13 de agosto 2001 - 00:00

Charlas de Quincho

Fin de semana con bodas, cumpleaños y homenajes. En la Costanera un diputado cavallista se casó con su novia anticuaria. Obviamente, el tema fue el informe presentado por una voluminosa diputada, al que se le dedicaron adjetivos como «improvisado», «inconsistente» y otros por el estilo. En la Biblioteca Nacional antiguos colaboradores, pero también opositores, recordaron la progresista gestión de un presidente. Como ahora, al primer mandatario se lo hizo blanco de dolorosas críticas desde el humorismo. La reacción, sin embargo, fue diametralmente opuesta. En Puerto Madero un tradicional restorán cambió de dueño y de decoración; también de menú. Allí nos enteramos de que otro argentino talentoso rescató casi de la desaparición a una automotriz italiana, símbolo de excelencia. También se comentó el curioso caso de quien hoy puede ser considerado el mejor jugador de fútbol de la Argentina, pero que desconcierta a propios y ajenos. Veamos.

Cumpleaños en el renovado Piperno, ahora en manos de Daniel Lalín. La empresaria Graciela Grimberg festejó con el dueño de casa, Hugo Sofovich, y su esposa Celia. En otra mesa, los abogados Raúl Plée, Julián De Diego y Alberto Piotti hablaron de otras pasiones. / Hugo Anzorreguy baila con la novia; Any Costaguta con el novio. Noche de bodas para Alberto Allende Iriarte y Margarita Althube, que fue utilizada para expresar el desconcierto que provocó el “informe Carrió”. / Arturo Frondizi fue objeto de mordaces humoradas por parte de Landrú desde su revista “Tía Vicenta”. Pero a diferencia de otros presidentes que lo sucedieron, las soportó con una sonrisa.
Cumpleaños en el renovado Piperno, ahora en manos de Daniel Lalín. La empresaria Graciela Grimberg festejó con el dueño de casa, Hugo Sofovich, y su esposa Celia. En otra mesa, los abogados Raúl Plée, Julián De Diego y Alberto Piotti hablaron de otras pasiones. / Hugo Anzorreguy baila con la novia; Any Costaguta con el novio. Noche de bodas para Alberto Allende Iriarte y Margarita Althube, que fue utilizada para expresar el desconcierto que provocó el “informe Carrió”. / Arturo Frondizi fue objeto de mordaces humoradas por parte de Landrú desde su revista “Tía Vicenta”. Pero a diferencia de otros presidentes que lo sucedieron, las soportó con una sonrisa.
• Había que tener hormonas de acero para presentarse vestido de faraón, sobre todo en una ciudad y en una jornada donde el sábado aún se confundía a esa jerarquizada figura egipcia con el saudita Gaith Pharaon, destinatario de muchas denuncias de Elisa Carrió sobre lavado de dinero. Casi una provocación hilarante para quienes ni por un minuto desean ser incluidos en las listas negras de la legisladora, esa nueva Savonarola. Pero a un conservador del Círculo de Armas, descendiente del general Tomás de Iriarte (aquel de las inolvidables «Memorias»), diputado nacional y escribano, hombre que hoy no teme defender a militares cuando esa misión parece socialmente suicida, no lo iban a arredrar con habladurías políticas sobre las connotaciones de su disfraz ni suspicacias sobre travestismo porque a las tres se presentaba envuelto de Ramsés en Costa Salguero, el vasto salón de fiestas que administra Marcos Malenchini.
Quien se casa bordeando los 70 años y lo celebra con gran fiesta y amigos como Alberto Allende Iriarte sabe que esta peripecia varias veces postergada es mucho más seria e importante que cualquier otra necedad mediática que inquiete a la temerosa burguesía local, muchos de cuyos miembros estaban presentes en su fiesta.

• Había, claro, gente de Acción por la República, partido al que el veterano novio pertenece por aplicación ortopédica (heredó como conservador asociado la banca de Guillermo Francos), de los solícitos Alfredo Castañón y José Luis Fernández Valoni a la apetecible Fernanda Ferrero, empeñosa y corajuda diputada, casi peronista en estilo y contrastando en general con la obediencia debida que caracteriza al cavallismo. No faltaban, de la propia extracción del novio, dirigentes como Juan Carlos Lynch, Carlos Martínez, Juan Aguirre Lanari y Raúl Leconte.

Tampoco peronistas: Ana Mosso, Daniel Scioli -mostrando inclinación ahora por el acero y la aviación al develar a su novia, una Zichy Thyssen-, Hugo Anzorreguy y el racinguista Daniel Castruccio (confiando en que la Justicia Penal-Económica no castigará con prisión a Guido Di Tella). Como también había gente de la no política, tipo Any Costaguta, prevaleció el clima festivo impuesto por el novio (un viudo) que regularizó situación con una anticuaria divorciada, Margarita Althube.

• Buen servicio en el lugar donde mensualmente funciona la peña de Menem, con un triple menú: malfatti, lomo con champignones y arroz con mariscos. Curiosa tanta comida en un novio afecto al caldito. Hubo baile nutrido -se evitó el vals, aun el tradicional de la boda-, multitud de chistes y las consabidas apreciaciones políticas según el cenáculo: Scioli hablando de la unidad justicialista en la Capital con la Mosso, alegando trato telefónico con Eduardo Duhalde, José Manuel de la Sota y otros gobernadores, y los de Cavallo explicando que «lo peor ya pasó» y que «en el exterior la visión de la Argentina es más positiva que la que tienen los propios argentinos».
Los conservadores, a su vez, extrañaban una ausencia, el colega diputado Gustavo Gutiérrez, ahora afiliado a la Carrió a pesar de que el informe lo firmó en disidencia (aunque se cuidó de expresarlo en la conferencia de prensa). Antes de entrar en los comentarios escuchados sobre la extenuante sesión denunciatoria del día anterior de esa legisladora, importa rescatar dos bromas que circulaban como el pan en las mesas. Una, casi autocrítica, de los propios cavallistas: se burlaban de que «nuestra nueva moneda, basada en el empalme del peso, el euro y el dólar, se sintetiza en el nombre PEDO. La pregunta consecuente: ¿cuánto dura esa sigla en una canasta de monedas?».
El otro chiste provenía de la perversidad peronista y aludía a Fernando de la Rúa, único testigo desde el balcón de la Rosada de un choque mortal de tránsito entre una tortuga y un caracol. Declaró el mandatario como testigo y, al hacerlo, no pudo precisar detalles ni responsabilidades del accidente: «Todo ocurrió con tanta rapidez», alegó.

• A la Carrió esa noche le zumbaron los oídos, al menos por lo que se comentaba en ese casamiento. Decían, por ejemplo, que se apresuró a presentar su informe sin la firma de otros diputados porque prefería que éstos se negaran a firmarlo porque no lo habían leído a que no lo suscribieran porque lo habían leído.

A lo «ya conocido», «inconsistente», «poco sustancial» o «improvisado», se agregaron otras apreciaciones críticas: como no pudo encontrar material suficiente en las carpetas de Raúl Moneta, apeló a buscar otros expedientes ya estacionados y ajados en la Justicia comoYacyretá -«ese monumento a la corrupción», ya señalado por Carlos Menem hace una década- o los bonos de Río Negro de hace 15 años.
Sólo faltaba, reconocían, en esa presunta enciclopedia de la corrupción, el negociado de las tierras de El Palomar o las coimas que cobraron algunos dirigentes del fútbol por la transferencia de jugadores famosos. Para muchos, lo más divertido de todo será el enfrentamiento ya entablado de la Carrió con su colega sureña Cristina Kirchner, quien por «no tener fe» en los papeles de la Carrió y negarse a firmar, ésta la consideró como «una traidora».
Un dato interesante aportado por gente cercana a los militares: la Carrió, en tiempos del Proceso, fue designada fiscal en Chaco (en tiempos del «Chaco Puede») por el interventor de entonces, el general Raúl Serrano, uno de los más íntimos y leales al general Jorge Rafael Videla. No era un cargo sencillo de conseguir, pero ella lo obtuvo gracias a la intimidad de su madre con el ministro de Gobierno de entonces. Nadie sabe por qué las madres de Plaza de Mayo, que rodearon a la Carrió en su última conferencia, han olvidado esta información.

• Se registró en las charlas también casi un torneo humorístico por las contradicciones automáticas de la Carrió en su narcisista presentación. A saber, entre otras: «No tengo miedo», pero exijo que «me pongan custodia porque me van a matar»; «Necesitamos el esfuerzo de todos los miembros de la comisión», y luego «¿para qué lo quiero a Scioli o a la Kirchner»; «Todo lo hago por ese hombre que admiro, a quien respeto y amo, Raúl Alfonsín», al tiempo que denunció varios ilícitos de su pasada administración y complicaba a sus principales asesores, de Federico Polak a Mario Brodersohn y José Luis Machinea; «Hace 72 horas que no duermo, ahora me voy a dormir», consintió yéndose a su casa, donde recibió más periodistas para luego cambiarse e ir a un programa de TV hasta la madrugada. Mujer de insomnio perpetuo.
Dos perlas más: se escandalizaban porque atrás de la Carrió siempre estuvo el ex vicegobernador bonaerense Rafael Romá, quien amparado en su rostro de ingenuo supermercadista estaba alegre porque ella no denunció ninguna malversación en su administración a pesar de que dejó la provincia endeudada en 1.600 millones de dólares y, en el castigado Banco Provincia, se advirtió -entre otras curiosidades- que le prestaron 100 millones de pesos a un empresario quebrado que decían no conocer y a quien el crédito le fue autorizado insólitamente por el jefe de una sucursal. Después hay quien se pregunta por qué algunos políticos no quieren privatizar.
La otra reflexión fue sobre Domingo Cavallo: también hace 6 años hizo una maratónica denuncia en el Congreso involucrando a cuanta persona se le ocurriera, y hoy le aportan la misma medicina con una metodología semejante acusándolo de «delincuente mafioso». Todo pasa y nada cambia.

• Si no había jóvenes en el casamiento por obvias razones, por las mismas causas tampoco se advertía clima juvenil en la Biblioteca Nacional, al inaugurarse una megaexposición sobreArturo Frondizi («1429 días de desarrollo en democracia»). Aunque sería vital y sano para el país que los jóvenes visitaran casi por obligación esa muestra, una forma quizá de entender lo que no entienden hoy de la vida política argentina y, además, para suprimirse fantasmas de ignorancia a los que son tan adictos por obra y gracia de quienes los inventan con denuncias o conspiraciones.

Siempre es bienvenido un recuerdo de la gestión de Frondizi, más en momentos de incertidumbre. Para el homenaje, entonces, además de los oradores (Roberto Alemann, Landrú y Félix Luna) estaban Carlos Capottondo (Repsol-YPF), universitarios como Mario Alberto Marigliano, Francisco Delich, también Josefina Delgado y hasta un ex secretario de Frondizi, Héctor Blas González. Hubo bocaditos, gaseosas y vino, pero lo mejor fueron los testimonios de entonces que no deberían ser patrimonio de unos pocos amantes de la historia, hoy casi una raza en extinción merced a la vulgaridad uniforme de la Internet.

• Alemann, quien fue ministro de Frondizi, abrevió con toques precisos: por entonces el país era autista, replegado en sí mismo y los presidentes no viajaban al exterior. Frondizi cambió: fue a todas partes del mundo y le dio a la Argentina presencia. Hizo la apertura del petróleo, también la educación al sector privado. Soportó presiones, pero finalmente ganó.
Después hubo retrocesos -no mencionó que fue por los radicales-, pero hoy el país, 40 años más tarde, se autoabastece en petróleo, gas y electricidad. Frondizi fue el gestor de la economía moderna, un hombre de Estado más que un político. Lo acusaban de marxista y, también, de servidor yanqui. Una incongruencia de la época. Muy pocos advirtieron lo innovador y visionario que fue.

• Por su parte Landrú, el creador de «Tía Vicenta», recordó que el humor político en la Argentina había estado prohibido entre 1943 y 1955 y que Frondizi en 1957 le envió dos colaboraciones humorísticas a su semanario con el pseudónimo de Domingo Faustino Cangallo, que «hoy bien podría ser Domingo Faustino Perón». Después, ya presidente, la hija de Frondizi se quejó de que en «Tía Vicenta» la ofendían con «La razón de mi tía Elenita» y pidió una sanción. El padre le aconsejó: si querés hacer política, hay que aceptar los chistes, como yo. Entonces, la hija dejó la política.
Más tarde, «como un asesor de Frondizi -siguió Landrú- me reprochó que hacía al presidente con la nariz muy larga, lo empecé a dibujar siempre de espaldas. Al tiempo, lo encontré y él me reprochó ese cambio. Entonces, le expliqué lo del asesor y él me dijo: 'No le lleve el apunte. Dibújeme como quiera'». Para sellar los recuerdos y la descripción de autocrítica que tenía Frondizi, Landrú apeló al último recuerdo: «No era presidente, ya había enviudado y no hablaba bien tal vez por una mala medicación. Lo encontré a la salida de un restorán y le dije: '¿Cómo le va doctor Frondizi?'.Y él me respondió: 'Yo no soy el doctor Frondizi, soy el hijo del doctor Frondizi'.Y me guiñó un ojo». Como se advertirá, esta nostalgia y la megaexposición no son sólo para jóvenes, valen también para más de un funcionario.

A la elegancia tradicional del restorán «Piperno», ahora su nuevo dueño, Daniel Lalín -el mismo que no abandona Racing ni en sus empresas-, le incorporó detalles artísticos elevados: esculturas y cuadros modernos, algunos de nota, que le modificaron esos impropios paisajes que conservaba la administración anterior. También varió la comida y ya promete reincorporar al chef oriental que preparaba un exquisito sushi en «Cholila» una vez por semana.
Pero en esta ocasión hubo un plato especial preparado por dos cocineros especializados, invitados para la ocasión -Guillermo Kempin y Mimi Barchetta-, traídos desde Bariloche para ejercer su especialidad: el ossobuco. También la noche era especial, al menos para Graciela Grimberg, quien celebraba con ese plato su cumpleaños con unos 60 amigos, entre los que se contaban Hugo y Celia Sofovich, Alberto Piotti, el pintor Camilo Luccarini, Carlos Avila y Luis Nofal, de Torneos y Competencias y América TV, el fiscal Raúl Plée, el laboralista Julián De Diego, el cirujano plástico Luis Ripetta y hasta el empresario Tony Lazzaro.
Ecléctica concurrencia que no sólo se reservó para el ossobuco, ya que antes pasó por una entrada italiana de mozzarella y jamón crudo para cerrar con un do de pecho gastronómico: una completa farandolle de minúsculos postres (flan, tiramisú, torta de chocolate, etc.). Era una dulce forma para que el espléndido ossobuco no opacara las excelencias del restorán.

• Entre los invitados de variadas profesiones se escuchó de todo, desde la nueva vocación de De Diego por coleccionar arte hasta la especialidad y versación de Ripetta sobre automóviles de todo tipo. Casi dio una clase sobre la nueva moda del blindaje de autos y de los tres tipos de protección -según los precios- que brindan ante atentados con pistola, ametralladoras o bazookas (hasta precisó que está en venta el primer Mercedes-Benz blindado del país, que perteneció al titular de la compañía en tiempos de la guerrilla, a unos 40 mil dólares cuando el costo de la protección entonces superó los 300 mil dólares).

Interesó, sin embargo, mucho más lo que aportó sobre un argentino, ingeniero, llamado Horacio Pagani, quien a los 45 años es hoy uno de los diseñadores más cotizados del mundo y salvó a la Lamborghini del desastre con un vehículo de su invención. Relató la carrera de este hombre notable quien, al principio, cuando se instaló en el norte de Italia, vivía con su familia en una carpa levantada dentro de la propia fábrica. Historias de argentinos, de esos que -como dice Umberto Eco- siempre están en alguna parte del mundo, y casi siempre triunfan. Aunque les cueste en su país.

• Las mujeres, a su vez, se enredaron en una discusión sobre la última propuesta de Elisa Carrió: la del incremento por obligación del cupo femenino en la política, un hombre, una mujer, en las listas; no dos hombres, una mujer, como ahora. ¿Y por qué no una mujer, un hombre?, empezaron a reclamar, insaciables, ante el horror democrático de los hombres que prefirieron por fin condenarse al tema del fútbol -donde, hasta ahora, casi no hay cupo femenino- y, en particular para los boquenses, debatir la confesión atribuida a Mauricio Macri de que ha perdido toda su inteligencia para descifrar el enigma de Juan Román Riquelme.
Según expresaba un conocedor, el titular de Boca ya desistió de atender a los directivos de Barcelona, quienes mantienen el interés por contratarlo y siguen llamando por teléfono y enviando emisarios, pero que tal vez por el origen humilde del jugador siempre revelan algún temor para no repetir el caso Maradona, que al club catalán le generó más de un problema. Riquelme, sin embargo, es otro tipo de jeroglífico, al menos para el pensamiento medio tanto de los dirigentes locales como de los extranjeros.
No ofrece flancos, no se droga, no toma alcohol ni le gustan las fiestas ni las salidas nocturnas, es apegado a su familia y al entrenamiento y, lo más complicado para los directivos, parece no interesarle el dinero. Macri confesó, según decían, que él está dispuesto a pagarle lo que Riquelme le pida -si es que pide algo-, ya que para la hinchada es Dios, para los jugadores del equipo es Dios y él, entonces, no puede pensar distinto. Aun así, parece no poder renovarle el contrato. Todo un intríngulis.

• El empresario Steve Forbes, dueño de la revista que lleva su apellido y que se hizo famosa en el pasado también por la funambulesca vida de su padre fundador -quien, entre otros detalles, se vestía de heavy metal y andaba en pesadas motos con rockeros más jóvenes-, pasó por Buenos Aires, almorzó con Fernando de la Rúa y conversó con Domingo Cavallo.Tanto periplo se justificaba en un número especial de su mensuario sobre la Argentina -prolijamente adornado con avisos locales que justificaron el suplemento-.

 
•Eduardo Eurnekian, atento a la importancia del visitante, lo agasajó de parado en el Jockey Club, entidad en la que ingresó hace poco. Canapés, sándwiches de lomo, champagne nacional y una importante variedad de invitados que eran recibidos por Jorge Pereyra de Olazábal (de Eurnekian) y Saúl Rothstein, los que introducían al besamanos de Forbes como si éste fuera un embajador de los Estados Unidos en el día de su independencia.
 
• Forbes sorprendió con la idea de la dolarización, casi copiada de Enrique Blasco Garma y otros economistas argentinos -por no mencionar a quien la difundió masivamente, Carlos Menem-, afirmando que «así bajarán las tasas, porque se elimina el factor de incertidumbre». No todos los presentes concordaban, caso Mariano Grondona, pero evitaron oponerse. Tampoco Forbes tocó el tema con Cavallo, a quien saludó mientras éste desplegaba un inglés perfecto en sintaxis, pero impresentable en pronunciación. Hay cosas que Harvard no presta, como tampoco Salamanca. Evitó el visitante también repetir lo que había comentado: fue un error haber lanzado una canasta de monedas cuando no estaba en claro lo que ocurría con la convertibilidad. «De hecho, fue una minidevaluación, ¿no es verdad?», preguntaba sin picardía.
 
• Estaban, casi como curiosidad, dos embajadores de Israel. El ya pasado y conocidoYitzhak Aviran -feliz de «disfrutar Buenos Aires y sin periodistas que me pregunten por la interna de la comunidad, los atentados o el conflicto de Medio Oriente»- y su inadvertido sucesor, Benjamin Oron. Dijo Aviran algo que sacude a los derechos humanos, pero que se torna comprensible en los estados en guerra. Afirmó que comparte la política de eliminación selectiva de terroristas, ya que «si uno sabe que alguien está armando una bomba para matar gente, ¿qué hace?». Para él, la respuesta es obvia.

Como signo de los tiempos, los radicales presentes se distanciaban según la interna. Por ejemplo, Jesús Rodríguez, apartado de Nicolás Gallo, el más amigo del anfitrión. El diputado prefería hablar de San Lorenzo con Cristiano Rattazzi, Eduardo Elsztain, Hugo Franco y Guillermo Francos, mientras Enrique Crotto se paseaba quejándose por el poco respaldo al agro, vieja cantinela que, en este caso, se suma a la inhibición municipal para que en la Rural se instalen cines y restoranes.
 
•Hubo dos privilegiados en la reunión: Amalia Lacroze y Juan Carlos Masjoan, los únicos dos que se sentaron. Como muchos no soportaron la inclemencia de estar parados por dos horas, se perdieron el postre. Forbes, no: para él, los avisos argentinos son canilla libre para su revista.
 
«Yo estoy bien, están peor los que me custodian». Pacho O'Donnell, cuando refiere esta frase de Carlos Menem, no sabe exactamente si el ex mandatario se refiere a la magra remuneración de los que lo cuidan o, políticamente, a quienes directa o indirectamente lo han enviado al cautiverio de Don Torcuato. O'Donnell es uno de los que más hoy sabe de Menem y, no sólo porque lo visita habitualmente temprano; en esos encuentros, graba las entrevistas, lo interroga, le arranca confesiones sobre su madre, la interna con Antonio Cafiero, su pasado en La Rioja, también opiniones menos sensibles sobre sus diez años de gestión como Presidente.
Se ha propuesto O'Donnell -ahora más literato que político- un libro casi monumental sobre Menem, histórico, mientras disfruta de otro que acaba de publicar, «El prójimo», al que lo celebra como un retazo de su vida (se trata de un texto con máximas aleccionadoras, casi como «el libro de las virtudes», un costado poco frecuentado de este psicoanalista). Hablar con este visitante de la sombría quinta de Armando Gostanian y recurrir a otras fuentes permite conocer un cuadro del estado de Menem.
Tiene una gran furia interna y está molesto con De la Rúa: «Ni siquiera levantó el teléfono para llamarme». Una excusa: «los teléfonos están pinchados.» Otra: «si se sabe que llamo, tal vez se piensa que deseo protegerlo.» Ninguna de las dos explicaciones parece satisfactoria, y no para Menem solamente.

• Así como los abogados le garantizaron que le flexibilizarían el régimen carcelario, parece que también le anunciaron que la Cámara habrá de eximirlo de la prisión. Antiguo preso, toma prudente distancia: «Ver para creer», dice. Le gusta escuchar que el peronismo se compromete a no acordar nada con el gobierno mientras él se mantenga en prisión y se preocupó para que su mujer, asediada por la gente más que él mismo, entregara juguetes a los niños ayer domingo.
Lo más novedoso de las últimas visitas ha sido la del ex diputado y funcionario José Luis Manzano. Activo en unificar el peronismo en el Congreso a través de su gestión -y negociando con sus reales amigos, Domingo Cavallo y Enrique Nosiglia- fue a plantearle la necesidad de que el PJ, en la próxima elección, trate de nacionalizar el comicio en lugar de provincializarlo. «Se va a ganar mucho más», alertó. También, para novedad de Menem, Manzano le mencionó el nombre de Milton Drucker, el segundo de la embajada norteamericana, un economista que ahora es el hombre fuerte de la casa y quien se encargó de robustecer a John Taylor hace una semana en la convicción de que el gobierno cumplirá al pie de la letra con su promesa del déficit cero.

• Vamos a terminar con un chiste de argentinos contado por un compatriota que trabaja para brasileños, en este caso, el CEO del Banco Itaú, Rodolfo Corbi. Un argentino entre los muchos que están tomando la misma determinación por estos días, decide emigrar a España.Y le cuenta a un amigo que a su exilio se llevará tres objetos de la Argentina:

- Lo primero, un mate, porque a ningún argentino pueden faltarle unos amargos. Lo segundo, un CD de Carlos Gardel, para escucharlo en los momentos en que añore la patria. Y lo tercero, una foto de Mario Firmenich.
Azorado, su amigo le pregunta:
- ¿Una foto de Firmenich? ¿Para qué?
- Para acordarme de que no tengo que volver...

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