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Lamento no entender al fiscal Stornelli

Agregué que como director no iba a censurar ni sancionar a un humorista que no lo mostró a Stornelli en su caricatura con falsedades como travesti, ladrón, delincuente u homosexual, que sí suponía hubieran sido ofensas por insultar en lo personal (el humorista, con ese sentido «de calle» que tiene, los puso a Stornelli y a Urso como Don Quijote y Sancho Panza irrumpiendo a caballo y burro en una reunión de gabinete de Menem). Que he escrito que el episodio «armas» lo inventó «Clarín» para sancionar por una cuestión privada sentimental a Oscar Camilión (lo hicieron renunciar), que era ministro de Defensa y que luego se le da un uso político, nuevo y más amplio, al «caso armas» que es al que se suman Stornelli y Urso. También dije que en opinión periodística, así fuera cualquier revista o diario que azuzó a la Justicia hubiéramos criticado igual. Que nunca lanzamos el absurdo de considerar a Stornelli «asesino» sino que la infografía ilustrativa de una nota de otro periodista se basaba en el texto que sostenía que hay hombres que adquieren un lugar en la historia no por sus méritos sino por haberse cruzado con algunos personajes real-mente meritorios. Puede ser Marco Bruto, que asesinó a Julio César; el mayor Terán, al Che Guevara, pero otros no porque mataron, como Salieri por crítico de Mozart, el general Farrell por haber ordenado meter preso al entonces coronel Juan Perón, y otros.
En esa línea consideramos en el diario que Stornelli será recordado no por el valor de su escrito contra Carlos Menem, que nos parece malo y politizado, sino por haber pedido y obtenido por primera vez en la historia argentina la detención de un presidente constitucional, elegido por los ciudadanos dos veces y que le había aportado un considerable progreso al país. Que considerábamos -y consideramos-que el pedido de Stornelli que le concedió el juez Urso es una aberración, como lo dicen muchos juristas (Bidart Campos, Arslanian, Gil Lavedra, Alfonsín, el mismo Zaffaroni, etc). Por tanto, ni en el fondo ni en la forma el diario podía rectificarse o silenciarse, porque sería negarse como prensa libre y como periodistas frente a lo que creemos.
El abogado Cueva dijo: «No comparto su opinión sobre los méritos de Menem como presidente». Le respondí: «No tiene por qué compartirlos, yo lo creo así. Y supongo que Stornelli también porque se hizo fotografiar junto a Menem cuando era presidente».
Insistió en que no nos referiríamos a ese pedido de prisión por «jefe de asociación ilícita» que redactó Stornelli. Le expresé que lo consideramos malísimo, una aberración que alarmaba a un ciudadano común y que tenía que hacer referencia porque por eso estábamos allí, por criticarlo en un funcionario público que está expuesto a la crítica de la prensa o lo contrario sería dictatorial y fascista.
Insistió con la abogada que lo acompañaba en la forma de la crítica y en la infografía, donde se lo vinculó a persona-jes famosos de la historia, que lo ofendía a Stornelli. Le expresé lo ya publicado en el diario, que cuando se trata precisamente de funcionarios públicos, aun miembros del Poder Judicial, hay fallos de la Corte Suprema (29/9/98) que aceptan que la crítica del periodista puede ser «cáustica, vehemente, hiriente, dura o irritante».
Cueva respondió que eso era «una doctrina de 1769». Le respondí que desconocía eso pero que es fallo actual de la Corte Suprema.
No pudo surgir un acuerdo y dimos por concluida la mediación.


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