El caos generalizado en el país, producto de la incoherencia y el desorden, de medidas contradictorias y sin rumbo, nos conmueve profundamente.-
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Sostuvimos desde hace mucho tiempo la necesidad imperiosa y urgente de cambios. La convocatoria efectuada por la Iglesia marginó a quienes representamos pequeños y medianos productores agropecuarios severamente afectados e inmersos en una crisis que arrastra a miles de familias rurales y provocan la desaparición de poblaciones, verdaderos baluartes y sostenedores del interior. Nos interesa concertar, pero respetando lo nacional y donde el sector financiero, claramente enriquecido con el sistema, cumpla la función complementaria de apoyo y desarrollo y deje de ser el centro y fin de la política económica.
Pregonamos un modelo fundado en la producción, abandonando definitivamente el camino de la especulación financiera y la clara subordinación a los conocidos grupos de concentración económica. Precisamos las medidas inmediatas y mediatas que hagan posible evitar la crisis social que hoy, inevitablemente, observamos. No puede sostenerse más el sistema de convertibilidad implementado por Cavallo durante la gestión menemista y continuado por el actual gobierno y del que debimos salir hace muchos años para impedir la distorsión de los precios relativos. Para ello exigimos la aplicación de una ingeniería financiera que permita desdolarizar la economía y la flotación del sistema cambiario, sin deteriorar la capacidad de compra en el mercado interno de los sectores más vulnerables.
Cambiar el concepto de deuda externa que tienen nuestros acreedores, permitiendo renegociar sus términos y conseguir un período suficiente de gracia para el pago de sus intereses. La producción será la única moneda posible de cumplimiento.-
Mantener una posición sin fundamento como pretenden nuestros gobernantes, sin medir las consecuencias nefastas y perjudiciales que producen en el aparato productivo nacional, aún desoyendo incluso las propias directivas de quienes imponen medidas desde afuera, son muestra clara de una clase dirigente que desestima al pueblo argentino.-
Los sectores responsables de este modelo son la base del caos. Olvidaron con indiferencia la necesidad de una redistribución equitativa de la riqueza y permitieron la existencia de un mercado interno devastado. Reclamamos el juzgamiento de quienes enajenaron el patrimonio del país y el esfuerzo de millones de argentinos. Anteriores y actuales que, con sus desquicios, con la corrupción, la ingobernabilidad y con total irresponsabilidad han vaciado el sector productivo poniendo en grave peligro a la Nación Argentina. El hecho democrático de su elección, que resaltamos y defendemos como único camino de organización, no resulta un privilegio sino un cargo público por el que debe responderse.
Frente a un resultado irreversible, a un accionar ceñido por la falta de decisiones, despreocupado e insensible a las necesidades básicas de un pueblo, requerimos la conformación de un gobierno de salvación nacional, capaz de restablecer la confianza del pueblo e investido de potestad y decisión política suficientes para cumplir con los objetivos de cambio que reclamamos.
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