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La cuestión fue expuesta a «Télam» por Javier Rodríguez, coordinador de Cauqueva, quien junto con la aborigen aymara Delia Silvera, tuvo a su cargo la presentación del proyecto Programa Integrado de Cultivos Andinos en la parte final del concurso sobre Innovación Social desarrollado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la Fundación K.W. Kellogg.
En dicho concurso, la presentación de los jujeños alcanzó el segundo premio, detrás del proyecto de «Leche Agogó», expuesto por Veterimed, de Haití. El desarrollo del proyecto sobre variedades andinas partió de la crisis en que se vio envuelta la producción frutihortícola en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, que hundió en la mayor miseria a los campesinos de la zona los que, sin respuestas, en la zona de Maimara, apostaron a crear una nueva oferta, la de las producciones ancestrales, en particular las de las pequeñas papas de colores.
Agrupando a pequeñísimos propietarios, en su mayoría de entre media y tres hectáreas se fue generando una oferta que llegó al mercado argentino y luego comenzó a tener una lenta penetración en el mundo cuando realizaron la primera exportación a Italia, adonde se concretarán nuevos envíos y a los que se sumarán España, Alemania y Países Bajos.
De hecho, ya en estos últimos, se han desarrollado variedades de papa de diferentes colores, para atender a las nuevas perspectivas de demanda, pero ni por tamaño ni por gusto y calidad, se les parecen.
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