquiera pudo ser reconocida por el músico profesional que lo guiaba, el director del Teatro, Gabriel Senanes, tal vez por demasiado culterano en la materia. El episodio se registró cuando, en el medio de una visita pedida por el titular del FMI -vía Economía y Presidencia-cuando sorprendido por el tamaño del escenario, preguntó: «¿Y cómo se prueba la acústica?». Divertido, Senanes le respondió: «Cantando». Y Köhler cantó.

Más de 45 minutos estuvo el visitante en el Colón -«no podía pasar por Buenos Aires sin conocerlo», confesó-, curioseando instalaciones, talleres, saludando a trabajadores, sorprendiéndose por algunas pinturas y especialmente por el salón blanco: «Ya no quedan recintos de este tipo en Europa», señaló. Para justificar su visita, dijo: «Para mí, la ópera es el relax que utilizo en medio del trabajo y de los análisis económicos». Senanes, en la onda humorística, replicó: «Fíjese que, por el contrario, la ópera para mí es el trabajo».

Preguntas sobre la historia del teatro, quiénes cantaron allí -seguramente mejor que la breve audacia de Köhler-y, por supuesto, fiel a su dedicación, el alemán del FMI interrogó sobre el presupuesto del Colón, cómo se constituía, cómo se gastaba y si había generosos donantes (se decepcionó en este último aspecto por la avaricia privada). Al irse, asombrado otra vez del escenario, lo observó como si nadie fuera a creer que él mismo allí había cantado como si fuera bajo la ducha. Le van a creer quienes saben del poder del acreedor.

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