26 de julio 2001 - 00:00

EEUU: ¿Nuevo enfoque o nuevo aislamiento?

Washington - Calentamiento global. Armas de baja potencia. Armas bacteriológicas. Defensa misilística. La joven administración de George W. Bush está construyendo con determinación una nueva política económica para los Estados Unidos.

Todos los presidentes intentan dejar su sello en la historia tanto en política exterior como doméstica, pero tradicionalmente se han valorado la consistencia y el gradualismo en la esfera internacional, algo que -según algunos-ha sido dejado de lado en esta oportunidad.

«Este es un cambio radical en el curso de la política exterior estadounidense que, creo, es mucho más estridente que lo previsto tanto por analistas norteamericanos como por funcionarios extranjeros», dijo Charles Kupchan de la Brookings Institution.

Según Alton Frye, del Consejo para las Relaciones Exteriores: bajo la administración Bush «ha habido más rupturas con la línea previa en política internacional que en cualesquiera de las otras presidencias recientes».

Anticipos

Bush, un novato en asuntos exteriores, había dejado en claro en la campaña presidencial del año pasado que favorecía un plan de defensa misilística que podría violar el Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) de 1972, así como recortes unilaterales en armas nucleares y una reestructuración de las fuerzas armadas. También había señalado su visión pesimista sobre el Protocolo de Kyoto destinado a reducir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero.

Sin embargo, él y su rival demócrata
Al Gore, así como el electorado, prestaron más atención a los asuntos domésticos, con lo que esos temas de seguridad nacional fueron tratados de manera vaga o directamente ignorados del todo.

Desde que asumió el poder hace seis meses, Bush, secundado por un equipo de asesores experimentado y mayoritariamente conservador, ha comenzado a esbozar los detalles de su agenda de seguridad, sin dudar a la hora de echar por la borda tratados internacionales establecidos y acuerdos dolorosamente negociados con países aliados y otras naciones durante muchos años.

«Con su persistente actidud de 'Estados Unidos primero' y con su rechazo a siquiera discutir las claves de su política exterior y de seguridad, se ha enemistado con casi todos los actores importantes de la escena internacional», escribió el columnista británico Andrew Gumbel en el diario «The Independent».

Atento al resentimiento generado por el rol de los Estados Unidos como única super-potencia, Bush y sus principales asesores habían prometido más «humildad» en la política exterior del país. Sin embargo, cada vez son más acusados de arrogancia y unilateralidad.

Bush ha declarado su intención de abandonar «en meses, no en años» el tratado ABM, la piedra basal del régimen internacional de control de armas, ni bien su agresivo nuevo programa de defensa misilística choque con las restricciones de ese acuerdo.

Mientras inicia consultas con Rusia sobre un posible acuerdo bilateral para reemplazar el ABM, Bush ha deja-do en claro que seguirá adelante con su proyecto de escudo, con o sin un acuerdo.

Indignación

Los Estados Unidos quedaron también aislados cuando sus aliados europeos y Japón decidieron avanzar con el Protocolo de Kyoto esta semana a pesar del rechazo de Washington.

El equipo de Bush acordó la semana pasada asistir a discusiones promovidas por las Naciones Unidas para llegar a un tratado que permita reducir mediante acciones voluntarias de cada país la cantidad de pequeñas armas que circulan en las zonas conflictivas del mundo. Sin embargo, gobiernos de Africa y Europa se mostraron indignados por el rechazo de Washington a apoyar dos provisiones muy populares para regular la posesión civil de armas militares y restringir su tráfico a movimientos rebeldes.

Ayer, la administración dio otro paso contra la corriente internacional al anunciar formalmente su decisión de no apoyar un protocolo destinado a hacer cumplir una convención que hace 30 años ilegalizó las armas biológicas (ver aparte).

¿Es esto liderazgo?
Ivo Daalder, un ex asesor de Bill Clinton, subrayó que «el liderazgo implica que la gente seguirá una decisión»; en muchos aspectos cruciales, esto no está pasando con Bush, señaló.

Según este observador, el presidente propugna un «unilateralismo amigable» afirmando: «Haré lo que deba hacer. Estoy absolutamente convencido de que estoy en lo cierto y de que los desacuerdos (de amigos y aliados) no me molestan en lo más mínimo».

Mientras Bush «puede terminar probando que tiene razón en lo que hace a la defensa antimisiles, su aproximación al tema termina agriando las relaciones con aliados y otros potenciales futuros, como Rusia, por lo que los costos pueden resultar demasiado elevados», explicó Daalder.

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