El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por suerte, en la imaginación caben más soluciones que en la realidad. Por ejemplo, puede usted contactar al tío político de su cuñado que juega al tenis con un diputado para zafar de una multa fotográfica que le sacaron en La Rioja, en un viaje que nunca hizo hacia comienzos de siglo XII. O también, volver a la convertibilidad, financiar la compra de la mercadería robada y lograr ese amparo que tanto gestionó en los juzgados.
Ni a Emett Brown, el despeinado profesor de «Volver al futuro», se le hubiera ocurrido una solución tan sencilla para enderezar el destino de la crisis que, lamentablemente, ya ocurrió.
Con la instauración del «corralito», el crecimiento de la pobreza y el modelo de la devaluación, se buscaron soluciones de las más diversas índoles para sobrevivir a las nuevas medidas. Cuando las legales fallaron y el seguro de toda la vida se declaró en convocatoria, se recurrió a una segunda fase de acción: plegarias en santuarios y templos. Sin embargo, el milagro no llegó. No salieron todos los amparos ni le devolvieron sus dólares. El tercer plan, es la imaginación.
Con las vacaciones, todo cambió. Es posible quejarse y ser escuchado, recuperar las pérdidas y solucionar ese problemita de liquidez que tanto molestó al bolsillo durante 2002.
Dejá tu comentario