ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

23 de mayo 2013 - 08:40

Diez años de gestión económica de la familia Kirchner

ver más
Claudio M. Loser
Por Claudio M. Loser, especial para ámbito.com.-

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El sistema de gobierno de Argentina es republicano, representativo y federal. No existen casas reales, aunque algunos quisieran. No existen gobiernos de castas, aunque algunos grupos, y particularmente los militares argentinos y sus allegados creyeron tener ese derecho y llevaron a la Argentina por un sendero de crueldad del que el país no ha podido recuperarse.

Tampoco hay títulos gubernamentales hereditarios, y desde hace treinta años todos los presidentes argentinos han sido elegidos en un marco democrático, aunque a veces no ideal. La Presidencia de Néstor Kirchner, que comenzara hace diez años, y luego la de su esposa Cristina Fernandez han ocurrido en ese contexto, pero con características de poder compartido, por lo menos hasta el fallecimiento de Néstor.

El acceso al poder tuvo lugar dentro de las normas de la ley, como la mayoría de los gobiernos de la región. El control familiar del poder, un hecho que había existido dentro del Justicialismo desde sus inicios, pero que no es exclusivo de la Argentina (véase Corea del Norte, Kazakstán, India, y Siria entre otros) puede ser cuestionable pero ciertamente no ha ocurrido ilegalmente.

Pero, dada la unidad de poder de los Kirchner, debe realizarse una evaluación de todo el periodo de gobierno hasta ahora.
Los Kirchner recibieron un país aún no recuperado de la peor crisis financiera de las últimas tres generaciones, pero que en medida importante había sido rescatado del colapso por las acciones del gobierno legítimo que los precedió. Ayudó en ese momento una política financiera moderada, una profunda devaluación de la moneda, con inflación medianamente alta pero controlada, y el legado de diez años de modernización, aunque controversial e incompleto.

La Argentina de hoy, comparada con hace diez años, ha crecido fuertemente. Aun ajustando por las distorsiones resultantes del uso de índices de precios universalmente reconocidos como incorrectos, el PBI de Argentina ha crecido casi 65 porciento de 2003 a 2013, y un poco menos de 40 por ciento desde 2005, el año en que se superó la recesión. Ello es un logro extraordinario para la Argentina. La pregunta es si es un logro de los Kirchner. Para evaluarlo se pueden analizar tres aspectos: como se creció, como fue la gestión macroeconómica, y como fueron las relaciones financieras internacionales.

La crisis del 2001-02 fue en parte consecuencia de un sistema cambiario y fiscal que ya no resistía, y un deterioro de términos de intercambio (los precios de las exportaciones respecto de las importaciones) que alcanzaron niveles muy bajos. La recuperación fue consecuencia de una infraestructura económica que se había modernizado en los 1990s, y de un sostenido crecimiento en esos términos de intercambio hasta alcanzar niveles record en 2011. Tal como los mide prudentemente CEPAL, mejoraron en 30 por ciento en 10 años. Sin entrar en detalles técnicos, quizás una cuarta parte del crecimiento del PIB desde 2002 es explicada por esos altos precios. El crecimiento generado internamente fue menos del 4% anual, cifra respetable pero no inusual.

La política macroeconómica se benefició desde 2002 a 2005 por una bonanza impositiva y fiscal, gracias a la devaluación, más el efecto de precios internacionales. Desde entonces hasta 2012 la posición fiscal primaria (sin incluir interés) se deterioró en 5 por ciento del PIB aun con crecimiento. Ello sin tener en cuenta el ahorro de caja que el gobierno argentino tuvo cuando, después de un dramático default, arbitrariamente confiscó una gran parte de la deuda externa, y los fondos de pensión, y está en serios atrasos con el Club de Paris.

El deterioro fiscal, se sumó a una política monetaria fuertemente expansiva, con una inflación que estuvo entre 25 y 30 porciento, de acuerdo a fuentes no oficiales. Se han perdido reservas en forma sostenida y el sistema cambiario y comercial es tortuosamente restrictivo, con un tipo de cambio blue para el dólar que se cotiza al doble que en el mercado oficial. Puede predecirse que todo empeorará aún más al estancarse o caer los precios de las exportaciones, un evento inevitable.

A esto debe sumarse la abrumadora situación en las relaciones financieras externas. Las estimaciones indican que las salidas de capital a todo nivel han sido de 50 a 60 mil millones de dólares en los últimos 7 años; ha caído precipitosamente la inversión extranjera; y el FMI, representando los votos de la mayoría de los países miembros, ha aprobado una moción de censura por la información equivoca por parte del gobierno. Debido a su gestión unilateral y arbitraria respecto de la deuda externa, Argentina no tiene acceso a los mercados internacionales de capital- con algunas excepciones no transparentes y costosas (léase Venezuela y Chevron). La falta de respeto a los principios internacionales de derecho, en relación a los holdouts en la deuda externa, llevará casi con seguridad a otra crisis de deuda.

Los Kirchner no han gobernado con violencia física oficial, pero han reprimido por coerción económica a sus opositores. El salario real, prácticamente no ha variado últimamente aunque se ha recuperado de los niveles catastróficos de 2001-02. Las cifras de pobreza y distribución de ingreso reales son peores de lo que anuncia el gobierno. La pregunta es quien se ha quedado con los beneficios del crecimiento y del gasto de gobierno, y si podrá seguir creciendo el país como resultado directo de las acciones políticas y de política del gobierno. De la respuesta a estas preguntas que se sugiere aquí debe concluirse, con tristeza, que el balance de los diez años de los Kirchners ha sido fuertemente negativo.

Últimas noticias

Otras noticias