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Durante el gobierno de Menem, Charlas de Quincho nos hizo sonreír con chistes sobre dicho ex presidente en el sentido de que creía estar por encima de Dios. Y algo de eso parece ocurrir en tanto no le fueron suficientes diez años. Los ejemplos sobran y van desde el «democrático» Shuberoff hasta las intenciones presidenciales perpetuas de casi todos los militares que ejercieron esa máxima jefatura, pasando por una gran cantidad que sólo desean tener el título de gerentes, rectores o directores generales, etc., donde jamás habrá lugar para un segundo cargo.
Parecería que en nosotros hay una certeza interna que no debe ser discutida, un mesianismo sobre nuestra propia realidad que sentimos incontrastable.
Pero aquellos parecen empalidecer ante lo conocido en estos días respecto de quienes deciden sobre «Telenoche Investiga». En efecto, hubo razonables críticas en el primer programa por la forma en que difundieron el asunto del padre Grassi, en tanto apareció una sola persona desconocida que supuestamente había sido perjudicada y sin dar oportunidad de que los televidentes observen la otra campana, que otros medios les permitieron exponer y a cara descubierta.
Tamaña explicación permitiría sospechar que finalmente es real aquello de que Dios es argentino y podría estar entre nosotros. Por lo tanto, la Iglesia, en vez de criticarlo, debería preocuparse por obtener más datos de dicho directivo, ante la trascendencia espiritual que ocasionaría tal descubrimiento para sus fieles de todo el orbe.
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