30 de diciembre 2005 - 00:00

''Se evidencia en el calzado quién uno es''

“En los shoppings hay muchos locales de diferentes marcas de calzado, detrás de las más consagradas estamos nosotros”, señala Alberto Ignacio Grimoldi.
“En los shoppings hay muchos locales de diferentes marcas de calzado, detrás de las más consagradas estamos nosotros”, señala Alberto Ignacio Grimoldi.
Escribe Máximo Soto
L a desaparición del famoso «calzado del medio punto» y la suela gomycuer. Cómo se pasó de los zapatos duraderos pero aburridos al auge de los informales y deportivos. Cómo una empresa se volvió joven a los 85 años, y hoy tiene 110. La luz que trajo el turismo internacional. El mal trato de los vendedores a los visitantes extranjeros. Turistas que se llevan productos de grandes marcas mundiales acaso sin saber que son de fabricación argentina. Caterpillar como el calzado que domina en toda la Patagonia, y sus pares se alquilan o se venden usados. Por qué Timberland decidió vestir a los guardaparques y empezó por los de los glaciares. Cómo Merrell tuvo en la Argentina su ropa antes que en el resto del mundo. Son algunos de los muchos temas que surgen charlando con Alberto Ignacio Grimoldi, tataranieto del fundador de la emblemática empresa argentina de calzado, y quinto Alberto en la dinastía de esa conducción que desde hace un tiempo está en manos de su padre, Alberto Luis Grimoldi, al que califica admirativamente como «el gran transformador, un economista que dio vuelta a la compañía en los '80, sacándola de la organización familiar y haciéndola profesional».
Alberto Grimoldi (h), el mayor de tres hermanos varones, se recibió de ingeniero industrial en la UCA, luego hizo un master (MBA) en administración en Harvard, tras pasar por Techint y Banco Privado, pasó a colaborar con su padre en la central que la empresa tiene en Castelar.
«Hacemos mas»
Hasta fines de los años '80 Grimoldi producía y vendía calzado con su marca, pero se estableció que estaba siendo considerada «de calidad pero antigua», entonces se decidió eliminar ese nombre de los productos, sacar los de «la marca del medio punto», y sustituirlos por otros internacionales. Se buscaron los que había captado el nuevo estilo, informal, deportivo, de buen diseño y fundamentalmente confortable. A partir de allí comenzó a manejar Timberland, Hush Puppies, Kickers, Merrell, Caterpillar, entre otras marcas, en la Argentina. Pero cuando llegó la crisis de 2001 «tuvimos que viajar un montón para que esas licencias nos dejaran producir en el país. Si no, la marca en la Argentina se moría, porque no íbamos a poder importar nada. Le demostramos que con nuestra trayectoria centenaria hacemos bien las cosas. Hush Puppies fue la primera en estar de acuerdo. Y en el invierno de 2002 empezamos la producción nacional. Cambiamos el nombre de algunos locales, tenemos 70, por los de esas marcas internacionales, que a los extranjeros le son familiares. El éxito de Timberland fue espectacular. El turismo reconoció la marca en un producto argentino, bien hecho y a precio razonable. Antes importábamos el 50 por ciento, hoy apenas el 10, 7 de Brasil y el resto de China, de fábricas que nos indica Timberland».
Turismo clave
Para Alberto I. Grimoldi, el turismo fue clave. «En Semana Santa de 2002 empezó con el regional. Vino de Uruguay, Chile, Brasil. A fines de ese año comenzó el internacional, y ahí vimos la luz porque si no, era un túnel, un pozo negro en que caímos todos. El turismo nos hizo respirar. Y eso que no se los trata bien. Pocos vendedores hablan inglés, pocos son cordiales. Y sin embargo siguen viniendo extranjeros y nos recomiendan porque lo pasan bien, porque les gusta, por la buena onda.»
Contar con Timberland llevó a que Grimoldi entrara en el sector ropa. «Aprendimos lo que es manejar indumentaria, los stocks, las medidas, los colores, tener vestidores, y empezamos a avanzar en ese sentido. En las casas de deporte nos decían que Merrell era un calzado muy bueno pero para ser una marca fuerte necesitaba indumentaria. Viajamos a Estados Unidos en 2002 y les pedimos que nos dieran la oportunidad de hacer la ropa. Ellos tenían planes para 2004, aún no largaron su propia línea y nosotros la tenemos desde 2002. Fuimos los primeros en el mundo, y ahora podemos poner locales de esa marca.»
Con Timberland siguen sumando experiencias. «Apoyamos carreras de aventura y estamos asociando la marca, dado que es muy ecológica, con los parques nacionales. Vamos a vestir a los guardaparques a partir de 2006. Empezamos con los de los glaciares. Pero hay otros parques nacionales reconocidos a nivel mundial: Cataratas, Talampaya, Ichigualasto, El Palmar», informa el empresario. Y tomando el caso de Cataratas, explica: «En el Norte tenemos que competir con mucho calzado que entra de Brasil de contrabando, pero en el Sur, de Bahía Blanca para abajo nuestra penetración es altísima porque tenemos productos buenos para ese clima, como los Merrell, Timberland y, fundamentalmente, Caterpillar, que he encontrado que se alquilan y se venden usados en tiendas de esquí, por su gran durabilidad».
Para Alberto I. Grimoldi, el argentino se ha abierto mucho respecto de su calzado. «Antes nadie se animaba a usar sandalias, hoy las tienen todos. Ahora hay un montón de botines de todos los colores, antes era el negro, el marrón y nada más. El confort llevó a andar con zapatillas o zapatos que tengan esa propiedad. El hombre argentino se fue animando un poco más. Pero sigue siendo marquero, porque las marcas le dan seguridad, le aseguran un nivel de calidad. Y eso importa a los argentinos porque saben que en el calzado se dice quién uno es.»

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