1 de abril 2004 - 00:00

Rosario: las dos caras de Lifschitz

No menos importantes fueron los anuncios de más de u$s 500 millones para este año de inversión privada, y tener en carpeta otros tantos para anunciar. Hasta el momento la iniciativa la llevaba el socialista Lifschitz respecto de ejes de campaña del propio gobernador: con la propuesta de plebiscitar la autonomía rosarina, además de ponerlo entre la espada y la pared sobre la cuestión electoral para derogar la ley de lemas. Mientras, el intendente se la pasó recorriendo Rosario y haciendo chapa y pintura a la ciudad. Veredas arregladas con cemento en vez de mosaicos durante el verano y a las apuradas, poda de árboles a destiempo, intrigas de palacio acerca de la organización del Congreso de la Lengua de noviembre, disputando con Obeid la paternalidad del evento, aunque vaya a pedir dinero por todos lados, inclusive al propio mandatario.
Está con la transversalidad junto a su antecesor y padre político
Hermes Binner, aunque reniegue de ella para su propio gabinete al hacer renunciar uno de los pocos extrapartidarios al frente del área de Producción, Eduardo Remolins, quien venía del sector privado y auspiciado por la Universidad Austral, porque su segunda, la socialista Diana Sandoz, pretende que el «partido» domine todas las áreas. Uno de los pocos que subsiste de otro partido en el gabinete es el radical Angel D’mbrosio, candidato a gobernador por la alianza socialista-radical.
Los problemas de fondo de la ciudad -como transporte, basura y los inconvenientes en el área de Registro e inspección- no se tocan ni se avanza. Parecería que para hacer política en Santa Fe es mejor ver los problemas ajenos que arreglar los propios, como pagar una encuesta acerca de cómo ven los rosarinos al gabinete de Obeid -con ministros jóvenes y desconocido aún- y hacerla publicar en diarios, mientras esconde la magnitud de opinión de su propio gabinete, a cuyos integrantes la ciudad los conoce muy bien.

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