24 de diciembre 2001 - 00:00

Apuntan a mejorar la calidad de los viñedos

La selección genética y sanitaria de clones de uva Malbec aplicada a la elaboración de vinos finos mejorará los índices de productividad y rentabilidad de los viñedos mendocinos según un estudio de la Estación Mendoza del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). «La selección genética y sanitaria de clones de Malbec» permitirá sustituir a las variedades extranjeras «disponibles actualmente, con mala adaptación a las condiciones agroecológicas de la región», señaló un informe publicado por la revista «IDIA XXI», del organismo oficial.

«La superficie cultivada con Malbec en el país es la más grande del mundo y actualmente alcanza unas 10 mil hectáreas»
, ubicadas mayoritariamente en la «primera zona del Río Mendoza» en las localidades de Valle de Uco y San Rafael de esa provincia, y en el Alto Valle del Río Negro, en la provincia homónima.

Informe

El estudio, desarrollado por el INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, señaló que en la Argentina «llegaron a existir más de 50 mil hectáreas de Malbec, introducida por el agrónomo francés Michel Aime Pouget», que logró «una notable adaptación en algunas regiones de la provincia donde se la conoce como uva francesa».

Sin embargo, en la pasada década del '60 comenzó «una etapa de masificación de la vitivinicultura» con predomonio de la cantidad sobre la calidad, «y el resurgimiento de las variedades criollas» que desplazan al Malbec.

La situación se revirtió a partir de los '90 cuando el «abrupto descenso en el consumo de vinos comunes y el aumento de los vinos finos produjo un resurgimiento de la implantación del Malbec en la provincia de Mendoza», con variedades provenientes de Francia.

Sin embargo «luego de haber sido cultivados en la provincia, los clones europeos no tuvieron el mismo comportamiento productivo y enológico» que el cepaje local, por lo que prácticamente ya fue descartada su aplicación.

Por tal motivo la experiencia, que ya lleva dos años de desarrollo y que necesitará, por lo menos, otro más para completarse, es lograr nuevas cepas y ponerlas a disposición de los productores para «sustituir a los clones extranjeros con mala adaptación a las condiciones agroecológicas de la región».

El estudio aclara que «el clon es la descendencia vegetativa de la planta elegida por su identidad indiscutible, sus caracteres fenotípicos y su estado sanitario», y que la «evaluación de los primeros clones locales dio resultados positivos».

También señala que teniendo en cuenta que «los potenciales productivos y tecnológicos» de las cepas «están estrechamente ligados al lugar donde se realiza la evaluación», la selección «debe tener un carácter regional».

Para el desarrollo de esta experiencia, que se cumple según el protocolo de la
Organización Internacional de Vitivinicultura (OIV), «se seleccionaron más de 130 clones que fueron sometidos a diversos análisis serológicos para detectar la posible presencia de enfermedades causadas por los virus que afectan a los plantíos locales», concluyó la información.

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