20 de febrero 2023 - 00:00

Alemania lucha por reconfigurar su modelo a un año del inicio de la guerra

El canciller Olaf Scholz asegura que el país ya no es dependiente del gas ruso, pero la migración energética plantea interrogantes para la industria local. Los analistas consideran que Berlín demoró en brindarle su apoyo pleno a Ucrania.

HOSTILIDAD. Un residente ucraniano es retratado en su casa en la ciudad de primera línea de Vuhledar, que fue dañada por un ataque militar ruso.
HOSTILIDAD. Un residente ucraniano es retratado en su casa en la ciudad de primera línea de Vuhledar, que fue dañada por un ataque militar ruso.

Berlín - El jefe de gobierno alemán Olaf Scholz tardó solo unos días en proclamar, hace un año, un cambio estratégico de Alemania tras la invasión rusa de Ucrania, pero este giro sigue siendo difícil de aplicar.

Una declaración del canciller en la Conferencia de Seguridad de Múnich que se celebró el fin de semana da una idea del alcance del cambio. Al entregar armas a Ucrania, “asumimos la responsabilidad que un país del tamaño, la situación y el poder económico de Alemania debe asumir en tiempos como estos”, dijo Scholz a otros líderes occidentales.

Marcada por los horrores cometidos durante el nazismo, Alemania mantuvo durante mucho tiempo una doctrina pacifista. Seducido por el sueño de una armonía germano-rusa tras la Guerra Fría y la reunificación, el país dejó que se desmoronaran sus capacidades militares y se contentó con ser la mayor economía de Europa, sin asumir responsabilidades por la seguridad mundial. “Creíamos que sólo podía haber seguridad con Rusia, no contra ella. Fue un error”, dijo Rolf Nikel, vicepresidente del grupo de reflexión DGAP de Berlín.

Todas estas certezas se derrumbaron con la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022. Tres días después, Scholz anunció “una nueva era” y desbloqueó un fondo de 100.000 millones de euros (poco más de 100.000 millones de dólares) para modernizar el ejército. Alemania prometió también destinar cada año más del 2% de su Producto Bruto Interno (PBI) a su defensa. También se vio trastocado el modelo energético alemán, crucial para su economía. Antes de la guerra, la industria del país se abastecía en un 55% de gas y en un 35% de petróleo procedentes de Rusia.

El gas ruso, a buen precio, permitía atravesar un periodo de transición mientras se desarrollaban las energías renovables, después de que Alemania decidiera abandonar progresivamente la energía nuclear tras la catástrofe de Fukushima en 2011. “Creímos que era una doble dependencia: sí, dependíamos del suministro de Rusia, pero asumíamos que Rusia también dependía de Alemania como vendedor. No teníamos un plan B”, resumió Nikel.

Para sustituir los gasoductos rusos, Alemania tuvo que prolongar durante unos meses el funcionamiento de sus centrales nucleares, reactivar temporalmente las centrales de carbón y abrir terminales para importar gas natural licuado (GNL).

Un año después del inicio de la ofensiva rusa, Alemania es “independiente del gas ruso”, aseguró Scholz. En realidad, Alemania no tuvo elección ya que Rusia redujo gradualmente las entregas a través de los gasoductos Nord Stream. Y en septiembre, una explosión de origen desconocido cortó definitivamente el flujo. Sin gas ruso, Alemania compra ahora GNL a precios mucho más elevados, lo que podría debilitar la competitividad de algunos sectores industriales. El giro estratégico y militar también se está llevando a cabo con dificultades.

La fuerte impresión causada por el discurso de Scholz el 27 de febrero “se ha relativizado con el paso de los meses” porque “Alemania tardó demasiado en empezar a apoyar realmente a Ucrania, incluyendo con material militar y armamento”, declaró Marie-Agnès Strack-Zimmermann, miembro del partido liberal FDP, integrante de la coalición gubernamental.

Scholz ha sido criticado por su lentitud, incluso en la entrega de artillería y tanques de combate. El jefe del gobierno alemán debe tener en cuenta las reticencias de una parte de la sociedad, como lo muestra el “manifiesto por la paz” lanzado por Sahra Wagenknecht, figura de la extrema izquierda, y la feminista Alice Schwarzer, que reivindica 500.000 firmas.

Agencia AFP

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