2 de marzo 2026 - 07:42

El nivel de crecimiento reabre interrogantes sobre el rumbo de la gestión de Yamandú Orsi

Si la economía avanza menos de lo proyectado en el segundo año de esta gestión, la recaudación caerá y las variables son ajuste del gasto público o aumento de impuestos y deuda.

Combustibles más caros del mundo, costos energéticos elevados, exportaciones sin dinamismo y competencia regional presionan a la baja el crecimiento proyectado por el gobierno para el 2026.

Combustibles más caros del mundo, costos energéticos elevados, exportaciones sin dinamismo y competencia regional presionan a la baja el crecimiento proyectado por el gobierno para el 2026.

Foto: Freepik

El gobierno proyectó en el Presupuesto un crecimiento de 2,2% para este año, pero las estimaciones privadas son más cautas y advierten que el dinamismo podría quedar sensiblemente por debajo, lo que reabre interrogantes sobre la trayectoria fiscal y la agenda de reformas, algo que se espera que el presidente Yamandú Orsi comience a despejar esta tarde en su discurso ante la Asamblea General.

En diálogo con Ámbito, el economista y gerente de Exante, Luciano Magnífico, señaló que el punto de partida no es particularmente sólido: "En materia de actividad económica venimos de una segunda mitad del año pasado de muy escaso dinamismo. En concreto, estimamos que la economía uruguaya habría acumulado un crecimiento de alrededor de 2% en el promedio de 2025, pero la mitad obedece exclusivamente al 'efecto arrastre' de la expansión del segundo semestre de 2024".

Según explicó Magnífico, el impulso propio fue débil. "En Exante venimos trabajando desde hace casi un año con una proyección de crecimiento del PIB del orden de 1,5% para el promedio de 2026, que supone que no se repetirán algunos efectos extraordinarios que impulsaron la dinámica del año pasado".

Una década de bajo crecimiento

Magnífico puso el foco más allá del corto plazo y dijo: "La economía uruguaya creció a una tasa de apenas 1% anual en la última década, en un marco de crecimiento prácticamente nulo de la productividad. Eso equivale a menos de la mitad del ritmo mundial y es incluso inferior al promedio de los países desarrollados".

Ante ese escenario, sostuvo que el desafío es estructural: "Uruguay necesita potenciar su crecimiento de largo plazo, lo que necesariamente está relacionado con aumentar la productividad y la inversión, dada la dinámica demográfica en la que está inmerso el país. Se deberá llevar adelante una agenda que contemple varias reformas".

En esa agenda el economista y docente universitario incluyó: "Mayor apertura de la economía, no solo a través de acuerdos comerciales, sino levantando restricciones que encarecen el comercio exterior, modernización del marco de relaciones laborales, cambios regulatorios que promuevan la competencia en sectores no transables, reforma educativa y combate a la pobreza y la marginalidad".

Si bien valoró señales del gobierno, advirtió que el tiempo apremia. "Observamos favorablemente la explicitación del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) de un objetivo de ‘desempapelamiento’ (reducción burocrática en el comercio exterior) y el énfasis en una mejor inserción internacional. Pero este año tiene que ser de avance sustantivo en esa dirección. El Uruguay 'estable y predecible' también es el Uruguay a 'media marcha'".

El riesgo fiscal si el crecimiento no llega

El problema no es solo el nivel de actividad, sino sus efectos fiscales. Magnífico recordó que la estrategia oficial de consolidación descansa en mayores ingresos que recibiría el Estado de recaudación. "La programación fiscal contemplaba una estrategia de ajuste basada en un aumento de los ingresos públicos y concentrada en los últimos tres años del período", explicó.

Esa proyección del gobierno incluye "los efectos de cambios tributarios aprobados el año pasado, mejoras en la eficiencia recaudatoria de la Dirección General Impositiva (DGI) y un crecimiento de 2,4% anual". Pero advirtió: "Una economía creciendo menos de lo previsto podría condicionar la capacidad recaudatoria del Estado y comprometer la trayectoria delineada de ajuste del déficit fiscal".

Fue aún más explícito: "Con la información disponible, no creemos que puedan verificarse crecimientos como los proyectados en el Presupuesto. Si la economía crece menos, es probable que los ingresos también crezcan por debajo de lo anticipado, lo que tensionaría enormemente el cumplimiento de las proyecciones fiscales". En ese escenario, planteó una incógnita central: "Será importante ver la vocación que tenga el gobierno de ajuste del gasto público, que no fue contemplado en el Presupuesto como una palanca de ajuste".

Competitividad e inversión en el centro

El economista e integrante del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Nicolás Vidal, coincide en que el desafío es elevar el potencial de crecimiento. "2025 fueron dos años en uno. Hubo un primer semestre que generó todo el crecimiento y después un estancamiento que se fue acentuando. Y 2026 arranca con esa misma dinámica", señaló.

"Ya no alcanza con la estabilidad política y macroeconómica. Eso fue un diferencial de Uruguay en la región, pero hoy no es suficiente, sobre todo, cuando miramos las reformas de crecimiento que se están dando en los países vecinos que, si bien son socios comerciales en términos de atracción de inversiones, también son competidores como el caso de Paraguay", aseguró Vidal y luego subrayó que para aspirar a duplicar el ritmo de expansión se requerirá de más inversión.

"La inversión proyectada en el 2026 ronda el 16% del PIB. En otros años estuvo en 17% o incluso por encima del 20%. Para crecer más, hay que aspirar a niveles cercanos al 20%..., pero no es lo que se espera", insistió.

Exportaciones sin dinamismo y rentabilidad en caída

El segundo factor que preocupa es el desempeño exportador. "El tema de que las condiciones externas van a estar neutras, lo que está empujando muy fuerte es la carne que se va a mantener en términos buenos durante el 2026, pero el resto de los bienes que exportamos no presentan gran auge ni dinamismo y tampoco se espera que vayan a hacerlo durante este año", señala Vidal.

"El principal problema que está teniendo el sector exportador es la baja rentabilidad exportadora, por eso hay que centrarse en las cosas que se pueden cambiar y las que no realmente", sentenció Vidal y luego sumó: "Lo que no podemos cambiar es la presión a la baja del dólar que es a nivel global y tampoco podemos cambiar cuestiones asociadas a los precios internacionales. Lo que sí podemos cambiar son las condiciones internas que inciden en la competitividad". En esa línea, sostuvo que mejorar costos energéticos, logística y señales regulatorias es clave para atraer capital. "Mayor rentabilidad genera activos más atractivos para invertir. Cuando la rentabilidad baja, eso pesa".

"Tenemos los combustibles más caros, no solo de la región, sino del mundo. Esto incide claramente en la rentabilidad exportadora y acá hay muchas cosas para hacer y señales para dar", indicó Vidal.

Un año bisagra

De cara a 2026, el mercado laboral aún muestra indicadores favorables, pero Magnífico alertó que "hay indicios de que se está agotando la fase de recuperación cíclica del empleo" y que en los últimos meses se observaron deterioros en el margen.

La meta oficial exige acelerar la economía en un contexto externo neutro y con baja productividad estructural. Si ese impulso no llega, el desafío no será solo económico, sino político: decidir si el ajuste fiscal se posterga, se financia con más impuestos o se apoya finalmente en el gasto. A un año de gestión, el gobierno enfrenta su primera gran prueba macroeconómica.

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