ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

9 de octubre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

ver más
Miguel Santiago Campos
  • ... que «no nos importa. Los precios se tienen que arreglar dentro de la cadena y, si no es rentable, ése no es nuestro problema». Palabras más, palabras menos, ésa parece haber sido la respuesta del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, durante la audiencia con un grupo de citricultores mesopotámicos, momento en el que los amenazó con ponerles precio máximo a las naranjas. La explosión del « negociador» oficial se debió a 10% de suba, en los precios minoristas, que registró la estratégica fruta durante setiembre, y de nada valieron las explicaciones de los productores sobre la brutal sequía y heladas que afectaron la producción de este año, ni que los productores siguen cobrando el mismo precio desde hace meses. Según Moreno, los precios los deben arreglar con la comercialización y la industria juguera, y sólo asegurarle al gobierno que los valores al público no tendrán movimientos alcistas. Algo similar le ocurrió al hombre con las manzanas, que aumentaron alrededor de 8%, y también por falta de oferta, aunque en este caso el déficit lo habría provocado el propio gobierno. Es que cuando les levantó los precios de referencia en forma extraordinaria, hace 6-7 meses atrás, provocando el «virtual» cierre de las exportaciones, los fruticultores optaron por mandar la fruta a industria (jugos), y ahora se siente el déficit. Si bien otros productos, como zapallos, zapallitos o morrones, tuvieron alzas de magnitud, el gobierno parece haber decidido « olvidarlos», y sólo concentrarse en los que forman parte de la «canasta familiar».

  • El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

    ***
  • ... que, sin embargo, algunos de ellos, como el pollo (+ 2,4) y el yogurt (+ 2,8), también registraron subas el mes pasado, con el agravante de que se trata de rubros que tienen «acuerdo» de precios. A pesar de esto, y de que en el caso de las carnes blancas cuentan con la ventaja relativa de que no tuvieron aumentos en los impuestos a la exportación, ni eliminación de los reintegros en las ventas al exterior (con lo cual cuentan con un tipo de cambio efectivo muy superior, por ejemplo, al de las carnes rojas), además del hecho de que uno de sus principales insumos, el maíz, lo compran «abaratado» por las retenciones de 20% que se le siguen aplicando al cereal; igualmente la industria procesadora se queja de que «los números no le cierran». Tal fue el tono de la conversación, entre empresarios de ambos tipos de carne, que se escuchó días atrás, en la Embajada de Alemania, durante la conmemoración del Día de la Unificación en aquel país. Allí, entre sándwiches de salchichas con cerveza, exquisiteces de pescado y otras yerbas, se escuchó también que países europeos como Alemania o Austria están importando más de 40% del pollo que consumen, mientras que en algunos asiáticos, como Japón, la importación asciende a 60%. Sin embargo, decía uno de los hombres de negocios, mientras Brasil ya está exportando unos 3 millones de toneladas de carne de pollo, acá (en la Argentina) apenas se está llegando a 100.000 toneladas anuales. Algo de esto, y el pedido de alguna «ayuda» especial, seguramente también le trasmitieron a la ministra Felisa Miceli que días atrás asistió a un establecimiento del rubro, donde destacó la agregación de valor de este producto. Lástima que para la leche, o la carne, no parecen considerar lo mismo en Economía.

  • ***

  • ... que en el ambiente de Economía también se siguen viviendo los «coletazos» del acto de la Federación Agraria en Rosario, la semana pasada, donde su titular, Eduardo Buzzi, fue particularmente crítico con la gestión oficial, y en particular con Miceli. En el entorno de la ministra quieren saber, por ejemplo, por qué el secretario de Agricultura, Miguel Santiago Campos, no defendió a su jefa de las críticas y, más aún, por qué estaba allí, en un acto gremial, más todavía cuando ya se sabía que uno de los temas en Rosario sería «la falta de políticas públicas para el campo». Por ahora parece que no hay respuestas. Mientras tanto, el dirigente federado, que hasta hace poco se mostraba extremadamente afín con el gobierno, tras algunos «traspiés» (puesto que no habría recibido ningún tipo de « compensación» por su postura), decidió saltar ahora a la vereda de enfrente y ya para esta semana organizó una media docena de movilizaciones de protesta (algunas con corte de ruta, estrategia que permite lograr efecto aunque haya poca gente). Pero, más allá de la adhesiones que logre, las protestas en el interior, aun de las regionales de la FAA, siguen su ritmo al que ahora deberá intentar sumarse Buzzi. De hecho, la resolución de las deudas pendientes con la banca oficial, el déficit de combustible, el mantenimiento del esquemaimpositivo, etc. siguieronen el epicentro de los reclamos. Los tamberos, por ejemplo, continuaron con el bloqueo a varias usinas, incluyendo una de la ex Nestlé en Córdoba, a la que, incluso, no pudo ingresar una comitiva de potenciales compradores japoneses, que debieron insistir dos días después, aunque entonces, ya «de la mano» de un juez que les allanó el paso. De más está decir la sorpresa y decisión de los nipones tras la situación. «No queremos fundirnos trabajando» fue, por su parte, el reclamo de productores cordobeses a su gobernador, José Manuel de la Sota, para que interceda frente al gobierno nacional por la caída de rentabilidad agropecuaria. En este sentido, los productores ganaderos más intensivos (feed lot) hicieron saber que, a pesar del comparativamente bajo precio de compra de la hacienda, ya están perdiendo entre $ 100 y $ 150 por cabeza, entre otras cosas, por la suba del maíz. Y, si además se tiene en cuenta la suba que registró el dólar, resulta que mientras compran los insumos dolarizados, venden el animal gordo a apenas 70-75 centavos de dólar el kilo (mientras en países vecinos se supera holgadamente el dólar por kilo vivo). Reclaman, por otra parte, por la prohibición oficial de usar anabólicos, lo que les permitirían acelerar los engordes con incrementos de peso de 10%-15%. Dicen que cada empresa debe tener la libertad de poder usarlos o no, y dado que hay mercados que rechazan la mercadería que los contenga ésa es, justamente, parte de las estrategias empresarias que están dispuestos a asumir sin que sea el Estado el que les diga lo que deben hacer.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias