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Bajar el gasto con transparencia pareciera ser políticamente imposible. Como secuela de lo cual la economía nacional ha estado anémica, desde hace años. Y lo seguirá estando.
En el gobierno pareciera que nadie cree que puede existir un camino diferente, capaz de devolver dinamismo a una sociedad desalentada. Dejemos de lado, por un momento, el accionar insólito de algunos jueces argentinos incapaces de detenerse a medir las verdaderas consecuencias de sus actos pensando que no generan reacciones, más allá del «Guinness Book of Records».
La historia ya ha empezado a juzgarlos. Desde todos los colores del espectro político. Y será implacable. Porque el elevadísimo costo de las aventuras iniciales recaerá, inevitablemente, sobre nuestros hijos y nietos.
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