Brindamos a continuación dos análisis de hechos que ocurren hoy en Europa. Tienen particular relación con la Argentina, que soporta hoy desbordes en sus calles con tendencia al anarquismo y con el resultado de graves daños a la propiedad privada y pública. Desde ya hay una diferencia: en España e Italia no hay ahorristas cuyos derechos más elementales, la propiedad de sus ahorros colocados en bancos, fueron violentados. Allá todo es politizado sin vinculación económica inmediata. Aquí la crisis económica impulsa a manifestantes que preferirían quedarse en sus casas, que han sido ajenos en sus vidas a este tipo de manifestaciones y casi se han visto obligados a participar como intento, comprensible, de resguardar sus derechos. Pero aquí también desde los «escraches» hasta las marchas de ahorristas y «cacerolazos» está el componente político de algunos sectores que aprovechan, se infiltran y activan la violencia entre manifestantes pacíficos. Esto es lo criticable porque, además, se está usando el dolor de damnificados legítimos a los que, además, odian por «burgueses» aunque ahora los usen como excusa.
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Salvo su breve y brusco paso por la política (durante la gestión del presidente Felipe González) es considerado intachable su accionar a diferencia de los jueces italianos de «mani puliti» que terminaron, en su intento de imitarlo, bastante desteñidos y algunos hasta acusados. Ni decir el mamarracho en que derivaron jueces argentinos que intentaron remedarlo aquí con parcialidad, pasados oscuros a blanquear y desvirtuando muchas veces la ley.
Lo que se le reconoce a Garzón es, precisamente, total honestidad, absoluta imparcialidad -hacia el lado político que fuere- y búsqueda de extensiones, discutibles o no, pero dentro de la ley.
Además, ningún intento de promoción en la prensa, aunque la tiene, pero inevitablemente espontánea frente a su impactante accionar jurídico.
Baltasar Garzón también -hay que decirlo, para no caer en típicas utopías argentinistasejerce en un país que paga una vida digna a sus magistrados como para que tengan su cabeza puesta en su delicada tarea.
Este magistrado acaba de sorprender en estos días a España y al mundo: dispuso que el partido político vasco Batasuna, vinculado y representante de la organización terrorista ETA, pague 18 millones de euros (poco más de 16 millones de dólares) por daños que causó su violencia callejera, concretamente su organización de activistas Segi sucesora, desde el año pasado, de Haika como lo era ésta de Jarrai entre los «cachorros» del terrorismo vasco aunque están éstos en un escalón más abajo, directamente en la ejecución. Al poner en prisión a 11 militantes de la Segi el juez consideró a los imputados inductores de 46 delitos de terrorismo en sus modalidades de estragos, incendios, atentados y otras formas.