El tango, en todas sus variantes, continúa siendo una de las mayores atracciones de la noche de Buenos Aires.
En estos días, por ejemplo, coinciden en la Ciudad espectáculos vanguardistas de la originalidad de «Fuerzabruta» (un show básicamente coreográfico, y sensorial, a cargo de un elenco que se compone por ex integrantes de De la Guarda) y los catalanes de La Fura del Baus, que hacen «Obit».
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Por supuesto, no todo es vanguardia o moda rétro: espectáculos de alto nivel, con elencos locales, tienen hoy su mayor exponente en la versión local de «Los productores», el éxito de Mel Brooks en Broadway que aquí interpretan Enrique Pinti y Guillermo Francella. Otro título, con la insuperable Nacha Guevara, recrea sobre escena un hit de Hollywood también llevado al teatro en Broadway y Londres, «El graduado».
Al estilo de un drama de estructura policial, pero ambientado en el ámbito de la vida empresarial, es imperdible la obra recientemente estrenada «El método Gonholm», con Gabriel Goity y Alejandra Flechner (en poco tiempo más se verá la versión cinematográfica que dirigió Marcelo Piñeyro). Lo mismo que, para otro tipo de gustos, «Ella en mi cabeza» que escribió y dirige Oscar Martínez, y en la que Julio Chávez hace un neurótico porteño bastante parecido a Woody Allen, aunque menos intelectual.
Ya un clásico de la escena de Buenos Aires, multipremiada en distintos festivales mundiales, se sigue representando «Venecia» de Jorge Accame en la calle Corrientes; un ex funcionario y psicoanalista, Pacho O'Donnell, volvió a uno de sus personajes más amados, Vincent Van Gogh, y propone una biografía teatral que interpreta Raúl Rizzo, y en La Boca (El Galpón de Catalinas) continúa en escena un éxito silencioso pero permanente, que deslumbra a quienes lo descubren: «El fulgor argentino», donde la historia de nuestro país es retratada a través de veladas bailables en clubes de barrio. Y los que se divierten con las revistas de humor político tienen como salida obligada «El fondo puede esperar», con Nito Artaza y Moria Casán.
TanguerIas
Finalmente, aquel turista que llega a Buenos Aires para encontrarse con su imaginaria ciudad tanguera (como quien viaja a Andalucía a vivir el paraíso de flamenco, o a Nueva Orleans a descubrir el legendario ambiente de jazz de hace casi un siglo), las principales tanguerías de la Ciudad harán lo posible para hacer realidad esa ilusión.
Buenos Aires tiene numerosos espacios donde también es posible cenar antes del show o disfrutarlo con algún trago. Los espectáculos suelen componerse de una sucesión de varios números artísticos, que incluyen grupos instrumentales, cantantes y parejas de bailarines.
Los más destacados son Señor Tango (Av. Vieytes 1655, Barracas) con espectáculos diarios; el reabierto Michelangelo (Balcarce 433, San Telmo), hermoso edificio del siglo XIX y de gran categoría, con cena y show de tango; el legendario El Viejo Almacén (Av. Independencia y Balcarce, San Telmo), la tanguería más tradicional de Buenos Aires; el tradicional Café Tortoni (Av. de Mayo 829, Centro), refugio de la intelectualidad y bohemia de la Ciudad a principios de siglo, y ahora con shows de tango y jazz.
También se cuentan la Esquina Carlos Gardel (Carlos Gardel 3200, Abasto), una de las tanguerías más recientes de Buenos Aires, ubicada en el tradicional barrio gardeliano; Porteña Mía (Chacabuco 917, San Telmo), casona de 1889 en el barrio de San Telmo; A Media Luz (Chile 316, San Telmo), con espectáculos de piano bar, tangos, baile y show; Bar Sur (Estados Unidos 299, San Telmo), clásico de la zona con shows de tango no «for export», tal como los definen sus responsables; Casablanca (Balcarce 668, San Telmo), donde también hay folklore; El Querandí (Perú 302, Montserrat), restorán tradicional de los años '30, declarado monumento histórico; La Veda (Florida 1- Subsuelo, Centro), una cena con show de tango; La Viruta Tango (Fray J. S. M. de Oro 1872, Palermo), uno de los lugares de moda entre los jóvenes seguidores de la música; Re-Fa-Si (Humberto Primo 1783, San Telmo), también para público más joven, y Volver (Corrientes 837), el espacio más indicado para quienes quieran sacarle «viruta al piso» por su pista de madera lustrada.
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