13 de septiembre 2001 - 00:00

Lamento no entender al fiscal Stornelli

Lamento no entender al fiscal Stornelli
En Sarmiento al 2200 concurrí ayer a una audiencia, de eventual conciliación prevista para juicios civiles, con el fiscal Carlos Stornelli. Concurrí con una abogada, María del Bono. El fiscal que pidió mandar preso -y lo logró hasta ahora del juez Jorge Urso-a Carlos Menem lo hizo con dos letrados, María Ladereche y Rubén Cueva, más su esposa, que también es abogada. En total 4 letrados contra uno y un lego. Se hizo la acotación del detalle y el abogado Cueva expresó: «Seremos 4 abogados pero no tenemos el poder de un periodista».

Lo rectifiqué: «Tienen el poder de meter gente presa, el periodista no».

Aclaré que de las mediaciones siempre acepto que la abogada que cita no puede ser testigo de parte ni se puede usar en juicio lo expresado allí. Pero no lo otro que enuncian: confidencialidad de lo que se hable y trate en dicha mediación. Al oponerme a la confidencialidad, la otra parte lo aceptó.

Luego Cueva -el único que expuso con amplitud de los 4-dijo que Stornelli se sentía ofendido por la «forma» de la crítica en el diario Ambito Financiero a su actuación en el caso Menem-armas. Que no hacían hincapié en que se criticara su resolución sobre esa interpretación tan especial de la «asociación ilícita» pero que no le gustaron (a Stornelli) y considera ofensivo «ciertas expresiones humorísticas (caricatura que se publicó en el diario el 6 de julio), que se lo vincule con 'Clarín' y que se lo compare con asesinos». Agregó que si no mediaba una «rectificación» irían a la Justicia para pedir un resarcimiento económico a la presunta ofensa.

Respondí que no podía rectificarme; que 47 años en la profesión me daban experiencia para saber cuándo, yo o el diario, caíamos en excesos; que en ese lapso de profesión, dejando los insólitos juicios laborales aparte, en la Argentina ni el diario ni yo tuvimos más que una condena. Fue de pago de «25 australes» (curiosamente aplicada, cuando era camarista, por el ex juez Eugenio Zaffaroni, al único que Stornelli ahora le admite una crítica en el diario Ambito Financiero por ser letrado y no lego como los periodistas).

Stornelli apenas si intervino una vez: para decir, con orgullo, que mis 47 años de periodismo eran «mucho más» que su edad, algo que no deja de alarmarme en cuanto a en manos de qué inexperiencia judicial están la libertad, honra y bienes de los ciudadanos argentinos, aparte de no ser designados por concurso sino por algún «mentor» político. Poco serio.

Agregué que como director no iba a censurar ni sancionar a un humorista que no lo mostró a Stornelli en su caricatura con falsedades como travesti, ladrón, delincuente u homosexual, que sí suponía hubieran sido ofensas por insultar en lo personal (el humorista, con ese sentido «de calle» que tiene, los puso a Stornelli y a Urso como Don Quijote y Sancho Panza irrumpiendo a caballo y burro en una reunión de gabinete de Menem). Que he escrito que el episodio «armas» lo inventó «Clarín» para sancionar por una cuestión privada sentimental a Oscar Camilión (lo hicieron renunciar), que era ministro de Defensa y que luego se le da un uso político, nuevo y más amplio, al «caso armas» que es al que se suman Stornelli y Urso. También dije que en opinión periodística, así fuera cualquier revista o diario que azuzó a la Justicia hubiéramos criticado igual. Que nunca lanzamos el absurdo de considerar a Stornelli «asesino» sino que la infografía ilustrativa de una nota de otro periodista se basaba en el texto que sostenía que hay hombres que adquieren un lugar en la historia no por sus méritos sino por haberse cruzado con algunos personajes real-mente meritorios. Puede ser Marco Bruto, que asesinó a Julio César; el mayor Terán, al Che Guevara, pero otros no porque mataron, como Salieri por crítico de Mozart, el general Farrell por haber ordenado meter preso al entonces coronel Juan Perón, y otros.

En esa línea consideramos en el diario que Stornelli será recordado no por el valor de su escrito contra Carlos Menem, que nos parece malo y politizado, sino por haber pedido y obtenido por primera vez en la historia argentina la detención de un presidente constitucional, elegido por los ciudadanos dos veces y que le había aportado un considerable progreso al país. Que considerábamos -y consideramos-que el pedido de Stornelli que le concedió el juez Urso es una aberración, como lo dicen muchos juristas (Bidart Campos, Arslanian, Gil Lavedra, Alfonsín, el mismo Zaffaroni, etc). Por tanto, ni en el fondo ni en la forma el diario podía rectificarse o silenciarse, porque sería negarse como prensa libre y como periodistas frente a lo que creemos.

El abogado Cueva dijo: «No comparto su opinión sobre los méritos de Menem como presidente». Le respondí: «No tiene por qué compartirlos, yo lo creo así. Y supongo que Stornelli también porque se hizo fotografiar junto a Menem cuando era presidente».

Insistió en que no nos referiríamos a ese pedido de prisión por «jefe de asociación ilícita» que redactó Stornelli. Le expresé que lo consideramos malísimo, una aberración que alarmaba a un ciudadano común y que tenía que hacer referencia porque por eso estábamos allí, por criticarlo en un funcionario público que está expuesto a la crítica de la prensa o lo contrario sería dictatorial y fascista.

Insistió con la abogada que lo acompañaba en la forma de la crítica y en la infografía, donde se lo vinculó a persona-jes famosos de la historia, que lo ofendía a Stornelli. Le expresé lo ya publicado en el diario, que cuando se trata precisamente de funcionarios públicos, aun miembros del Poder Judicial, hay fallos de la Corte Suprema (29/9/98) que aceptan que la crítica del periodista puede ser «cáustica, vehemente, hiriente, dura o irritante».

Cueva respondió que eso era «una doctrina de 1769». Le respondí que desconocía eso pero que es fallo actual de la Corte Suprema.

No pudo surgir un acuerdo y dimos por concluida la mediación.

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